—¡¿Mi cielo, que haces ahí tirada?! ¿Qué sucede? —Siendo la una de la mañana, y luego de percatarse de que su hija, aun no se hubiera acostado. Nora salió de la habitación, y se encontró a una mujer hecha añicos, que no paraba de llorar—. ¿Acaso, Ernesto tuvo algún contratiempo? —Una vez más, fui engañada, ¿Por qué mamá, porque se burlan de mí? —¿No comprendo, de que hablas? —Toma mi celular. Ahí te darás de cuenta, mi contraseña es; trece, quince —Ok —Ella, reviso el chat indicado por su hija, y al ver todas las pruebas. Una gran furia la recorrió—. Ya cariño, ese imbécil, no mereces tus lágrimas —¿Dime porque, porque jugo conmigo? ¿Qué le costaba ser sincero? —¡Maldito! Y lo que más rabia me da, es que me deje convencer por su ojos, ¿Cómo no lo vi? Pero no te preocupes, aquí esto

