Vi cómo los cinco hombres se pusieron de pie y asintieron a Wyatt y Reed. Salieron de la habitación sin decir una palabra. Reed los siguió y les mostró la puerta principal. Yo solo me quedé allí en silencio, sin saber qué decir o hacer. Casi me sentía adormecido por todo eso. Wyatt sacó la silla al lado mío y se sentó. Agarrando mi silla, la giró con fuerza, así que estaba mirándolo directamente. Acercó la silla a él. Esto hizo que mis rodillas tocaran su silla ya que tenía las piernas abiertas. —¡No permitiremos que te tengan! ¡Estás segura aquí y te protegeremos! —declaró Wyatt mientras ambas manos sostenían mi rostro. Reed entró y cerró la puerta de un portazo. Me giré para mirarlo cuando él golpeó un agujero en la pared. —Tenemos una semana para prepararnos. Necesitamos adelantarnos

