Mi boca se abrió de par en par. ¿Qué pensaba? ¿Pensaba que realmente me arrepentiría de aparearme con ella? Me enfadé instantáneamente. Sabía que mis ojos se volvieron negros y ella parecía sorprendida por mi reacción. Respiré profundo, tratando de calmarme en el restaurante antes de que la gente reaccionara a mi enfado o un humano viera algo. Cerré los ojos por un segundo y respiré hondo. Una vez que supe que mis ojos volvían a la normalidad, los abrí y alcancé al otro lado de la mesa, y agarré su mano. —Nunca me arrepentiré de aparearme contigo. ¡No te atrevas a pensar lo contrario! —dije firmemente. Dejé su mano y agarré mi propio panecillo. —Lo siento, solo... sé que es mucho... quería... —Ella intentaba encontrar las palabras correctas pero fallaba. —Disfrutemos de la cena, pero s

