Decididos a irnos, tenía que pasar por el ojo biónico de todos los trabajadores de aquella empresa en cuyo espacio me mantuve estos últimos doce meses, vi claramente el rostro de Aneth mirando como si viera a un fantasma. —Rosé, no te olvides de mí —dijo al pasar por su lado, no me detuve a mirarla, pero si lo hizo el señor Rocco, lo que me causara una ola de curiosidad. —¡Mujer, ¿todavía te atreves? —su voz sonaba disgustado, su aura era tan arrollador que se contuvo mi corazón de querer salir por mi boca. Lo miré con escrutinio. —Eh, e-ella es mi mejor amiga —dijo meciéndose de un lado a otro, esperando a que yo le respaldara. —Nunca fuiste una amiga para mi, señora Aneth, ¿porque ahora dices lo contrario? —reclamé con seguridad en mis palabras. —¡¿Eh?! ¿como puedes decir eso? Si es

