Me puse roja, mi rostro se había puesto caliente. Mis ojos se volvieron incandescentes. —¿Que pasa? —me pregunta con picardía en su voz. —Nada, solo hablas de tonterías. —dije, pero él me miraba fíjamente. —¿Tonterías? —repite mirándome con empeño. —Si, deja de faltarme el respeto —digo y es cuando me doy cuenta que hay clara separación entre mis palabras y mis deseos, porque quiero, quiero que siga haciendo lo que está haciendo, mirarme, llamar yo su atención, seducirme, elevar mi ego, liberar dopamina en mi cerebro. Se endereza y ocupa su lugar, ya no me dice mas, tan pronto siento que mi corazón va adquiriendo su estabilidad, el es un hombre muy dotado, una figura elegante, es dueño de una estatura envidiable, le veo fácilmente sus uno punto ochenta y tantos, sus largos brazos son

