En la Oficina - I

1484 Palabras
Grier caminó por la recepción del vestíbulo hacia el ascensor, fingiendo que no escuchaba a Hazel llamándola por su nombre. Cuando la mujer le agarró el brazo justo antes de que Grier llegara a su destino previsto, le lanzó a Hazel una mirada molesta. —¿Qué quieres? —preguntó Grier. —¡Necesitamos hablar! No respondiste a ninguna de mis llamadas. —arrojó Hazel. —Has estado acostándote con mi novio durante un mes. Creo que tengo todo el derecho de rechazar tus llamadas. —murmuró Grier. —¡Si tan solo me dejaras explicar! —exclamó Hazel. —No. La explicación es para tu beneficio. No para el mío. No me importa por qué lo hiciste. Solo me importa que lo hiciste. Preferiría que nunca nos volviéramos a ver. —murmuró Grier. —¡Hemos sido amigas durante diez años! —exclamó Hazel quejándose. —Lo cual no tuviste en cuenta cuando te revolcaste con Arlo en mi cama. —le recriminó Grier. —¿Puedes simplemente dejarme así de fácil? —preguntó Hazel de forma dramática. —Básicamente, sí. —arrojó Grier. —¡Grier! Es la temporada navideña. No vas a dejarme para siempre en las fiestas. —añadió Hazel asombrada. —Me da igual si hoy fuera el último día antes de que el mundo explotara. Hemos terminado. No tolero traiciones, Hazel. Tú mejor que nadie lo sabes. —le aclaró Grier. —¿Y qué hay de la Navidad? —preguntó Hazel. —¿Qué hay de ella? —contestó Grier. —Faltan solo dos semanas. —arrojó Hazel. —¿Y? —murmuró Grier de forma irónica. —Pero son las fiestas. Siempre paso las fiestas contigo en Coldreach. —le recordó Hazel. Grier miró a Hazel con sorpresa atónita ante su audacia y soltó una risa sorprendida. —¿Me estás tomando el pelo? No. Ya no estás invitada a la casa de mi familia para las fiestas. Llamé a mis padres ayer y les conté lo que pasó. —le informó Grier. El rostro de Hazel se puso rojo. —¡Les contaste! —se quejó Hazel. —Sí. Les conté. ¡Les conté todo! —añadió Grier. Hazel resopló incrédula. —¿Todo? —preguntó Hazel. —Incluso le conté a mi hermana cómo te escuché decirle al chico con el que he estado saliendo durante los últimos seis meses que se viniera dentro de ti. —se deleitó con la forma en que Hazel pasó de rojo a un color verde putrefacto. —, te dio un apodo. —¿Qué? —la mandíbula de Hazel se tensó furiosamente. —Su nuevo nombre para ti es Cubeta de Semen. —aportó Grier. —¿Qué? —añadió Hazel. —Lo dijo. Se quedó. A mi madre y a mi padre les pareció hilarante y adecuado para ti, dado lo que te escuché decirle a Arlo. —arrojó Grier. —¿Se lo contaste a tu papá? —los ojos de Hazel se llenaron de incredulidad. —, no… —Estaba muy molesta. Llamé a mi familia en busca de apoyo. Me apoyaron. —aclaró Greir. —¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste contarles todos los detalles escabrosos? Ya estaba avergonzada, pero esto lo hace aún peor. ¡Qué vergüenza, Grier! —añadió Hazel. —¿Perdón? —¿Por qué se lo contaste? Ellos son… —insistió Hazel. —Mi familia. Antes de que abras tu boca sucia, repugnante y traidora para reclamarlos, son mi familia, no la tuya. Los conoces por mí. Te trataron como si fueras parte de nuestra familia por mí. Cuando las cosas se ponen difíciles, mi familia siempre me respaldará a mí. No a ti. Incluso si estuviera equivocada aquí, lo cual definitivamente no estoy, sería a mí a quien respaldarían y no a ti, ¿y sabes por qué? —se acercó a su amiga, sin retroceder ante la emoción que estaba sintiendo, o la que Hazel estaba mostrando. —, son mi familia y tú no lo eres. —expresó Greir. —Siempre dijiste que tu familia era mi familia. —arrojó Hazel con decepción. —Hasta que me traicionaste. ¡Un mes! Estuviste acostándote con él durante un mes. Te sentaste en mi apartamento hace una semana felicitándome por pensar que podría estar enamorándome del chico con el que te estabas acostando. Ni siquiera puedo empezar a racionalizar en mi cabeza por qué harías tal cosa. —le acusó Greir. —¿Puedo explicar? —preguntó Hazel. —¿Qué hay que explicar? Te acostaste con el chico con el que estaba saliendo. No hay nada más que explicar. No necesito tus excusas. Son inútiles para mí. —Tú lo tienes todo. Solo quería ponerme en tu lugar por un poco. —Hazel susurró. —, quería ser tú y ver cómo era para ti. Solo quería ser como tú… —Eres tan estúpida. —Grier sacudió la cabeza furiosamente. —, eres increíble por ti misma. Pasas tanto tiempo tratando de ser algo que no eres que te pierdes de ser tu auténtico yo. Eres divertida y peculiar y tu personalidad suele ser efervescente. —arrojó Greir. —Conoces a la verdadera yo. —dijo Hazel. —Pensé que sí, pero nunca consideré que te acostarías con alguien que me interesaba. —Grier miró su teléfono. —, tengo cinco minutos para subir antes de que el Sr. Santos me despida por llegar tarde. Me voy ahora. Por favor, no me molestes más. Ya no somos amigas. —le aclaró Greir. Presionó el botón del ascensor especial programado con su huella digital para llevarla al último piso del edificio de la sede de Santos Confectionary y luego puso los ojos en blanco cuando Hazel se tiró al suelo. —No puedes dejarme así. ¿Cómo puedes abandonarme? No tengo a nadie más y me vas a dejar completamente sola, incluso en Navidad. Sé que no eres tan fría, Grier. Por favor. —estaba arrastrándose por el suelo agarrándose al tobillo de Grier, llorando de manera lastimera. —¡Por el amor de Dios, muestra algo de dignidad! —Grier le siseó. Sintió su piel erizarse de humillación mientras varias personas las miraban. —Es mi mejor amiga y acaba de desinvitarme a Navidad con su familia. No tengo familia. Mis padres murieron y era hija única. —Hazel lloró ante un hombre que estaba esperando que llegara otro ascensor. Cuando el hombre miró a Grier, ella se encogió de hombros despreocupadamente. —Se acostó con mi novio el fin de semana. ¿Querría tu familia a alguien así sirviendo la salsa para el asado? —arrojó Greir. Hazel se incorporó ante las palabras de Grier. —No puedes seguir diciéndole esto a la gente. —¿Por qué no? No estoy avergonzada. No hice nada malo. Tú y Arlo lo hicieron. Son tus errores, no los míos, y no voy a dejar que ninguno de los dos me haga sentir culpable por algo de lo que realmente no fui parte. — Puso las manos en las caderas y miró furiosamente hacia abajo a Hazel. —, si quiero poner un cartel en Times Square diciendo que Hazel es una mujer mentirosa y traicionera, puedo hacerlo. —arrojó Greir. —¡No puedes! —exigió Hazel. —Claro que puedo. Incluso tengo testigos. — Grier se inclinó tanto como pudo en su falda lápiz para deshacer las manos de Hazel de su pantorrilla. —, por cierto, envié el edredón y las fundas de almohada a tu dirección, ya que te gustó tanto que le rogabas que te hiciera llegar al orgasmo sobre ellas. Puedes llevarlas a limpiar en seco o puedes envolverte en las manchas de los pecados que tú y Arlo hicieron sobre ellas, pero ya no las quiero. —le acusó Grier. —¡Grier! —exclamó Hazel. Grier miró al curioso espectador. —Pagué casi doscientos dólares por el juego y ella y su amante lo profanaron. ¿Lo querrías en tu cama? —preguntó Grier. —No. —Él sacudió la cabeza. —, ¿Debería llamar a seguridad por ti? —Miró a Hazel con desdén. —, estás invadiendo propiedad privada. —Ella trabaja aquí. —¿De verdad? ¿Dónde? —preguntó él hombre de seguridad. —En la recepción. —dijo Grier. —Nunca la he notado. Se rió mientras Hazel chillaba indignada por el comentario. La otra mujer se incorporó con rectitud para defenderse y Grier aprovechó la oportunidad para evadir su agarre y meterse en el ascensor privado, observando cómo las puertas se cerraban sobre las manos de Hazel que intentaban apresurarse para atraparla de nuevo. —Me recuerda a la extraña criatura de la película de terror The Ring. —murmuró Greir para sí misma mientras el ascensor subía rápidamente al último piso.
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