En la oficina - II

1430 Palabras
Al entrar al espacio, notó que estaba inusualmente silencioso y frunció el ceño al ver la puerta cerrada de la oficina de su jefe. Debía haber programado una reunión temprano en la mañana que no estaba relacionada con el trabajo si ya estaba allí con la puerta cerrada. Normalmente, estaba abierta, y él le rezongaba para que se apresurara y entrara para que pudieran comenzar el día. Se dirigió a su escritorio, metió su bolso en el cajón inferior y luego encendió su computadora. Colgó su abrigo en el perchero detrás de su escritorio, deshizo su bufanda y la colgó también. Sin embargo, al estar allí, sosteniendo la bufanda, de repente recordó que fue un regalo de Hazel en Navidad hace unos años, respiró hondo y luego exhaló lentamente. —¿Te encuentras bien? La pregunta en voz baja casi la hizo pegar un brinco y dio un grito y se dio la vuelta. —¿Qué diablos? Me asustaste hasta la muerte. ¿De dónde vienes? —miró más allá de Nick y vio que la puerta de su oficina aún estaba cerrada. —Me retrasé esta mañana. Mi hermana llamó para informarme que está embarazada de nuevo y mis padres insistieron en una llamada grupal. Están varias horas adelantados pero, en su exuberancia, olvidaron la diferencia de zona horaria. —explicó Nick. —¿Tienes hermanas y padres? —la pregunta se le escapó a Grier de los labios antes de que pudiera detenerla. —Dos hermanas menores, dos cuñados, una sobrina y un sobrino y un nuevo bebé en camino. —explicó Nick. —¿Cómo es que no sé esto después de trabajar para ti tanto tiempo? —preguntó Grier. —Santos es un negocio familiar, Grier. Sabes que fue creado por mi familia. Hemos estado en el negocio por más de cien años. Cuando mis padres se jubilaron y regresaron a... —hizo una pausa. —, nuestro pueblo natal en Europa, mis hermanas se fueron con ellos. Yo manejo todo desde aquí, pero ellas se mantienen ocupadas allá. —Ajá. —Volviendo a mi pregunta, ¿estás bien? Parecías triste por un momento. —preguntó Nick. —Oh. No me di cuenta hasta que la estaba colgando. —agitó el extremo de la bufanda, —, Hazel me la compró hace unos años. —contestó Greir. Él apoyó su cadera contra el borde del escritorio. —Vas a extrañar su amistad. —murmuró Nick. —Estoy tan enojada con ella. No suelo ser una persona enojada. La vida es demasiado corta para el enojo, pero todo lo que quiero hacer es gritarle y desquitarme con ella. Quiero vengarme. Quiero castigarla por ser tan mala. —pateó el suelo. —, me acorraló abajo cuando estaba entrando. Dijo que todo lo que quería era fingir ser yo por un tiempo y vivir como yo vivo. —soltó una risa amarga, —, vaya montón de tonterías, ¿eh? —No lo sé. —Nick se encogió de hombros. —, puedo entender de dónde viene. Quiero decir, no lo de acostarse con tu novio en tu cama, pero lo de querer ser tú, eso sí lo entiendo. —arrojó Nick. —¿De verdad? —preguntó Greir. —Pues sí. Mírate. Siempre estás bien arreglada. Eres más fuerte que la mayoría. Trabajas muy duro y la confianza que irradias en tus tareas y la forma en que te mueves le dice a todos que no deben subestimarte. Eres mucho más bonita que ella, por eso me sorprende que Arlo, como sea que se llame, incluso quisiera meterse con ella cuando ya te tenía a ti. Eres todo lo que las imitadoras como ella sueñan ser. Ella está celosa de ti, de tu belleza y de tu éxito, y por eso intenta robártelo poco a poco. —aclaró Nick. Trató de mantener la boca cerrada mientras el jefe que una vez le gritó por salpicarlo con su paraguas mojado cuando él se cruzó en su camino mientras lo sacudía, le daba cumplido tras cumplido. Miró a su alrededor y luego hacia la cámara en la esquina de la habitación. —¿Gracias? —arrojó Greir. ¿La estaban engañando? —Ahora, mencionaste que te acorraló abajo. ¿Qué hizo? —preguntó Nick. —Quería hablar. Me negué y cuando se dio cuenta de que ya no estaba invitada a venir a casa conmigo para las fiestas, hizo un berrinche y se tiró al suelo. O… —hizo una pausa. —, podría ser porque le dije el nuevo apodo que mi hermana le puso. —añadió Greir. —¿El nuevo apodo de tu hermana? —preguntó Nick con interés. —Antes de que entraras al condominio, la escuché decirle a Arlo que um. —tragó saliva mientras sentía el calor subir a sus mejillas. —, bueno, básicamente que la llenara de um. —no podía decirlo frente a él. —Lo entiendo. —murmuró Nick. —Bueno, Twila creó un nuevo apodo para ella, y se lo compartí. Hazel está devastada al saber que mi familia sabe lo que hizo. —aclaró Greir. —Se lo merece. —dijo Nick y se encogió de hombros. —Parecía pensar que no debería habérselo dicho porque siempre la recibieron con los brazos abiertos. —arrojó Greir. —Entonces no debería haber traicionado a la persona que la presentó a ellos. —dijo Nick con un encogimiento de hombros. —, las personas son buenas y malas. Todos tenemos la capacidad de ser una u otra. Ella eligió ser mala y ahora le está saliendo el tiro por la culata. Le toca asumirlo. ¿Cuál es el apodo que tu hermana le puso? —preguntó Nick finalmente. —Cubeta de esperma. —susurró mordiéndose el labio inferior. Un largo momento pasó entre ellos mientras la palabra sucia flotaba en el aire. Por primera vez desde que empezó a trabajar para él, Nick Santos sonrió. Una sonrisa amplia y brillante con los dientes a la vista, dos grandes hoyuelos en las mejillas transformaron sus rasgos y ni siquiera la barba de invierno que siempre empezaba a dejarse crecer en octubre podía ocultarlos. —Tengo una idea horrible. —estaba emocionado mientras la agarraba de la mano y comenzaba a llevarla de vuelta al vestíbulo. —¿A dónde vamos? —preguntó Greir. —Producción y Desarrollo. —contestó Nick. Grier seguía apresurada detrás de su jefe, quien en los últimos cinco años que había trabajado para él nunca había mostrado ni siquiera una sonrisa parecida a la de la Mona Lisa y ahora estaba radiante. —¿Qué está pasando? —Mis padres me llamaron este fin de semana. De hecho, me llamaron unas diez veces durante el fin de semana, y puedo ignorar las llamadas de papá, pero nunca las de mamá porque no solo es la reina literal de nuestra familia, sino que es muy buena en eso de la manipulación emocional. Me estaban recordando todas las bromas y tonterías que solía hacer de niño. Era un poco difícil de manejar. —expresó Nick. Ella se echó hacia atrás sorprendida mientras se cerraban las puertas del ascensor, muy consciente de que él todavía no le había soltado la mano. —¿Está bien? —alargó la palabra 'bien'. —Un año en Navidad, que por cierto no es mi fiesta favorita porque es tan condenadamente ocupada y mis padres se olvidaban de que existíamos la mayor parte del tiempo. — continuó hablando como si esto fuera normal para ellos. —, preparé bastones de dulce con sabor a vómito y los metí en las medias de todos. De todos. —arrojó Nick. —¿Hacías bastones de dulce de niño? —preguntó Greir. —Cariño, estaba haciendo taffy cuando tenía la edad suficiente para agarrar cosas. —la arrastró por el pasillo en cuanto se abrieron las puertas y la llevó al laboratorio de investigación. Estaba vacío, la mayoría del personal no llegaba hasta las ocho y aún no eran las siete. —, papá mencionó la vez que uno de nuestros competidores hizo lo de los caramelos de basura y dijo que incluso eso no tenía nada que ver con mis bastones de dulce de vómito. Agarró una bata de laboratorio, se la puso y luego le lanzó una a ella. —¿Qué estamos haciendo? —preguntó Greir con preocupación. —Haciendo cubos de dulce de semen. En lugar de carbón este año, la Señorita Infiel Hazel recibirá cubos de semen. —expresó Nick.
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