—¿Perdón, qué? —Greir debió haberlo escuchado mal. Se metió el dedo en el oído, lo movió y luego inclinó la cabeza hacia un lado preguntándose si tal vez no se le había metido agua en el oído mientras se duchaba esta mañana. ¿Dijo que estaban haciendo cubetas de semen? Miró alrededor de la habitación nuevamente esperando que alguien saltara y gritara que la estaban engañando.
Lo siguió de cerca con asombro. No había manera, Nick, el Mezquino Santos, estaba sonriendo como un maniático frotándose las manos y caminando hacia las cocinas del laboratorio con la intención y propósito de hacer caramelos de semen. Estaba positivamente exuberante.
Se detuvo tan abruptamente que ella casi chocó con su espalda.
—Necesitamos las latas pequeñas. —dijo Nick.
—¿Qué latas pequeñas? —confundida no empezaba a describir cómo se sentía.
—Las que usamos para los caramelos de soda. Los caramelos efervescentes que ponemos en pequeñas latas de soda cuando estábamos probando los sabores alternativos, hicimos un montón aquí en las cocinas. — sostuvo sus dedos a unos centímetros de distancia. —, sé que tenemos algunas por aquí. —comenzó a hurgar en un gabinete y luego sacó una caja de cartón. —, sí. — aseveró y levantó el puño en el aire. Pequeños contenedores de plástico plateados aptos para alimentos sin etiquetas sonaron en la caja sobre el mostrador.
Se sentía en un universo alternativo. Tal vez todavía estaba durmiendo, y esto era un sueño. Él estaba silbando ahora mientras buscaba ingredientes. Se pellizcó el muslo. No. Grier estaba definitivamente, muy despierta. Se frotó el lugar que se había pellizcado y lo observó.
—No me he sentido inspirado así en mucho tiempo. —le guiñó un ojo. —, desde la vez que mi padre me castigó por agregar anís estrellado molido al recipiente de canela de mi madre. Todos sus hombrecitos de jengibre estaban un poco más especiados. —arrojó Nick sonriente.
—¿Tu madre tiene un recipiente de canela? —preguntó Grier.
—Se toma muy en serio sus hombrecitos de jengibre. Hizo más de dos mil hombrecitos de jengibre, y todos tenían sabor a regaliz. Estaba furiosa y lloró. —hizo una pausa en sus movimientos frenéticos. —, hombre, me dolió el trasero durante una semana por hacerla llorar. Me sentí mal porque es mi madre y no quería hacerla llorar. En el lado positivo, como me encanta el regaliz, me quedé con todas las galletas para mí. Fingí que eran horribles, pero mi madre podría hornear hasta la caca de un perro y saldría sabroso. Me comí esas cosas en menos de un mes. —dio un pequeño suspiro de satisfacción y luego volvió a buscar ingredientes en los armarios.
—¿Por qué pusiste anís estrellado en el jengibre de tu madre? —preguntó Grier.
—Supongo que quería que me notara y me prestara atención. Conseguí su atención, claro. La talla doce de zapato de papá en el trasero. —se congeló momentáneamente al considerar que sus palabras eran la verdad y luego alcanzó una olla gigante antes de suspirar. —¿alguna vez te sentiste excluido de niña? —preguntó Nick.
—Sí. Supongo que cuando nació mi prima Candy, pero no duró mucho. Por lo general, éramos el centro del mundo de todos en casa. —arrojó Grier.
—¿Tienes una prima llamada Candy? —interrumpió su historia con una mano en su antebrazo.
—Sí. Aunque no lo creas, su nombre es Candilicious, pero la llamamos Candy para abreviar. —expresó Grier.
—¿Por qué? —su boca estaba muy abierta mientras la miraba incrédulo.
—Mi papá dirige algunos negocios en nuestro pueblo natal, todos pasados de generación en generación. Nuestro apellido es Bush. Él dirige la granja de árboles de Navidad, y tiene un rancho, así que creciendo todos se burlaban de nosotros porque nuestro apellido era Bush y cultivamos árboles, que aparentemente son solo arbustos altos. —gruñó. —, mi mamá maneja la panadería que se llama Panadería Bush. También tienen un bed and breakfast al que está adjunta la panadería llamado Big Bush B&B. Se burlaban sin piedad de nuestro apellido, pero como es tan popular en el pueblo, mi tía, que es la hermana de mi papá, estaba inmensamente orgullosa de su nombre. Renunció a su apellido cuando se casó y decidió que quería que sus hijos tuvieran nombres destacados en la comunidad, ya que ya no eran Bushes.
—Le dio a su hija un nombre de stripper. Quiero decir, si fuera Candace, seguro, pero ¿Candilicious? —preguntó Nick con sorna.
—El apellido de mi tío es Sugarloaf. —arrojó Greir.
—Vete al diablo. Me estás tomando el pelo. ¿Candilicious Sugarloaf? —se mofó Nick.
—Su hermano mayor es Cain Sugarloaf. —confesó Greir.
—No. —dejó caer una cuchara de metal grande sobre el mostrador. —, no te creo.
Ella sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón y abrió sus r************* .
—Aquí tienes. Mi tía, mi tío y sus dos hijos frente a su restaurante en casa, en Coldreach.
Él tomó su teléfono y amplió la foto, mirando el letrero encima de la tienda.
—¿Qué es este lugar? ¿Sugar and Loaf? —preguntó Nick.
—Sí. Es un… —se rascó la parte de atrás del cuello. —, un restaurante que se especializa en pastel de carne.
—¿Pastel de carne? —preguntó Nick.
—Sí. Su pastel de carne característico es un pastel de carne agridulce con una salsa de piña y tomate. Ella quería algo que coincidiera con su nombre. —Grier sabía lo raro que era.
—¿Hacen un pastel de carne dulce? —preguntó Nick perplejo.
—No es de mi gusto, pero a mucha gente le encanta. —explicó Greir.
—¿Tienes un pastel de carne favorito? —él se reía mientras murmuraba sobre carnes dulces.
—Ella hace un pastel de carne de pavo que está relleno con un relleno de pan en el medio, y está cubierto con una rica salsa. Es sorprendentemente bueno. Mi tía no cocina mal, pero de todas las cosas para usar como reclamo, el pastel de carne me parece extraño. De todos modos, cuando estaban empezando el negocio, ella quería nombres que fueran con el Sugar de Sugar y el Loaf de Loaf y voilà. Mantuvo la tradición con Cain y Candy. —explicó Greir.
Greir estaba asombrada por su repentino buen humor. Seguía preguntándose si iba a despertar de este sueño y encontrarse dormida en su escritorio con él parado sobre ella escupiendo fuego y azufre.
—Sus hijos se llaman Candy Cane. —él echó la cabeza hacia atrás y se rió. —, a mi padre le encantaría. Es tan estúpido que es gracioso.
—Oye. —ella frunció el ceño.
—Lo siento. —ella podía ver por su sonrisa que no estaba ni remotamente arrepentido.
—¿Cuáles son los nombres de tus hermanas? —Grier cambió de tema.
—Son gemelas. Noelle y Star.
—Nick, Noelle y Star. ¿A tus padres les gusta la Navidad? —preguntó Greir.