Hogar, Dulce Hogar - I

1261 Palabras
Después de un viaje de noventa minutos desde el aeropuerto en Boulder, Grier se inclinaba hacia adelante sujetando el tablero del camión de su cuñado y sintiendo la emoción de volver a casa por primera vez en más de seis meses. Su cuñado, Curly, era lo más cercano a un verdadero hermano que podría haber tenido al crecer, ya que siempre había estado cerca con Twila. Se había sorprendido al verlo esperándola cuando pasó por seguridad. Usualmente, su papá o uno de sus abuelos paternos estarían allí esperando, pero según Curly, había un problema con una entrega que esperaban de la ciudad en preparación para las fiestas, y tanto su padre como Twila estaban tratando de resolverlo lo más pronto posible. Además, sus abuelos estaban en un crucero y aún no habían regresado, por ende, no irían por ella. Ella se alegró por eso. Habían tenido charlas triviales con Curly dándole actualizaciones sobre todos en el pueblo durante el viaje a casa. Sin embargo, ella podría haber predicho las actualizaciones de todos porque nada en Coldreach jamás cambiaba. El pueblo era una repetición de la historia solo con diferentes jugadores. Siempre había un embarazo adolescente controvertido, generalmente de una de las familias más populares. Siempre había una persona apreciada que se enfermaba, y el pueblo se unía, hace dos años fue su abuela. Siempre había un turista que pasaba de camino a la estación de esquí, o que venía del resort, que se enamoraba de uno de los locales, pero nunca se quedaba. A pesar de todo, se aferraba a cada pedacito de chisme como si Curly estuviera predicando el mejor sermón que jamás había escuchado. Pero ahora, estaba lista para estar en casa con sus padres, especialmente su mamá y su hermana, para sentir su apoyo después del infernal fin de semana que había soportado. —¿Estás lista? Tu mamá está ansiosa por verte, G. Estaba llorando el fin de semana después de enterarse de lo que te hizo la pequeña psicópata. —Realmente necesito un abrazo de mamá. —Grier admitió mientras veía a su madre mirando por la ventana de la sala de estar de la gran casa de campo. El camión se detuvo y Grier saltó del vehículo que apenas se había detenido y corrió hacia los brazos extendidos de su madre mientras subía corriendo los escalones del patio para encontrarse con su madre en la puerta principal. Su madre la mecía suavemente en sus brazos. —Oh, mi niña, lamento mucho que estés pasando por toda esta mierda tan cerca de Navidad. Mi pobre niña. Ahora estás en casa. Mamá te va a cuidar bien mientras estés aquí. Grier sintió las lágrimas acumulándose en sus ojos y luchó por no llorar ante las palabras reconfortantes de su madre. —¿Cómo pudo hacerme esto, mamá? —Porque es una gran imbécil. —las palabras de Twila flotaron a su alrededor mientras envolvía a ambas y a su madre en sus brazos. —, bienvenida a casa, Grier. Vamos a hacer una fogata más tarde y quemaremos toda la mierda que dejó aquí a lo largo de los años. —Ni siquiera estoy enojada por el chico, pero ella era mi amiga. —sollozó contra el hombro de su mamá. —Estúpida Cumbucket. —siseó Twila. Su madre la golpeó, dándole en el trasero y Twila saltó, lo que hizo que Grier se riera. —Mi jefe hizo un caramelo de baba comestible en el laboratorio de desarrollo de productos y lo puso en pequeños recipientes de plástico y les puso etiquetas que dicen c*m Bucket. Me envió un mensaje de texto esta mañana para decirme que le envió un paquete a su casa. —¡No! —Twila estaba asombrada e impresionada a la vez. —, ¿Por qué? —Ya te lo dije. Estaba devolviendo mi laptop que dejé en su coche. Regresamos un día antes y estaba tan emocionada de alejarme de su cara gruñona que agarré mi maleta pero no mi bolsa de la laptop. La notó en el suelo y la trajo. Estaba allí mientras confrontaba a Hazel y Arlo. —No explica que sea amable contigo. —su madre frunció el ceño mientras las hacía entrar en la casa. —Bueno, ayer por la mañana, Hazel llegó temprano al trabajo para intentar que hablara con ella, ya que la había bloqueado en mi teléfono, y me negué a dejarla subir al edificio del condominio. Me acorraló cerca del ascensor, y le dije que no estaba invitada a Navidad y su nuevo apodo. —ella sonrió a medias con los ojos enrojecidos a su hermana. —, se volvió loca y causó tal escena que la despidieron por ello. De todos modos, yo era la imagen de la profesionalidad, pero mi jefe me preguntó qué había pasado. Se lo conté y mencioné el nuevo apodo. Él, siendo el gran fabricante de dulces que es, decidió que necesitábamos darle una versión adulta de carbón en la media y le hizo un regalo en su honor. Las pequeñas etiquetas se imprimieron y se pusieron en las latas y todo. Parecen envases de dulces reales que conseguirías en una tienda de dulces, excepto que definitivamente no son aptos para menores. Twila estalló en carcajadas. —¿Cómo es que nunca nos dijiste que tiene este sentido del humor? —Porque no lo sabía. Siempre ha sido un bastardo malhumorado, pero ayer por la mañana estaba sonriendo de verdad. Quiero decir, una sonrisa de oreja a oreja. —se sentó en el sofá dando una amplia sonrisa de agradecimiento a Curly, quien pasó por su lado llevando ambas maletas y una bolsa de viaje al hombro. Él gruñó de vuelta hacia ella, y ella le dio un codazo a su hermana. —, puede que necesites hacer un sacrificio por el equipo. Me bajé de su camioneta sin siquiera ofrecerme a ayudar. —¿Estás bromeando? Persigo al pobre hombre por la casa. Se esconde de mí. —Twila observaba abiertamente la parte trasera de su esposo desaparecer por el pasillo hacia el dormitorio de la infancia de Grier. —, esa parte trasera es mía más tarde, Curly. Grier se rió cuando él retrocedió y lo movió, ganándose un silbido de su esposa antes de desaparecer de nuevo. —Una madre no necesita saber esas cosas. —su madre Phoebe hizo una mueca. —Oh, como si no te hubiéramos oído a ti y a papá. —replicó Twila. —O interrumpido cien veces. —añadió Grier. Su madre se encogió de hombros. —Es cierto. Tu papá es guapo. Así que volviendo al jefe gruñón. —agitó las manos. —, ¿de repente cambió de actitud? —No. Creo que fue un fallo en su programación. Para las diez de la mañana, ya había vuelto a ser un verdadero imbécil y, aunque sabía que volaba a las siete de esta mañana, me mantuvo trabajando hasta las nueve de la noche y ni siquiera se despidió cuando me bajé del coche. Al menos me alimenta cuando trabajamos hasta tarde, y quiero decir que la comida es buena. Creo que me quedo solo por la comida. Anoche fue una entrega de un restaurante de cinco estrellas y comí el mejor, quiero decir, el mejor plato de macarrones con queso y langosta de mi vida. Voy a echar de menos la comida elegante en las próximas semanas. —sabía que su familia la tendría cocinando la mayoría de sus comidas, aunque no le importaba.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR