—¿Grier, estás por aquí? —la voz de Nick resonó por la casa. Había estado en su cuarto asignado trabajando y gritando a alguien por teléfono. Había pasado casi una hora y media desde que regresaron a la casa y ya estaba lista para salir corriendo al frío invernal para evitar sus alaridos por el pasillo. Luego escuchó la llamada a la puerta y se debatió entre su miseria y lo que quería evitar del porche delantero. —Aquí afuera. —respondió y se inclinó desde la puerta principal para verlo venir desde el pasillo donde estaban las habitaciones de ella y su hermana. Él le sonreía como si la persona con la que había estado hablando por teléfono hace diez minutos no estuviera probablemente lamiéndose las heridas y soñando con llorar en una bañera con una botella de vino y un cubo de pollo frit

