—¿Ya están hablando de tener hijos? ¡Estoy increíblemente feliz por ti, Grier! No tienes idea. ¿Cuántos hijos quieres? —preguntó Candy con la cabeza apoyada en la palma de su mano sobre el mostrador. Hizo estallar un chicle con los dientes. —, ¿Cómo se conocieron? —preguntó Candy. —Él es mi jefe. Esto es nuevo. No, aún no estamos hablando de hijos. Él cree que es gracioso. No lo es. —arrojó Grier. —Soy increíblemente divertido. —se rió y le mordió el lóbulo de la oreja. Su dedo rozó el borde de la bandeja de asar cuando se sobresaltó por el mordisco juguetón. —¡Ay! ¡Maldita sea! —retiró el dedo. —Lo siento. —hizo una mueca mientras levantaba su dedo, lo examinaba y luego lo metía en su boca. Sus ojos casi se salieron de sus órbitas ante el movimiento, y pudo sentir su lengua enrol

