Lord Coventry llegó al lado de Genevieve, la alzó con suavidad del suelo y la recostó sobre su regazo. El cabello de la pelirroja quedó extendido sobre las piernas del conde. —Genevieve —la llamó varias veces desesperado. Genevieve lo miró con los ojos borrosos por las lágrimas. —No podemos —susurró—. No podemos —Sí, si podemos, no importa si los demás no quieren, solo se que te quiero a tí y tu me quieres a mí… Los demás no importan. —Quisiera que eso fuera así, pero si mi padre no acepta no podré ser feliz a su lado. —Serás feliz, yo te haré feliz —respondió mientras empezaba a llorar. No podía creer que aún teniendo su amor, cosas como su familia se oponían a la unión. —No lo creo, milord Thomas Weston prefirió no escuchar las palabras necias que decía Genevieve y la cargó

