Genevieve rodó los ojos ofendida y golpeó uno de los hombros del conde. —¡Es un bribón! —acusó sonrojada hasta los pies. —Pero, no puede negar que le gustó —volvió a molestarla —Es usted muy arrogante, lord Coventry —culpó avergonzada. Coventry se deleitó con el sonrojo de la muchacha, pues en su mente aquello significaba que el beso si le había gustado, y que no era fría como el hielo. —Madeimoselle, debemos irnos —avisó una vez el vendaje de ella estuvo listo —. Espéreme aquí, traeré el caballo Salió de la cabaña dejando a Genevieve dentro, y algunos minutos después regresó. —Vamos, te ayudaré a caminar Genevieve se levantó con la ayuda de Coventry apoyándose sobre sus hombros. Salieron de la casita abandonada. Luego, el conde montó a Genevieve sobre el animal de color canela

