Me encuentro poniendo los platos sobre la mesa en el jardín de la casa.
Es un bonito domingo soleado. Se oye la leve música proveniente de adentro, como así también se puede oler el aroma a comida hecha en casa. No existe mejor platillo para mi que el spaghetti de mi padre, en combinación con la salsa de mi madre.
Mi hermano mayor sale con copas en sus manos y las va colocando en la mesa.
- ¿Cómo están las cosas en tú trabajo? - le pregunto.
- Todo marcha bien, si sigue así conseguiré el ascenso que tanto quiero. - dice.
- Me alegro tanto por ti. - digo con una sonrisa. - Te lo mereces más que nadie, has trabajado duro.
Damiano se fue a vivir hace un par de años a Génova, es una ciudad que queda a una hora y media de aquí, por lo que lo vemos los fines de semana. Vera se fue al poco tiempo a Milán, consiguió un trabajo en una empresa de moda muy conocida, por lo que está cumpliendo su sueño, ya que a ella siempre le gusto la vida glamurosa y caótica de las ciudades grandes. Chiara, por otro lado, se caso y se fue a vivir con su esposo a La Toscana, ya que él es dueño de un viñedo. Por lo que los únicos que seguimos aquí somos Gianni y yo. Que para ser honesto, con el tiempo terminaré quedando yo solo aquí, ya que Gianni apenas tenga la oportunidad se ira. De todos modos, a pesar de que cada uno vive en una ciudad diferente, que quedan en tres puntos diferentes contarios, todos nos unimos aquí. Nuestra amada Cinque Terre.
- ¿Y tú que...? - comienza a decir, pero se detiene al ver que nuestra madre salé al jardín.
- ¿Qué? - dice está divertida. - ¿Acaso hablan de algo que su querida madre no puede oír?
- Si, sobre que te regalaremos para tú cumpleaños. - dice Damiano.
Ríe. - El único regalo que quiero es a mis cinco bebes todos juntos aquí. - dice.
- Mamaaá... - dice Gianni saliendo. - No seas cursi.
- Son mis bambini... - dice nuestra amorosa madre. Me mira. - Por cierto corazón, has contado mal, falta un plato.
- ¿Por qué? - pregunto extrañado.
- Nosotros cuatro, Rosella y Ciro. - dice.
- Ah si, es qué... - comienzo a decir, pero me detengo al oír que suena el timbre.
- Puede que sea él. - dice mi madre y se dirige a abrir.
- ¿¡No has dicho nada aún!? - me reprochan mis dos hermanos a dúo en un susurro.
- ¡Estaba buscando el momento! - digo. - De todos modos se darán cuenta ahora, ya que no va a venir.
- Era él. - dice mi madre con una sonrisa saliendo de vuelta al jardín con... Ciro.
- Decías. - dice Gianni despacio, tosiendo.
Esto tiene que ser una maldita broma.
- Vayan sentándose muchachos. - dice mamá. - Iré por su padre y Rosella.
Mis hermanos se sientan, yo también me siento y Ciro se acerca y se sienta a mi lado.
- Escucha... - me dice en un susurro.
- Ni una palabra. - susurro algo molesto. - No quiero tener está conversación ahora y menos en un almuerzo familiar.
Salen los tres de la dentro de la casa. Mi padre se sienta en la punta y mi madre en la otra. Yo estoy entre Ciro y Gianni, frente nuestro Damiano con Rosella, su novia.
- Me pasas el pan cielo. - dice mi hermano.
Rosella le extiende la panera.
- Cieeelooo me pasas uno. - dice Gianni burlón.
- Te lo tiraria en la cara, pero no lo hago por respeto a Nic, que el hizo el pan.
- Por mi hazlo. - digo.
- Bien. - dice Damiano y se lo lanza de frente al rostro del menor de la familia.
- Basta così, per favore... - los regaña papá.
- ¿Yo? - dice Gianni. - ¡Es Damiano! Tiene 32 y sigue haciendo cosas de bebe.
- Gianni. - dice firme mi madre.
El menor queda callado. Damiano le hace una cara burlona.
- Regañado por mami. - dice en un susurro.
- ¿Tus padres como están, Ciro? - pregunta mi padre.
- Andan bien, iré a verlos ahora después. - responde.
- Llévenles postre, se que aman mi panforte. - dice mi padre.
- Quien no. - dice Ciro con una sonrisa, mis padres ríen.
- El domingo que viene podríamos almorzar juntos. - dice mi madre.
Recibo dos leves patadas. Una por parte de Gianni y otra por Damiano. Los miro.
- Eso... eso seria genial. - dice Ciro.
Siento muchas ganas de matarlo. ¿¡Por qué diablos dice eso!?
- Hijo, estás muy callado, ¿sucede algo? - me pregunta mi padre.
- No, solo pensaba en algo del restaurante. - respondo.
No quiero arruinar el almuerzo.
- Pero, ¿esta todo bien? - pregunta mi madre.
Dios. Me irrita cuando son tan intensos.
- Si, si, está todo bien. - digo.
Mis padres se dedican una mirada.
- Acá le pregunta es, ¿Qué les sucede a ustedes? - dice Damiano.
- Hay algo de lo que necesitamos hablar. - dice mamá.
- Oh no, ¿que sucede? - digo.
- Estuvimos pensándolo a esto por un rato... - comienza a decir papá. - Queríamos esperar hasta cada uno de ustedes estuviera como bien establecido....
- ¿Me consideran bien establecido? - dice Gianni extrañado.
- Tú por el momento te vienes con nosotros. - dice papá.
- ¿¡A donde!? - decimos los tres a coro.
- Nos iremos a España. - dice mamá.
- ¿¡Qué!? - volvemos a decir a coro los tres, en shock.
- Saben que nos gusta conocer nuevos lugares, conocer su cultura y llevar también parte de la nuestra. - dice papá. - Nos iremos a Sevilla.
- Carajo... - decimos los tres.
- No entiendo, ustedes aman estar aquí. - dice Damiano.
- Por supuesto que amamos estar aquí, es nuestra tierra. - dice mamá. - Pero, queremos seguir conociendo lugares nuevos e instalándonos por un tiempo, al menos mientras podamos. Ya de viejos volveremos a nuestro amado hogar.
- ¿Y.. y.... y qué, venderán la casa? - dice Damiano.
- Claro que no. - dice papá.
Mamá me mira. - Habíamos pensado que tal vez tú y Ciro querían hacer de esté su hogar.
Carajo. Me cago en la...
- No quiero vivir aquí. - digo.
- ¿Qué? ¿Por qué no? - dice papá con sorpresa.
- Es que no...
- Puedes dejar de alquilar ese pequeño lugar donde vives. - dice papá. - En vez de pagar dos alquileres, pagarías uno.
- Seria algo así como profanar una tumba. - digo.
- ¡Niccolo! - dicen mis padres a dúo, molestos.
- ¡Es un decir! - digo también molesto.
- Está bien, eso dices ahora, tienen tiempo para pensarlo. - dice papá.
- Eh... - comienza a decir Ciro.
- No hables. - sentencio.
*****
Luego de almorzar y terminar con el postre, ambos nos dirigimos a la entrada y salimos. Ciro me mira.
- ¿¡Qué carajos fue todo esto!? - digo molesto, pero hablando en voz baja.
- Me cruce esta mañana temprano con tu madre en el mercado, me dijo "nos vemos en un rato, no te olvides que tenemos almuerzo", le dije que no podía, y me insistió con "haremos tú favorito". Por lo que deduje que no les habías dicho.
- ¿¡Y eso qué!? - digo. - No tenias por que diablos venir.
- ¿Puedes dejar de enojarte y gritarme por un segundo? Me gustaría que hablemos.
- Ah, que va, pensaba que estábamos bailando. - digo.
- ¿Con que necesidad me tratas así? - dice. - ¿Dónde quedo ese dulce chico que conocí asustado por que su gato se comió una lagartija?
- No soy quien conociste hace siete años atrás, ni siquiera con quien te pusiste de novio hace tres años.
- ¿Sabes que me duele? Que yo luche tres años por ti, para que me dirás la oportunidad, para demostrarte de que era digno de ti. Y tú sin embargo tuvimos esa discusión en la boda y luego de eso no me buscaste, ni me llamaste, ni siquiera un puto mensaje de "¿llegaste bien?".
- Tal vez el tema aquí es que yo no soy digno de ti, no al revés.
- Vine hoy aquí porque quería que nos demos otra oportunidad. - dice. - Aún lo quiero en realidad.
Quedo mirándolo con sorpresa.
- ¿Por qué diablos quieres estar conmigo? - digo confundido. - Te juro que no lo entiendo.
- Porque te amo. - dice como si fuera algo obvio.
- Sigo sin entenderlo.
- Lo entenderías si te dejaras amar. - dice serio.
- No quieras psicoanalizarme. - digo. - No soy una de las mascotas que atiendes.
- No trato de psicoanalizarte, sino de entenderte, porque te quiero, me preocupo por ti, porque quiero estar contigo. - dice, queda observándome el silencio. - Pero se ve que tu no sientes, ni quieres lo mismo. Es como si me dijiste que si para dejarme conforme y a cambio dejabas tranquilos a tus padres.
- Eso no es así...
- Claro que si. Ahora veo que en realidad nunca te importe. Te forzabas a ti mismo a quererme, pero no lo sentías.
- Y si tanto piensas que así fue, ¿por qué te quedaste?
Sus ojos se ponen llorosos. - Porque creí que lograría que te enamoraras de mi. - dice. - Pero se ve que a ti solo te interesan los hombres que en realidad no te quieren, te atrae lo imposible. Como ese chico, Gabe, que lo único que hiciste en todo el viaje fue mirarlo con esos ojos como si fueras una colegiala. Me sentí como un mal tercio. - suspira. - Te ame en todos tus momentos de locura, aprendí a como sobrellevarlo, a como hacer que todo sea mejor para ti, pero no te importo. Y duele, que sin importar lo que haga nunca voy a ser lo que el fue para ti.
- ¿¡Crees que es algo que yo puedo controlar!? - grito molesto. - ¿¡Crees que yo quiero estar así!? Siento como si me hubieran arrancado una parte mi. Cada vez queda menos de lo que solía ser.
- Yo te hubiera amado de todos modos.
- ¿Crees que eso significa algo para mi? ¿Tan indispensable te crees que eres? No te necesito a ti, ni a nadie, no nací contigo, ni tampoco moriré contigo.
- No se como esperas que alguien te ame, cuando claramente no te amas ni a ti mismo. - dice.
- Lo dice quien estuvo tres año con alguien a quien le daba igual. - digo.
Estrella su mano contra mi cara. Me mira con dolor. - Te mereces un puño, pero no voy a llegar a eso. No soy eso y tú no solías ser alguien cruel. - se da la media vuelta y se aleja.
Entro y voy hacia la sala, donde están todos.
- Nic, ¿por que no has ido a lo de tus suegros? - pregunta mi madre extrañada.
- Porque no son mis suegros mamá. - digo. - Ciro y yo terminamos.
- ¿Qué? - dicen mis padres a dúo con sorpresa.
- Si, el día que nos volvíamos a Italia. Ciro se vino antes y yo me vine luego por mi cuenta, no hablábamos desde entonces.
- Bueno corazón, pero tienen que arreglarlo. - dice mi madre. - Todo tiene solución, no pueden tirar por la borda estos tres años que estuvieron juntos.
- ¡No quiero arreglarlo mamá! - grito molesto.
- Te calmas, no le grites a tú madre. - dice papá.
- ¿Podrían escucharme? Porque parece que últimamente no lo hacen. No quiero volver con Ciro, no quiero vivir en está maldita casa.
- ¿Es otra vez por Gabriel? - dice mi padre serio.
- Te dijimos que no era buena idea que vayas. - dice mamá.
- Mamá, papá... - dice Damiano.
- Si, ¡es por Gabe! - digo molesto. - Porque lo que sentía por Ciro no le llegaba ni a los talones de lo que sentía por él.
- Tampoco te pongas así, tan solo nos hacia bien verte feliz con Ciro.
- O tan solo les "hacia bien" ver que conseguí una maldita niñera. - digo ya harto. - Pero no se preocupen que ya conseguiré otra, pueden irse tranquilos a España, no interferiré con sus planes. Es decir, ya les arruine la vida a todos demasiado. - agarro mi campera y salgo de mi casa.
- ¡Niccolo! - oigo que gritan mis padres enojados a mi espalda.
Pero yo sigo caminando.