Después de ducharme me visto, me sirvo café en mi taza grande, lo tomo y salgo de mi casa. Me subo a mi bicicleta y comienzo a andar por el pueblo. No hay muchos lugares por donde buscar.
Luego de dar vueltas por un rato, comienzo la vuelta hacia el restaurante, cuando lo veo sentado en una banca de la plaza. Lleva puesto sus lentes de sol, pero aún así es imposible no reconocerlo. Me bajo de mi bicicleta, la tomo del manubrio y camino acercando a él. Esta escribiendo en un pequeño cuaderno bajo el sol. Me detengo al llegar a su lado. Él sigue con su vista en su cuaderno, escribiendo.
- Buon giorno. - digo.
Él me mira. - Bonjour. - me responde.
- Eh... te estuve buscando.
- Pues aquí estoy.
Queda mirándome en silencio. Esto es incomodo. No puedo creer que voy a pensar esto, pero es mejor cuando irritable, a cuando es seco.
Termina con esto de una vez.
- Me di cuenta que ayer actúe como un idiota, es verdad, no te conozco, aún así me tome el atrevimiento de juzgarte y... y la verdad es que no soy así, no sé por qué actúe de esa forma. Culparía a la resaca, pero no fue eso, es decir, hoy también estoy con resaca, pero me estoy disculpando... o al menos eso estoy intentando. Perdona, es que no soy bueno con las palabras. - digo. - Ahora que lo pienso, tendría que haberlo pensado mejor. Aguarda, eh...
Comienza a reír. Lo miro con sorpresa.
¿¡De qué carajos se ríe!? ¡Me estoy disculpando!
- Ya, ya, no sigas. - dice riendo. - Entendí tú punto, esta bien.
- No había terminado. - digo serio.
- Oh, perdona, ¿querías seguir?, sigue. - dice divertido.
- No, ahora ya no. - digo.
- Eso creí. - dice. - No eres el mejor dando monólogos, te puedo dar unas clases si quieres. Aunque no lo creas me encanta darlos.
¿Por qué no me sorprende?
- Cuando tenga que dar una charla en un congreso te llamare. - digo. - Mientras tanto, me voy. - me doy la media vuelta y me voy alejando.
- ¡Oye! - me dice. - Si me quieres invitar una copa de vino como parte de tu disculpa, queda más significativo.
Giro mi cabeza para mirarlo. - ¡Son las nueve de la mañana!
- ¿Qué? ¿Acá no se toma vino a esa hora? - pregunta extrañado. Revoleo los ojos y sigo caminando. - ¡Pasaré a la noche entonces!
Después me quejo, pero yo mismo me busco los problemas.
******
El día pasó y llegó la noche.
A pesar de que el restaurante es pequeño se encuentran todas las mesas llenas. Hoy es una noche bastante movidita.
- Nic. - dice Gianni entrando a la cocina. - Me reclaman en la mesa 3 un Panini.
- ¿Acaso no eran cinco? - digo tomando el papel donde esta anotada la orden.
- Eso es un seis. - dice mi hermano.
- ¿¡Es que te has quedado sin tinta!? ¡Parece un cinco!
- ¿¡Y yo que culpa tengo que te hayas olvidado tus anteojos!?
- ¡Has mejor los números! - digo.
- ¡Y tú has el panini! - me dice.
Bea entra. - ¿Ya está listo el pollo a la parmigiana y el Tortellini?
Miro a los demás chicos de la cocina. - ¿Quien tiene esa orden? - digo.
- Yo. - responde Donan. - 5 minutos, Bea.
- Oigan no puedo abrir este vino. - dice Lorena entrando con una botella en su mano y un sacacorchos en la otra.
- Oh genial. - digo.
- ¿Es que nunca has abierto un vino? - dice Gianni.
- No. - responde está.
- Eres una vergüenza. - dice mi hermano.
- Una mesa se desocupo y la tomo ahora una familia de cinco. - dice Fabiano entrando.
Todos comienzan a hablar a la vez.
Estoy perdiendo los estribos.
- Suficiente. - digo firme. Quedan callados, mirándome con algo de sorpresa. Quedo pensativo. - Lore te quedas cargo de las cuentas y la caja, que Fabiano se encargue de los vinos, las copas y las bebidas. Bea lleva este Panini a la mesa 3. - le extiendo el plato. Miro a mi hermano. - Necesito que me hagas un favor....
Cinco minutos después...
Lo observo con algo de desconfianza. Él me mira con esa mirada vivaracha.
- ¿Creés que puedas atender mesas? - digo.
- Soy tú única opción al parecer.
- Esto es importante para mí, no lo arruines.
- No planeo hacerlo. - dice Pierre Wallace con esa maldita sonrisa.
Toma el delantal y el anotador con la lapicera y se dirige hacia una de las mesas donde los comensales recién llegaban.
- Buonanotte... - dice con ese encanto que lo caracteriza. - Benvenuto.
Supongo que no va a salir tan mal.
Me doy la vuelta y vuelvo a la cocina.
- Tutto in ordine... - digo y sigo cocinando.
- ¿Él plato de la mesa 9 está listo? - me pregunta mi hermano acercándose.
- Ya casi. - le respondo.
- También necesito para la mesa 6 tres porciones de tiramisú. - dice.
- Bien. - digo. Le dedico una mirada rápida, mientras termino de preparar el plato. - ¿Cómo lo hallaste?
- Fui al bar, como me dijiste. - dice. - Estaba lleno, pero seguí tus indicaciones y me acerque a él. ¿Cómo lo habías descripto? Ah si, un niño en el cuerpo de alguien de 24 años, con tatuajes, poco promiscuo y carismático.
- No dije carismático, dije presumido.
- Se lo que dijiste y lo que en verdad querías decir. - dice. - Admítelo, es encantador. Estaba en la taberna de Lou, cantando a coro abrazado a los trabajadores del puerto, que suelen ir a embriagarse a esa hora.
- Toma, lleva los platos, que ya te preparo los postres. - digo.
- Que mula. - dice agarrando los platos y saliendo de la cocina.
Las horas pasaron.
Luego de abrazarlos a los dos los miro. - Muchas gracias, no sé que hubiera hecho sin ustedes hoy. - digo.
- Ni lo menciones amigo. - dice Fabiano.
- Todo sea por comer un plato de pasta tuyo y tomar un buen vino. - dice Lore.
- No dudes en llamarnos si sigues teniendo noches como estás. - dice mi amigo. - Sabes que nos encanta estar acá.
- Grazie. - digo.
- Nos vemos. - dicen y se van caminando por las calles.
Entro. Quedan Bea y Pierre que están terminando de limpiar las mesas. Y Gianni, que se acerca a mi.
- Me voy. - dice.
- ¿Papá vino por ti? - pregunto.
- No me voy a casa de Emilio, están todos allí. - dice. - Me llevo un vino por cierto.
- Ve con cuidado y no hagas estupideces. - digo.
- Si papá. - dice y sale.
- Iré a sacar la basura. - dice Bea en un tono algo sospechoso y va hacia atrás, dejándonos solos a los dos.
- Gracias por venir tan rápido hoy. - digo. - Hubiera sido un caos de no ser por ti.
- No necesitas agradecerme por todo. - dice. - Ya te lo dije, la mejor forma de mostrarlo es con una copa de vino, más que diciendolo. Se ve que tú hermanito también lo ve así.
- Es un pequeño de 22 que se cree que tiene 30. - digo.
- O puede que no quieras ver que tú hermanito esta crecido. - dice divertido.
- Puede ser... - digo. Quedo callado, observandolo. - ¿Lo decías enserio?
Me mira. - Tendrás que ser un poco más especifico, porque no se si lo habrás notado, pero digo muchas cosas.
- A que quieres trabajar acá. - digo. Me mira en silencio unos segundos.
- Lo decia enserio, ¿por qué no lo seria?
Me encojo de hombros. - No lo sé... - digo. - Solo que me pareció extraño.
- Me viene bien tener un extra.
- Y a mi me viene bien también tener a alguien más. - digo. - Si sigues interesado, claro.
- Tendré que pensarlo. - dice. - Es que tuve muchas propuestas. - quedo observandolo, sonríe de costado. - Era un chiste.
- Ah, lo siento... - digo y rio apenas.
Se queda observándome en silencio unos segundos, pareciera como si me estuviera escaneando. Mueve apenas su cabeza, como volviendo a la realidad y sonríe con esa sonrisa socarrona.
- ¿Nos vemos mañana entonces? - dice.
- Si. - digo. - Lo llegues tarde, tengo poca tolerancia con la impuntualidad. Y de más está decir que tampoco ebrio.
Ríe. - Claro que no. - dice. - ¿Cierras?
- No, tú ve, yo me quedare un poco más. - digo.
Asiente. Toma su campera y se dirige hacia la puerta.
- Bonne nuit. - dice y sale, cerrando la puerta tras de si.
Bea vuelve.
- ¿A donde fuiste a dejar la basura? ¿A Roma? - digo.
- Con que le diste el trabajo. - dice con mirada picara.
- Si. - digo. - Tengo mis dudas, para ser honesto.
- Tú tienes dudas con respecto a todo. - dice. - Eres el ejemplo de lo que es inseguridad.
Suspiro. - No quiero tener esa charla ahora, fue un día largo y le acabo de dar un trabajo a Pierre Wallace. - digo. - Encima mañana almuerzo en casa de mis padres.
- ¿Como han tomado lo de Ciro?
- Aún no les dije.
- ¡Nic! - me regaña.
- Quería decírselos en persona, así me ven y ven que estoy bien, sino se preocupan de más y que no te quepa duda de que los voy a tener metidos todo el día acá. Me costo siete años conseguir independizarme de ellos.
- Uno no logra independizarse por completo de sus padres. - dice. - Sino mira los míos, siguen preocupados de que no superare a Camillo.
- ¿Y lo haras?
- ¡Claro que si! - dice. - Solo que el mercado está difícil, por lo que no tengo mi mente ocupada con otro m*****o. Encima esté pueblo es chico, lo que no ayuda mucho. De los jóvenes de nuestra edad, la mitad son parientes míos de alguna forma, el otro 50% restante de ellos la mitad son mujeres, lo que deja un porcentaje bajo de hombres disponibles. Sin mencionar los que ya tienen una relación, además de los que les falta algún caramelo en el frasco.
- Además de que eres exigente.
- Tienes razón, no tengo el cerebro en buen estado como para tener está conversación. - dice. - Vámonos, puede oír a mi cama llamarme desde mi casa.
Rio apenas.
*****
Hola!! Cómo andan?
Ya se que son apenas los primeros capítulos, pero espero que les este gustando. ¿Qué opinan hasta ahora?
Quiero hacer como una breve aclaración. Cuando empecé a escribir el epilogo de "Déjalos que hablen" tenia todo escrito, pero me faltaba una parte que no podía omitir, pero que no sabia que hacer... Y era la parte de Nic. Tenia en mente como sería el futuro de todo menos de este personaje. Creo que ese fue uno de los principales motivos por lo que quise hacer está historia. Nic se merece su propia historia, no se merece menos.
Como bien saben yo a veces planeo algo, pero sobre la marcha las cosas cambian. Por ende, no se como terminaré está historia. Así que esa parte en la que aparece Nic en el epílogo de "Dejalos que hablen" podría cambiar, o no. Ya que en su momento de escribirlo no tenia planeado escribir su historia. Pero bueno, las cosas cambian. Ya veremos.
Así que quería aclarar eso. Saludos!