Con Gianni volvimos a Italia y retomamos el trabajo. Yo estoy apoyado en la barra armando el pedido para el mercado, mientras mi hermano acomoda las mesas. Oigo la puerta abrirse, levantó la vista y la veo entrar. - Hola Bea. - digo. - Hola. - dice ella. - ¿Que fue todo eso? - Si no te molesta no quiero hablar del asunto. - digo. - Solo diré que Pierre se fue a vaya saber donde y no atiende a las llamadas. - ¿Pero él está bien? - pregunta. - No lo sé. - digo. - Y no me importa. - Claro que si te importa. - dice Gianni. - Puede que sí, pero dejará de hacerlo en algún momento. - digo. - Solo es tu lado herido hablando. - dice Bea. - No, no es mi lado herido, es mi lado harto de los imbéciles. - ¿Es un mal momento para decirte que puede que haya programado una cita doble

