Solemos usar con mucha frecuencia expresiones como "que mala suerte", "que mala suerte la mía", "que sal que llevo", "que salado que soy", "debí haber reenviado esa cadena qué me mando mi tía", etc.
No las queremos decir literalmente, es decir, nadie tiene tanta mala suerte.... ¡Patrañas!, a que debo haber nacido un viernes 13.
Así es. Me tocó sentarme junto al francesito. Nunca creí que oiría a una persona hablar durante tanto tiempo sobre si mismo. No llevaba una buena semana, como para que me toque encima sentarme junto a la reencarnación de Narciso.
A veces me pregunto que diablos abre hecho en mi otra vida. A menos que haya sido Hitler, no creo merecer un castigo como esté.
Pero bueno. Punto y aparte. Se acabó.
Ja. Ya quisieras...
******
- Si, llegue bien. - digo hablando por teléfono.
- ¿Qué tal tu vuelo? - me pregunta Damiano, mi hermano, al otro lado de la línea.
- Estoy tratando de borrar esas horas de mi vida, así que, si no te molesta siguiente pregunta.
- ¿Qué sucedió? - pregunta extrañado. - ¿Ciro ronco mucho?
- No volví con Ciro.
- ¿Qué, por qué? - me pregunta confundido. Quedo callado. - Nic.
Suspiro. Acá los rumores llegan rápido, no tiene ningún caso que se lo oculte.
- Terminamos.
- ¿¡Qué!? - exclama. - ¿¡Qué sucedió!? ¿No habrás vuelto con Gabe, no?
- Gabe se casó, con otro que no soy yo.
- ¿¡Qué!?
Suspiro. - Escucha. Aún tengo cosas que hacer y no puedo llegar tarde al restaurante, ya estuve ausente por demasiadas tiempo.
- Esta bien. - dice. - Pero exijo respuestas Niccolo, y no dejaré de llamarte hasta que me las des.
- Te las daré, solo dame unos días para asimilar todo. Aún no caigo.
- Es... - comienza a decir, pero ya se lo que viene.
- Si, si, estoy bien. - digo. - Tengo que colgar, tengo un gato hambriento que se está por convertir en pantera negra.
- Tú gato es diabólico. - dice. - No hay una parte de mi cuerpo que le haya quedado sin arañar.
- Oye, no culpes a mi gato de las cosas que te hace tu novia.
- Ja ja ja, muy chistoso. - dice. - Cuídate pequeñín.
- Tú también, nos vemos. - digo y corto.
*****
Estoy en cuclillas, acariciando a Chimuelo, mientras esté come de su tazón.
- Otra vez volvemos a ser tú y yo amiguito. - digo. Él ronronea. - Ya se que no te agradaba Ciro, pero no es objetivo de tú parte, considerando que tenia que ponerte tus vacunas. Que, por cierto, tiene que seguir haciéndolo, ya que es el único veterinario cerca. A menos que quieras viajar. - se queja mirándome. - Eso me imaginé.
¿Qué demonios? Ya perdiste la cabeza Nic. Teniendo una conversación con tú gato... Y ahora teniendo una conversación contigo mismo.
Suspiro. Me paro.
Sera mejor que me vaya a trabajar, al menos así tengo mi mente ocupada.
Salgo de mi casa, cierro la puerta con llave, me subo a mi bicicleta y comienzo a pedalear.
Voy andando por las calles de mi querido pueblo, donde nací y me crie. El cielo celeste está despejado y el sol está en alto. Al pasar por los distintos puestos y al lado de mis vecinos, me van saludando tan amables como siempre.
A los cinco minutos llego a destino. Me bajo de mi bicicleta y voy caminado llevándola hacia la parte trasera. La dejo apoyada en una de las paredes y entro por la puerta.
- Buon giorno, Niccolo! - me dice uno de los chicos que trabaja para mi.
- Buon giorno. - respondo.
A medida que me voy adentrando, todos me van saludando.
Me acerco a él. Noto que está leyendo un comic, sentado en una de las banquetas altas de la barra.
- ¿Así es como supervisas todo? - digo.
Levanta la vista y me ve, la vuelve a bajar a su comic. - Me has mentido, no me dejaste a cargo, sino a la dictadora.
- Eras el segundo a cargo.
- No quiero ser Robin, ¡quiero ser Batman!
- ¿En serio creíste que te dejaría a cargo de la baticueva? Ni te dejaría mi batibici.
- Auch. - dice en un tono ofendido, bastante fingido. - Eso dolió hermano.
- No importa que seas hermano del jefe, tienes que ganarte tú lugar como todos los demás.
Revolea los ojos. - Por ahí olvido que eres el más padre que papá.
- Te recuerdo que tú solicitud de aumento de sueldo está en revisión.
- Te voy a denunciar a la asociación de hermanos que explotan a sus hermanitos menores.
- Ve a trabajar, o me buscare a un Robin que hable menos.
Vuelve a revolear los ojos, cierra su comic y se va refuñando en silencio.
- ¿Qué le has hecho a tu hermanito? - dice Bea en tono de reproche.
- Te llamo dictadora. - digo.
- Esa pequeña lagartija. - dice.
- ¿Qué tal todo en mi ausencia?
- Todo excelente, como siempre. Estarías orgulloso de nosotros.
- Lo estoy.
- ¿Y a ti que tal te fue? - me pregunta.
- Eh... por donde empiezo.
- Uh, tengo miedo.
- Si, bueno...
- ¡Nic! - me llama uno de los chicos de la cocina. - Necesito ayuda.
- Lo hablamos al cierre, ¿si? - digo.
- Esta bien, el vino va a mi cuenta. - dice.
Rio y me dirijo hacia la cocina.
Y el día transcurrió rápido entre que alistamos todo para la noche, la llegada de los primeros clientes y luego el siguiente recambio de comensales. Los fines de semana siempre son los más movidos. Cinque Terre es una zona bastante turística de Italia, por lo que tenemos turistas todo el año.
Al llegar el horario del cierre, que se fue la última mesa. Acomodamos todo y dejamos todo listo para mañana empezar de nuevo. Quedamos solos Bea y yo. Cenamos algo que prepare, mientras tomábamos un vino tinto y le contaba los acontecimientos de estos últimos días.
- Cuanto lo siento Nicki. - dice. - Han sido unos días movidos para ti. Aunque para ser honesta pareces más triste por toda la situación de Gabe.
Suspiro con pesar.
- Soy una mierda. - digo.
- No digas eso, claro que no. - dice tratando de consolarme, poniendo su mano sobre la mía, que está sobre la mesa.
- Es que, ¿Cómo puede ser que me sea tan indiferente el asunto de Ciro? Estuvimos juntos tres años. - digo. - Es decir, no hice nada para que lo volviéramos a intentar. En... ¿en que momento me convertí en esto?. Pareciera que me da lo mismo como se sienten los demás.
- Eso no es así. - dice. - No conozco una persona más altruista y con sentimientos más nobles que los tuyos. - hace una pausa. - Escucha no puedes forzar los sentimientos. Si no querías darle una segunda oportunidad a lo tuyo con Ciro es porque no sentías que tenía que ser así. Hay veces que las relaciones se desgastan y los sentimientos cambian. Tal ves necesitabas este viaje y volver a verlo a Gabe para que recuerdes cómo se debe sentir el amor, como se siente estar enamorado. Tú y Ciro parecían una pareja de jubilados. No sentía esa complicidad, los chistes privados, el sexo desenfrenado, la pasión y la excitación. Ni siquiera en los primeros meses, que se supone que es la etapa "luna de miel".
- ¿Esa es tu definición de amor?
- Una de ellas, si. - dice. Quedamos en silencio. - ¿Que te preocupa realmente?
Bea es como Nate... Pueden leerme como a un libro abierto.
- Ciro sabía lo mío y lo aceptaba. - digo. - ¿Dónde encontré a alguien que acepte que soy defectuoso?
- No eres defectuoso. - dice algo molesta.
- En estos tiempos modernos el amor es más complicado.
- Claro que no, solo que antes de callaban más o se conformaban. - dice. - No te conformes Nic. No hay nada peor que conformarse, siempre hay que ir por más. Mereces a alguien que ame al hermoso ser humano que eres.
- No te pongas cursi.
- No estoy cursi, estoy ebria.
- Puede que lo mío sea la soledad. - digo. - Estoy destinado a la soltería.
- Ay no seas dramático. - dice molesta. - ¿El primero y ya te rindes? Dios mío...
- No es el primero.
- Gabe no cuenta, apenas fue un amor de adolescente.
- Para mi fue mucho más que eso.
- Ya se, ya se... - dice. - Vaya que te enamoraste duro de ese chico.
- Soy un idiota, ¿no?
- Sabes que no.
- Tengo miedo de que nunca lo pueda dejar ir. - digo. Mis ojos se ponen llorosos. - De que no importa con quien esté siempre los voy a estar comparando con él, deseando que sean él. - suspiro. - ¡Pasaron ocho años! - agrego molesto. - Y sigo enganchado como un maldito adicto.
- Creo que todas las personas tenemos a ese amor que no podemos superar. Ese amor que siempre será nuestra debilidad, porque muy en fondo de nuestro corazón queríamos con todas nuestras fuerzas que funcione. Pero por más que queramos algo, que lo deseemos con tanta intensidad, si no se da es porque no es para nosotros. Piensa que la vida te esta preparando para algo mejor para ti.
Sonrío apenas.
- Ese es consuelo de tontos.
- Puede ser, pero ayuda.
Bea y Camillo estuvieron "juntos" por cuatro años. Y es entre comillas porque tuvieron muchas ideas y venidas. Discusiones, diferencias, celos. Se había vuelto muy tóxica su relación. Ella pensó que debían tomarse un tiempo por separado para ordenar sus ideas, creyendo que con unos meses podrían arreglar todo y seguir juntos. Pero, las cosas no siempre salen como lo planeamos.
Camillo se había ido unos meses por un trabajo temporal a Milán. Por uno de sus compañeros de trabajo conoció a Isabella. Él quedo efectivo en su trabajo allí.
En un mes se casan.
******
Bea acaba de irse para su casa.
Estoy terminando de corroborar todo, para apagar las luces e irme.
Me doy la vuelta al oír que golpean levemente el vidrio de la puerta de entrada. No tengo puestos mis lentes por lo que no logro ver bien, pero distingo la figura de una persona.
- Esta cerrado señor. - digo en voz alta para que me oiga.
- Anda, me vendría bien una copa. - dice una voz masculina joven. Logro oír un acento.
- Lo siento, venga mañana. - digo.
- Anda, porfa, por un compañero fumador. - dice.
Y ahí distingo ese acento francés al hablar.
Pierre Wallace.
- Anda, anda, porfis.... No te das una idea cuanto lo necesito. - dice con suplica.
Suspiro. Me llevo las manos a la cara y me refriego los ojos.
Carajo por lo que estoy por hacer.
Voy hacia la puerta, le doy la vuelta a la llave y abro.
- Pasa, antes de que me arrepienta. - digo.
Entra. - Eres el salvador. - dice. - Prometo pagarte extra.
- Solo una copa, ¿entendido? - voy hacia detrás de la barra. Saco una copa y una botella abierta de vino de mi reserva. Le sirvo.
- ¿Acaso no hay carta? - dice sentándose del otro lado, en una de las banquetas altas.
- ¿Es que me viste cara de barman? - digo. - Agradece que te estoy dando una copa de vino, considerando la hora.
- Esta bien, supongo que vino será.
- Es esto o una patada en tú trasero hacia afuera.
- Suena interesante lo segundo. - dice. - Me gustan las patadas, las nalgadas o los azotes en el trasero.
- No estoy para tener está conversación contigo a estás horas.
- ¿Qué tanto con la hora? Son apenas las tres de la mañana, ¡la noche es joven!. - dice. - ¿Acaso aquí son todos unos ancianos pasas como tú?
- No estamos en Las Vegas.
- Ya quisiera que lo estuviéramos. - dice y da un sorbo a su copa. - Después de Ibiza, es mi lugar en el mundo.
- No he ido a ninguno de los dos.
- ¿¡No has ido a Ibiza!? - dice con sorpresa.
- No.
- Que va, tan solo está a un día de distancia. - dice. - Es mi destino favorito de verano. Playa, calor, sol, música, alcohol, noche, clubs, djs de electrónica.
- Me gusta la tranquilidad.
- Ya veo... - dice. - ¿Y qué haces para el verano?
- Suelo ir a la playa que está en el puerto.
- Recuérdame, ¿qué edad tienes, sesenta?
- Ja. - digo. - ¿Te terminaras tu copa de vino? Quiero irme a dormir.
- A no, ya lo recordé, ochenta tienes.
- ¿Por qué la gente como tú crítica a los que no siguen su estilo de vida?
- ¿La gente como yo? - dice extrañado. - ¿Qué vendría a ser "la gente como yo"?
- Ya sabes... los alocados.
Lanza una carcajada.
- Alocados. - dice riendo. - Que palabra. - sigue riendo. - Bien. - toma la copa y se termina de un trago lo que quedaba en ella. - Andando. - se para.
- ¿A dónde? - pregunto extrañado.
- Te dije que te daría un extra. - dice. - ¿Tú casa o vamos a mi hotel?
Abro los ojos ampliamente.
- ¿¡Es que me has visto cara de qué!? - digo molesto.
- No te tomes todo tan a pecho, solo te lo ofrecía por si tenías ganas de un revolcón.
- Pues no, te has equivocado. Y de quererlo, no lo haría contigo.
Ríe. - Si claro. - dice divertido.
- ¡Lo digo enserio!
- Como digas. - dice con esa sonrisa socarrona, guiñando un ojo.
- Vete, que tengo que cerrar.
- Te espero, ya veo que te sucede algo.
- No necesito que me cuides, cierro todas las noches. Ahora vete antes de que enserio pierda la paciencia.
Camina hacia la puerta. - ¿Te han dicho que hablas como un padre?
- Vete. - digo.
- Está bien, está bien. - dice saliendo mientras tiene una mano levantada, que la mueve levemente en señal de despedida.
Suspiro.
Es como un niño.