vii.

2255 Palabras
.:. CHAPTER SEVEN.:. ( ERIC ROSIER ) EL VIAJE A LA ESTACIÓN DE TRENES FUE ENTRE RISAS por parte de Hermione y Lyra. La ojigris se despidió de sus abuelos y  subio al tren junto con Hermione para encontrar a Harry y a Ron ya dentro de un compartimento. La espesa lluviasalpicaba en las ventanillas con tal fuerza que apenas distinguían nada del exterior. Ron abrió su baúl, sacó la túnica de gala de color rojo oscuro y tapó con ella la jaula de Pigwidgeon para amortiguar sus gorjeos. A través de la puerta entreabierta, oyeron una voz familiar que arrastraba las palabras. -... Mi padre pensó en enviarme a Durmstrang antes que a Hogwarts. Conoce al director. Bueno, ya saben lo que piensa de Dumbledore: a ése le gustan demasiado los sangre sucia... En cambio, en el Instituto Durmstrang no admiten a ese tipo de chusma. Pero a mi madre no le gustaba la idea de que yo fuera al colegio tan lejos. Mi padre dice que en Durmstrang tienen una actitud mucho más sensata que en Hogwarts con respecto a las Artes Oscuras. Los alumnos de Durmstrang las aprenden de verdad: no tienen únicamente esa porquería de defensa contra ellas que tenemos nosotros... Hermione se levantó, fue de puntillas hasta la puerta del compartimiento y la cerró para no dejar pasar la voz de Malfoy. -Así que piensa que Durmstrang le hubiera venido mejor, ¿no? -dijo irritada- Me gustaría que lo hubieran llevado allí. De esa forma no tendríamos que aguantarlo. -¿Durmstrang es otra escuela de magia? -preguntó Harry. -Si, una de tantas, mi abuela fue a Ilvermorny y suele amenazarme con mandarme alli cuando me meto en problemas -dijo Lyra para luego levantarse bajo la atenta mirada de Harry- Voy a buscar a Rolf. Cuando Lyra salio estuvo abriendo las puertas de los demás compartimentos sin el consentimiento de las personas que estaban adentro llevandose una mala mirada de varias personas. -¿A quien buscas, Ly? -preguntó una voz familiar. Rosier. -A ti seguro que no -dijo la rubia sonriendo mientras se daba vuelta para enfrentarlo.  Eric se quedo mirando a la rubia con una sonrisa de oreja a oreja. -¿Que? -¿Como haces para estar más linda cada año? -preguntó sin dejar de sonreir. -Viene de família ya, no creo que te pueda pasar el truco -dijo riendo- ¿Este curso vamos a seguir con las clases personales? -No creo, Ly. Este año son mis TIMOS. -Oh por Godric, el cuerso siguiente Hermione se va a volver loca y por ende... -Lyra guardo silencio cuando vio algo dorado entre las tunicas del morocho- ¡Prefecto! -chilló- Que riduculo. -¿Ridiculo? -preguntó Eric fingiendo estar ofendido- Yo creo que estas celosa porque soy prefecto y seguro tu no lo vas a ser. -Nisiquiera quiero ser prefecto, las reglas no van conmigo. -Ya lo se -dijo Rosier sonriendo y extendiendo su mano en dirección a la rubia- Estaba por comprar algo del carrito. ¿Queres algo? Lyra tomo su mano y sonrio. -No me vendrian mal unos pirulíes con sabor a sangre y unas píldoras ácidas. -Las píldoras me hicieron un agujero en la lengua cuando tenia 8 -comentó  Eric llevando a Lyra de mano mientras empujaba a las personas para que los dejaran pasar. -A mi también me hacen agujeros pero soy metamorfomaga. Rosier puso en blanco los ojos sin poder ocultar una sonrisa. ↺ EL GRAN COMEDOR, decorado para el banquete de comienzo de curso, tenía un aspecto tan espléndido como de costumbre, y el ambiente era mucho más cálido que en el vestíbulo. A la luz de cientos y cientos de velas que flotaban en el aire sobre las mesas, brillaban las copas y los platos de oro. Las cuatro largas mesas pertenecientes a las casas estaban abarrotadas de alumnos que charlaban. Al fondo del comedor, los profesores se hallaban sentados a lo largo de uno de los lados de la quinta mesa, de cara a sus alumnos. -¡Eh, Harry! Era Colin Creevey el chico al que Lyra queria tirarle piedras. -Hola, Colin -respondió Harry. -Harry, ¿a que no sabes qué? ¿A que no sabes qué, Harry? ¡Mi hermano empieza este año! ¡Mi hermano Dennis! -Eh... bien -dijo Harry. -¡Está muy nervioso! -explicó Colin- ¡Espero que le toque Gryffindor! Cruza los dedos, ¿eh, Harry? -Sí, vale -accedió Harry- Los hermanos generalmente van a la misma casa, ¿no? -No, mi padre y mi tio, terminaron en casas diferentes, muy diferentes -dijo Lyra pensando en Regulus y Sirius. -¿Dónde está el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras? -preguntó Hermione. -Ojalá que en el baño con diarrea -dijo la ojigris levantando los hombros- Si no es Remus no quiero a nadie. -¿Como esta él? -preguntó Harry acercándose más a Lyra. -Genial, bueno no tanto, no consigue trabajo y es un hombre lobo, pero lo otro todo en orden. Se abrieron las puertas del Gran Comedor y se hizo el silencio. La profesora McGonagall marchaba a la cabeza de una larga fila de alumnos de primero, a los que condujo hasta la parte superior del Gran Comedor. Lyra levanto la mano saludando a la profesora McGonagall llevandose algunas risas de parte de los alumnos de Gryffindor. Entonces la profesora McGonagall colocó un taburete de cuatro patas en el suelo ante los alumnos de primero y, encima de él, un sombrero extremadamente viejo, sucio y remendado, el sombrero comenzó a cantar. En el Gran Comedor resonaron los aplausos cuando terminó de cantar el Sombrero Seleccionador. -No es la misma canción de cuando nos seleccionó a nosotros -comentó Harry, aplaudiendo con los demás. Lyra puso los ojos en blanco. -¿Cuanto te pagan? -preguntó y Harry la miro sin entender- ¿Cuanto te pagan por ser estupido? Ron solto una risita y Harry los miro mal. El profesor Dumbledore se puso en pie cuando la selección finalizo. Sonreía a los alumnos, con los brazos abiertos en señal de bienvenida. -Tengo sólo dos palabras que deciles -dijo, y su profunda voz resonó en el Gran Comedor- ¡A comer! -¡Obedecemos! -dijeron Harry y Ron en voz alta, cuando por arte de magia las fuentes vacías de repente aparecieron llenas ante sus ojos. Nick Casi Decapitado observó con tristeza cómo Harry, Ron, Lyra y Hermione llenaban sus platos de comida. -¡Ah, «esdo esdá me’or»! -dijo Ron con la boca llena de puré de patata. -Asqueroso -dijo Lyra pateando a Ron por debajo de la mesa. -Tienen suerte de que haya banquete esta noche, ¿saben? -comentó Nick Casi Decapitado- Antes ha habido problemas en las cocinas. -¿«Po’ gué»? ¿«Gué ha sudedido»? -dijo Harry, con la boca llena con un buen pedazo de carne. -¿Se que tus padres estan muertos pero nadie te dijo que hablar con la boca llena es de mala educación? -preguntó Lyra pero fue ignorada. -Peeves, por supuesto -explicó Nick- Lo de siempre. Quería asistir al banquete. Bueno, eso está completamente fuera de cuestión, porque ya lo conocen: es un salvaje; no puede ver un plato de comida y resistir el impulso de tirárselo a alguien. -¿Qué hizo en las cocinas? -¡Oh, lo normal! Alborotó y rompió cosas. Tiró cazuelas y sartenes. Lo encontraron nadando en la sopa. A los elfos domésticos los sacó de sus casillas... ¡Paf! Hermione acababa de golpear su copa de oro. El zumo de calabaza se extendió rápidamente por el mantel, manchando de color naranja una amplia superficie de tela blanca, pero Hermione no se inmutó por ello. -¿Aquí hay elfos domésticos? -preguntó- ¿Aquí, en Hogwarts? -Claro que sí. Más que en ninguna otra morada de Gran Bretaña, según creo. Más de un centenar. -¡Si nunca he visto a ninguno! -objetó Hermione. -Bueno, apenas abandonan las cocinas durante el día -explicó Nick Casi Decapitado- Salen de noche para hacer un poco de limpieza... atender los fuegos y esas cosas... Se supone que no hay que verlos. Eso es lo que distingue a un buen elfo doméstico, que nadie sabe que está ahí. -Pero ¿les pagan? -preguntó- Tendrán vacaciones, ¿no? Y... y baja por enfermedad, pensiones y todo eso... -¿Baja por enfermedad y pensiones?  ¡Los elfos domésticos no quieren bajas por enfermedad ni pensiones! -¿Lo sabias? -preguntó ahora mirando a Lyra- Claro que si, si siempre sales de noche y te estás metiendote en lugares prohibidos. -Obvio que sabia, pero te puedo segurar que los que estan aqui en Hogwarts estan por su propia voluntad y no son maltratados.  Una vez terminados los postres y cuando los últimos restos desaparecieron de los platos, dejándolos completamente limpios, Albus Dumbledore volvió a levantarse. El rumor de charla que llenaba el Gran Comedor se apagó al instante, y sólo se oyó el silbido del viento y la lluvia golpeando contra los ventanales. -¡Bien! -dijo Dumbledore- Ahora que todos estamos bien comidos debo una vez más rogar su atención mientras les comunico algunas noticias: -Como cada año, quiero recordarles que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo. »Es también mi doloroso deber informaros de que la Copa de quidditch no se celebrará este curso. Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores... pero estoy seguro de que lo disfrutaran enormemente. Tengo el gran placer de anunciar que este año en Hogwarts... Pero en aquel momento se escuchó un trueno ensordecedor, y las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe. En la puerta apareció un hombre que se apoyaba en un largo bastón y se cubría con una capa negra de viaje. Todas las cabezas en el Gran Comedor se volvieron para observar al extraño, repentinamente iluminado por el resplandor de un rayo que apareció en el techo. Se bajó la capucha, sacudió una larga melena en parte cana y en parte negra, y caminó hacia la mesa de los profesores. Un sordo golpe repitió cada uno de sus pasos por el Gran Comedor. Llegó a un extremo de la mesa de los profesores, se volvió a la derecha y fue cojeando pesadamente hacia Dumbledore. El resplandor de otro rayo cruzó el techo. Aquella luz había destacado el rostro del hombre, cada centímetro de la piel parecía una cicatriz. La boca era como un tajo en diagonal, y le faltaba un buen trozo de la nariz. Pero lo que lo hacía verdaderamente terrorífico eran los ojos. Uno de ellos era pequeño, oscuro y brillante. El otro era grande, redondo como una moneda y de un azul vívido, eléctrico. El ojo azul se movía sin cesar, sin parpadear, girando para arriba y para abajo, a un lado y a otro. -Podriamos robarle el ojo y jugar como si fuera una snitch -dijo la rubia en un susurro mirando a Harry. -Les presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras -dijo animadamente Dumbledore, ante el silencio de la sala- el profesor Moody. Hagrid, Dumbledore y Lyra fueron los unicos en aplaudir, la rubia estuvo bajo la atenta mirada del nuevo profesor. Dumbledore volvió a aclararse la garganta. -Como iba diciendo -siguió- Tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informaros de que este curso tendrá lugar en Hogwarts el Torneo de los tres magos. -¡Se está quedando con nosotros! -dijo Fred en voz alta. -No me estoy quedando con nadie, señor Weasley -repuso- aunque, hablando de quedarse con la gente, este verano me han contado un chiste buenísimo sobre un trol, una bruja y un leprechaun que entran en un bar... La profesora McGonagall se aclaró ruidosamente la garganta. -Eh... bueno, quizá no sea éste el momento más apropiado... No, es verdad -dijo Dumbledore- ¿Dónde estaba? ¡Ah, sí, el Torneo de los tres magos! Bien, algunos de ustedes seguramente no saben qué es el Torneo de los tres magos, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa. »EI Torneo de los tres magos tuvo su origen hace unos setecientos años, y fue creado como una competición amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Para representar a cada una de estas escuelas se elegía un campeón, y los tres campeones participaban en tres pruebas mágicas. Las escuelas se turnaban para ser la sede del Torneo, que tenía lugar cada cinco años, y se consideraba un medio excelente de establecer lazos entre jóvenes magos y brujas de diferentes nacionalidades... hasta que el número de muertes creció tanto que decidieron interrumpir la celebración del Torneo. -Si alguien muere en Hogwarts seria épico -dijo la rubia- Quedaria demostrado que el colegio no es un lugar tan seguro como todos dicen. Harry, Ron y Hermione la miraron con una ceja alzada. -¿Quieren que les recuerde? El primer año con Quirrell... -Ya te entendimos -dijo Ron bufando.
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