iv.

2070 Palabras
.:. CHAPTER FOUR .:. ( DISASTER ) DESPUÉS DE UNA CHARLA ABURRIDA CON LUDO BAGMAN Y BARTY CROUCH, salieron de la tienda y vieron a los vendedores. -He ahorrado todo el verano para esto -dijo Ron mientras caminaban entre los vendedores. Lyra se alejo un poco de sus amigos para comparle a Rolf un recuerdo ya que el no habia podido ir. También compró tres bufandas de Irlanda, una para ella y las otras para Fred y George quienes habían gastados sus ahorros en una apusta con Ludo. -Feliz , feliz no cumpleaños -cantó Lyra mientras les entregaba las bufandas a los gemelos. -Por eso eres nuesta rubia favorita -dijeron al unísono mientras la abrazaban. Cuando la ojigris se liberó del abrazo de los gemelos fue con Harry, quién la estaba esperando en un costado. -Compre uno para ti -dijo Harry pasandole un omnicular. -Gracias, James -dijo la rubia pasando un brazo por los hombros del chico- Pero yo no compré nada para ti, asi te te regalo un beso. Harry se puso roja rápidamente pero suspiro cuando Lyra le dejo un beso en la mejilla. El chico Potter habia pensado en otro tipo de beso.  Y entonces se oyó el sonido profundo y retumbante de un gong al otro lado del bosque, y de inmediato se iluminaron entre los árboles unos faroles rojos y verdes, marcando el camino al estadio. -¡Ya es la hora! -anunció el señor Weasley- ¡Vamos! Caminaron por el bosque hablando y bromeando en voz alta unos veinte minutos, hasta que al salir por el otro lado se hallaron a la sombra de un estadio colosal. -Hay asientos para cien mil personas -explicó el señor Weasley- Quinientos funcionarios han estado trabajando durante todo el año para levantarlo. Cada centímetro del edificio tiene un repelente mágico de muggles. Cada vez que los muggles se acercan hasta aquí, recuerdan de repente que tenían una cita en otro lugar y salen pitando... ¡Dios los bendiga! -¡Asientos de primera! -dijo la bruja del Ministerio apostada ante la puerta, al comprobar sus entradas- ¡Tribuna principal! Todo recto escaleras arriba, Arthur, arriba de todo. Las escaleras del estadio estaban tapizadas con una suntuosa alfombra de color púrpura. Subieron con la multitud, que poco a poco iba entrando por las puertas que daban a las tribunas que había a derecha e izquierda. El grupo del señor Weasley siguió subiendo hasta llegar al final de la escalera y se encontró en una pequeña tribuna ubicada en la parte más elevada del estadio, justo a mitad de camino entre los dorados postes de gol. Contenía unas veinte butacas de color rojo y dorado, repartidas en dos filas. Durante la siguiente media hora se fue llenando lentamente la tribuna. El señor Weasley no paró de estrechar la mano a personas que obviamente eran magos importantes. Cuando llegó Cornelius Fudge, el mismísimo ministro de Magia, saludó a Harry como si se tratara de un viejo amigo. -Ya sabe, Harry Potter -le dijo muy alto al ministro de Bulgaria, que no entendía una palabra de inglés- ¡Harry Potter...! Seguro que lo conoce: el niño que sobrevivió a Quien-usted-sabe... Tiene que saber quién es... El búlgaro vio de pronto la cicatriz de Harry y, señalándola, se puso a decir en voz alta y visiblemente emocionado cosas que nadie entendía. -Sabía que al final lo conseguiríamos -le dijo Fudge a Harry- No soy muy bueno en idiomas; para estas cosas tengo que echar mano de Barty Crouch... ¡Ah, ahí está Lucius! Los que se encaminaban hacia tres asientos aún vacíos de la segunda fila, justo detrás del padre de Ron, no eran otros que los antiguos amos de Dobby: Lucius Malfoy, su hijo Draco y Narcisa. -¡Ah, Fudge! -dijo el señor Malfoy- ¿Cómo estás? Me parece que no conoces a mi mujer, Narcisa, ni a nuestro hijo, Draco. -¿Cómo está usted?, ¿cómo estás? -saludó Fudge, sonriendo e inclinándose ante la señora Malfoy- Permítanme presentarles al señor Oblansk... Obalonsk... al señor... Bueno, es el ministro búlgaro de Magia, y, como no entiende ni jota de lo que digo, da lo mismo. Veamos quién más... Supongo que conoces a Arthur Weasley. -Por Dios, Arthur -dijo con suavidad- ¿qué has tenido que vender para comprar entradas en la tribuna principal? Me imagino que no te ha llegado sólo con la casa. -Lucius acaba de aportar una generosa contribución para el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, Arthur. Ha venido aquí como invitado mío. -¡Ah... qué bien! -dijo el señor Weasley, con una sonrisa muy tensa. La mirada de Narcisa Malfoy paso por todos antes de detenerse en Lyra. Luego se inclino para decirle algo a su hijo en el oido, a lo que este asintió. Pero luego siguió a su marido y desaparecieron de la vista. ↺ EL PARTIDO TERMINO CUANDO KRUM ATRAPO LA SNITCH, pero sin embargo no lograron ganar por lo que Irlanda los supero por 10 puntos llevandose asi la victoria. Pronto se vieron rodeados por la multitud que abandonaba el estadio para regresar a las tiendas de campaña. Cuando por fin llegaron a las tiendas, nadie tenía sueño y, dada la algarabía que había en torno a ellos, el señor Weasley consintió en que tomaran todos juntos una última taza de chocolate con leche antes de acostarse. No tardaron en enzarzarse en una agradable discusión sobre el partido. El señor Weasley se mostró en desacuerdo con Charlie en lo referente al comportamiento violento, y no dio por finalizado el análisis del partido hasta que Ginny se cayó dormida sobre la pequeña mesa, derramando el chocolate por el suelo. Entonces los mandó a todos a dormir. Lyra, Merope, Hermione y Ginny se metiron en su tienda y luego de ponerse el pijama las cuatro quedaron dormidas al instante. -¡Lyra, Merope... levantense, rápido! -grito Hermione desesperada. -¿Que pasa? -preguntó Lyra sentandose en la cama y viendo a Hermione y Ginny tomar una campera. Los cánticos habían cesado. Se oían gritos, y gente que corría. -No lo se pero algo malo esta pasando -respondió Hermione. Lyra se apresuro en tomar su campera y agarrar su varita para salir fuera de la tienda. A la luz de los escasos fuegos que aún ardían, pudo ver a gente que corría hacia el bosque, huyendo de algo que se acercaba detrás, por el campo, algo que emitía extraños destellos de luz. A través del campo marchaba una multitud de magos, que iban muy apretados y se movían todos juntos apuntando hacia arriba con las varitas, iban tapados con capuchas y máscaras. -Vamos a ayudar al Ministerio -gritó el señor Weasley por encima de todo aquel ruido- Ustedes vayan al bosque, y no se separen ¡Cuando hayamos solucionado esto iré a buscarlos! Bill, Charlie y Percy se precipitaron al encuentro de la multitud. El señor Weasley corrió tras ellos. Desde todos los puntos, los magos del Ministerio se dirigían a la fuente del problema. -Vamos -dijo Fred, cogiendo a Ginny de la mano y tirando de ella hacia el bosque. George copió su acción pero tomo a Merope de la mano. Harry, Ron, Hermione y Nix los siguieron. Oscuras siluetas daban tumbos entre los árboles, y se oía el llanto de niños; a su alrededor, en el frío aire de la noche, resonaban gritos de ansiedad y voces aterrorizadas. De pronto se oyó a Ron gritar de dolor. -¿Qué ha sucedido? -preguntó Hermione nerviosa- ¿Dónde estás, Ron? Qué idiotez... ¡Lumos! La varita se encendió, y su haz de luz se proyectó en el camino. Ron estaba echado en el suelo. -No es tiempo para una siesta, Ron -se burlo Lyra. -He tropezado con la raíz de un árbol. -Bueno, con pies de ese tamaño, lo difícil sería no tropezar -dijo detrás de ellos una voz que arrastraba las palabras. Era Draco Malfoy, parecía que había estado contemplando todo lo sucedido desde un hueco entre los árboles. -¿No sería mejor que echaran a correr? No les gustaría que la vieran, supongo... Señaló a Hermione con un gesto de la cabeza. -¿Qué quieres decir? -le preguntó Hermione desafiante. -Que van detrás de los muggles, Granger ¿Quieres ir por el aire enseñando las bragas? No tienes más que darte una vuelta... Vienen hacia aquí, y les divertiría muchísimo. -Cierra la boca, Malfoy -dijo Lyra. Desde el otro lado de los árboles llegó otra explosión, más fuerte que cualquiera de las anteriores. Cerca de ellos gritaron algunas personas. Malfoy soltó una risita. -Qué fácil es asustarlos, ¿verdad? -dijo con calma- Supongo que papá les dijo que se escondieran. ¿Qué pretende? ¿Rescatar a los muggles? -¿Dónde están tus padres? -preguntó Harry- Tendrán una máscara puesta, ¿no? -Bueno, si así fuera, me temo que no te lo diría, Potter. -Vamos -dijo Hermione. Fred, George y Ginny habían desaparecido, aunque el camino estaba abarrotado de gente que huía sin dejar de echar nerviosas miradas por encima del hombro hacia el campamento. Un grupo de adolescentes en pijama discutía a voces, un poco apartados del camino. Al ver a Harry, Lyra, Ron y Hermione, una muchacha de pelo espeso y rizado se volvió y les preguntó rápidamente: -Où est Madame Maxime? Nous l’avons perdue... -No hablamos Francés, no molesten -se quejo Lyra sin siquiera mirarlas mientras empujaba a sus amigos para que sigan buscando. -Fred y George no pueden haber ido muy lejos -dijo Ron, que sacó la varita mágica, la encendió como la de Hermione y entrecerró los ojos para ver mejor a lo largo del camino. Lyra también saco su varita pero no la encendió. -No, no lo puedo creer... ¡He perdido la varita! -dijo Harry. -A lo mejor te la has dejado en la tienda -dijo Ron. -O tal vez se te ha caído del bolsillo mientras corríamos -sugirió Hermione. -O tal vez eres estúpido -dijo la rubia levantando los hombros. Un crujido los asustó a los cuatro. Winky, una elfina doméstica, intentaba abrirse paso entre unos matorrales. Oyeron otra fuerte explosión proveniente del otro lado del bosque. -¿Qué tal si seguimos? -propuso Ron. Reemprendieron la marcha. Siguieron el oscuro camino internándose en el bosque más y más. -Creo que podríamos aguardar aquí. Podemos oír a cualquiera a un kilómetro de distancia. Apenas había acabado de decirlo cuando Ludo Bagman salió de detrás de un árbol, justo delante de ellos. -¿Quién está ahí? -dijo- ¿Qué hacen aquí solos? -Bueno, en el campamento hay una especie de disturbio -explicó Ron. Bagman lo miró. -¡Oh por dios! ¿Usted es ciego o que?  Hay mortifagos por todos lados -dijo Lyra. -¡Maldición! -respondió y sin otra palabra desapareció. Parecía que alguien se acercaba hacia ellos dando tumbos. Esperaron, escuchando el sonido de los pasos descompasados tras los árboles. Pero los pasos se detuvieron de repente. -¿Quién es? -llamó Harry. Sólo se oyó el silencio. -¿Quién está ahí? -preguntó. Y entonces una voz diferente desgarró el silencio. -¡MORSMORDRE! Algo grande, verde y brillante salió de la oscuridad. Se trataba de una calavera de tamaño colosal, compuesta de lo que parecían estrellas de color esmeralda y con una lengua en forma de serpiente que le salía de la boca. -¡Que suerte de mierda que tenemos! -grito Lyra empujando a Harry. -¿Que pasa? -preguntó Harry.    -Es la marca tenebrosa, hay que salir de aquí. Pero tan sólo habían dado unos pocos pasos, cuando una serie de ruiditos anunció la repentina aparición, de la nada, de una veintena de magos que los rodearon. Todos habían sacado la varita mágica y  los apuntaban. Sin pensarlo más, gritó: -¡AL SUELO! -grito Harry tomando la mano de la rubia y tirandola con él. -¡Desmaius! -gritaron las veinte voces. -¿QUE HACEN, DEMENTES? -grito Lyra aún desde el suelo. -¡Alto! -gritó una voz familiar- ¡ALTO! ¡Es mi hijo! Era el señor Weasley, que avanzaba hacia ellos a zancadas, aterrorizado. -Ron... Harry... -su voz sonaba temblorosa- Lyra, Hermione... ¿Estan bien? -Por supuesto que no -se quejo Lyra- Son del Ministerio se supone que tiene que dar el ejemplo, no pueden andar tirando hechizos asi, sin saber a quienes tienen enfrente.
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