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1621 Palabras
.:. CHAPTER TEN .:. ( I HATE MOODY ) CUANDO HERMIONE Y LYRA TENÍAN TODO LISTO, ambas emprendieron camino a la sala común de Gryffindor. Hermione llevaba un monton de pergaminos, mientras que Lyra lleva una caja cuyo contenido hacía ruido conforme ella andaba. -¡Hola! -saludó Hermione a los chicos- ¡acabamos de terminar! -¡Yo también! -contestó Ron con una sonrisa de triunfo, soltando la pluma. Lyra dejo las cosas en una butaca y se sento junto a Harry. -¿Qué hay en la caja? -inquirió Harry, señalando hacia ella. -Es curioso que lo preguntes -dijo Hermione mientras levantaba la tapa y les mostraba el contenido. Dentro había unas cincuenta insignias de diferentes colores, pero todas con las mismas letras: «P.E.D.D.O.» -¿«Peddo»? -leyó Harry, cogiendo una insignia y mirándola- ¿Qué es esto? -No es «peddo» -repuso Hermione algo molesta- Es pe, e, de, de, o: «Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros.» -No había oído hablar de eso en mi vida -se extrañó Ron. -Por supuesto que no. Acabamos de fundarla. -¿De verdad? -dijo Ron, sorprendido- ¿Con cuántos miembros cuenta? -Somos siete si ustedes se unen -dijo Lyra sonriendo mientras les mostraba la insignia que tenia enganchada en su remera. -¿Quienes son los demás? -preguntó Ron. -Rolf, Tony, Eric y por supuesto Hermione y yo. -¿Rosier? -preguntó Harry haciendo una mueca de asco. -Si, ¿Algún problema con eso? -replicó Lyra. -¿Creen que queremos ir por ahí con unas insignias en las que pone «peddo»? -siguió Ron. -Pe, e, de, de, o -Hermione blandió ante ellos el manojo de pergaminos- He estado documentándome en la biblioteca. La esclavitud de los elfos se remonta a varios siglos atrás. No comprendo cómo nadie ha hecho nada hasta ahora... -Hermione, métetelo en la cabeza -la interrumpió Ron- a... ellos... les... gusta. ¡A ellos les gusta la esclavitud! -¡No a todos, Ron! -dijo la rubia. -Nuestro objetivo a corto plazo -siguió Hermione- es lograr para los elfos domésticos un salario digno y unas condiciones laborales justas. Los objetivos a largo plazo incluyen el cambio de la legislación sobre el uso de la varita mágica y conseguir que haya un representante elfo en el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. -¿Y cómo lograremos todo eso? -preguntó Harry. -Comenzaremos buscando afiliados -explicó Hermione muy contenta- Pienso que puede estar bien pedir como cuota de afiliación dos sickles, que darán derecho a una insignia, y con ese dinero y todo el que Lyra esta poniendo podemos elaborar panfletos para nuestra campaña. Tú serás el tesorero, Ron: tengo arriba una hucha de lata para ti. Y tú, Harry, serás el secretario, así que quizá quieras escribir ahora algo de lo que estoy diciendo, como testimonio de nuestra primera sesión y Lyra sera la vicepresidenta. Hubo una pausa en la que Hermione les sonrió satisfecha y el silencio fue cortado por una lechuza blanca posada en el alféizar. -¡Hedwig! -gritó Harry, y se levantó de un salto para ir al otro lado de la sala común a abrir la ventana. Hedwig entró, cruzó la sala volando y se posó en la mesa. -¡Ya era hora! -exclamó Harry, yendo aprisa tras ella. Hedwig llevaba un mugriento trozo de pergamino atado a la pata. Harry se dio prisa en desatarlo y se sentó para leerlo. Una vez desprendida de su carga, Hedwig aleteó hasta posarse en la rodilla de Lyra, ululando suavemente. -¿Qué dice? -preguntó Hermione con impaciencia. -Hay dos pergaminos -informo Harry. Harry la leyó en voz alta: Harry: Salgo ahora mismo hacia el norte. Esta noticia de que tu cicatriz te ha dolido se suma a una serie de extraños rumores que me han llegado hasta aquí. Si vuelve a dolerte, ve directamente a Dumbledore. Me han dicho que ha sacado a Ojoloco de su retiro, lo que significa que al menos él está al tanto de los indicios, aunque sea el único. Estaremos pronto en contacto. Un fuerte abrazo a Ron y Hermione. Abre los ojos, Harry. El otro pergamino es para mi cachorrita. Sirius Harry le entre el pergamino y Lyra lo tomo rápidamente. La rubia se despido de sus amigos y subio a su habitación sin notar la cara de descontento de Harry. Hola cachorrita: ¡Espero que tengas un buen comienzo de curso! Si leíste lo que le mande a Harry sabes que voy a volver y no solo por el, voy a tratar de hacer lo posible para que nos encontremos sin que nadie se entere. Remus me ha mandando una carta donde comentaba de casualidad que cuando fueron al callejón diagon escucho a alguien hablando mal de ti. Ya sabes que podes mandarme una carta y yo me encargo de quienes te molesten. Me encantaria saber como te va en tu cuarto año, asi que espero que sigas mandando cartas. ¡Metete en muchos problemas! Te ama, papá. ↺ -LE HAS DICHO UNA MENTIRA, HARRY -le espetó Hermione en el desayuno, después el chico les contara que le envio una carta a Sirius diciendo que era mentira que le dolia la cicatriz- No te imaginaste que la cicatriz te doliera, y lo sabes. -¿Y qué? -repuso Harry- No quiero que vuelva a Azkaban por culpa mía. -Ni que fueras tan importante -dijo Lyra sonriendo- Viene por los dos, quiere que lo vaya a ver cuando vuelva. Durante las dos semanas siguientes, Lyra estuvo molestando a la mayoria de los alumnos de Hogwarts para que formaran parte de P. E. D. D. O. Habia molestado tanto a la profesora McGonagall que por cansancio tuvo que aceptar. Por otro lado, las clases se estaban haciendo más difíciles y duras que nunca, en especial la de Defensa Contra las Artes Oscuras. Para su sorpresa, el profesor Moody anunció que les echaría la maldición imperius por turno, tanto para mostrarles su poder como para ver si podían resistirse a sus efectos. -Pero... pero usted dijo que eso estaba prohibido, profesor -le dijo una vacilante Hermione- Usted dijo que usarlo contra otro ser humano estaba... -Dumbledore quiere que les enseñe cómo es -la interrumpió Moody, girando hacia Hermione el ojo mágico y fijándolo sin parpadear en una mirada sobrecogedora- Si alguno de ustedes prefiere aprenderlo del modo más duro, cuando alguien le eche la maldición para controlarlo completamente, por mí de acuerdo. Puede salir del aula. Lyra dio se vuelta dispusta a irse, cuando Harry la tomo por los hombros. -Odio a ese tipo, no quiero quedarme -se quejo la rubia. -El no va a volver a hacer algo con los animales -respondió Harry rápidamente bajando su mano por el brazo de Lyra hasta llegar a su mano. -Bien, pero a la primera que haga algo que no me gusta, me voy. Harry asintio y le apreto la mano. Moody empezó a llamar por señas a los alumnos y a echarles la maldición imperius. Uno tras otro, hacían las cosas más extrañas bajo su influencia: Dean Thomas dio tres vueltas al aula a la pata coja cantando el himno nacional, Lavender Brown imitó una ardilla y Neville ejecutó una serie de movimientos gimnásticos muy sorprendentes, de los que hubiera sido completamente incapaz en estado normal. Ninguno de ellos parecía capaz de oponer ninguna resistencia a la maldición, y se recobraban sólo cuando Moody la anulaba. -Potter -gruñó Moody- ahora te toca a ti. Harry se adelantó hasta el centro del aula. Moody levantó la varita mágica, lo apuntó con ella y dijo: -¡Imperio! Lyra se preguntó cual era el truco del chico cuando vio que se estaba resistiendo a hacer lo que Moody le pedia. -Bien, ¡por ahí va la cosa! -gruñó la voz de Moody- ¡Miran esto, todos ustedes... Potter se ha resistido! Se ha resistido, ¡y casi lo logra! ¡Al frente Black, es tu turno! Lyra bufo y dio un paso adelante, realmente no queria hacer eso. Moody levantó la varita mágica, lo apuntó con ella y dijo: -¡Imperio! Lyra se sentio en calma, como cuando pasaba más de cuatro horas rodeada de animales. Y luego oyó la voz de Ojoloco Moody, retumbando en alguna remota región de su vacío cerebro: Salta a la mesa... salta a la mesa... Lyra lo escucho como un susurro molesto, como cuando una abeja pasa zumbando cerca de tu oído. Hizo una mueca de molesta e ignoro completamente la voz de Moody. Salta a la mesa... Lyra solto un suspiro, realmente odiaba a Moody, por ende su voz. -¡Black lo tiene! ¡La condenada lo logro! ¡Te supero, Potter! -dijo Moody. -¿Como lo lograste? -preguntó Hermione sorprendida cuando se dirigian a las clases de la profesora McGonagall. -No se, creo que es porque lo odio ¿Se puede por eso? -preguntó Lyra tomando asiento junto a Harry. Cuando la profesora McGonagall recibió quejas por deberes de Transformaciones, les explico porque les estaban dando tantas tareas. -¡Estan entrando en una fase muy importante de su educación mágica! -declaró con ojos centelleantes- Se acercan los exámenes para el TIMO. -¡Pero si no tendremos el TIMO hasta el quinto curso! -objetó Dean Thomas. -Es verdad, Thomas, pero créeme: ¡tienen que prepararse lo más posible! Lyra y la señorita Granger sigue siendo las única personas de la clase que han logrado convertir un erizo en un alfiletero como Dios manda. ¡Permíteme recordarte que el tuyo, Thomas, aún se hace una pelota cada vez que alguien se le acerca con un alfiler! -Me siento toda una cerebrito. ¿Asi te sentis siempre, Herms?
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