.:. CHAPTER ELEVEN .:.
( BEAUXBATONS, DURMSTRANG )
CUANDO SALIERON DE CLASES TENIAN QUE PASAR POR EL VESTÍBULO y no pudieron debido a la multitud de estudiantes que estaban arremolinados al pie de la escalinata de mármol, alrededor de un gran letrero.
Ron, el más alto de los cuatro, se puso de puntillas para echar un vistazo por encima de las cabezas de la multitud, y leyó en voz alta el cartel:
TORNEO DE LOS TRES MAGOS
Los representantes de Beauxbatons y Durmstrang llegarán a las seis
en punto del viernes 30 de octubre. Las clases se interrumpirán media
hora antes.
-¡Estupendo! -dijo Harry- ¡La última clase del viernes es Pociones! ¡A Snape no le dará tiempo de envenenarnos a todos!
Los estudiantes deberán llevar sus libros y mochilas a los dormitorios y reunirse a la salida del castillo para recibir a nuestros huéspedes antes del banquete de bienvenida.
-¡Sólo falta una semana! -dijo emocionado Ernie Macmillan, un alumno de Hufflepuff, saliendo de la aglomeración- Me pregunto si Cedric estará enterado. Me parece que voy a decírselo...
-¿Cedric? -dijo Ron sin comprender, mientras Ernie se iba a toda prisa.
-Diggory -explicó Harry- Querrá participar en el Torneo.
-¿Ese idiota, campeón de Hogwarts? -gruñó Ron mientras se abrían camino hacia la escalera por entre la bulliciosa multitud.
-No es idiota. Lo que pasa es que no te gusta porque venció al equipo de
Gryffindor en el partido de quidditch -repuso Hermione- He oído que es un
estudiante realmente bueno. Y es prefecto.
-Si, yo me lo choque un dia y Rolf me cuenta que es muy bueno -comento la rubia.
-Sólo les gusta porque es guapo -dijo Ron mordazmente.
-¿Viste a Cedric? -preguntó Lyra- ¡Tiene los ojos grises como todos los Black, podria ser como mi hermano!
Durante la semana siguiente no había más que un tema de conversación: el Torneo de los tres magos.
Los profesores también parecían algo nerviosos.
-¡Longbottom, ten la amabilidad de no decir delante de nadie de Durmstrang que no eres capaz de llevar a cabo un sencillo encantamiento permutador! -gritó la profesora McGonagall al final de una clase.
Cuando bajaron a desayunar la mañana del 30 de octubre, descubrieron que durante la noche habían engalanado el Gran Comedor. De los muros colgaban unos enormes estandartes de seda que representaban las diferentes casas de Hogwarts: rojos con un león dorado los de Gryffindor, azules con un águila de color bronce los de Ravenclaw, amarillos con un tejón n***o los de Hufflepuff, y verdes con una serpiente plateada los de Slytherin. Detrás de la mesa de los profesores, un estandarte más grande que los demás mostraba el escudo de Hogwarts: el león, el águila, el tejón y la serpiente se unían en torno a una enorme hache.
Cuando se sentaron en la mesa de Gryffindor, vieron a Hedwig, que volaba hacia Harry.
Harry le desprendió la respuesta de Sirius de la pata y le ofreció a Hedwig los restos de su tocino, que comió agradecida.
Harry les leyó la carta de Sirius en un susurro:
Esa mentira te honra, Harry.
Ya he vuelto al país y estoy bien escondido. Quiero que me envíes
lechuzas contándome cuanto sucede en Hogwarts. No uses a Hedwig.
Emplea diferentes lechuzas, y no te preocupes por mí: cuida de ti mismo y cuida por mi a Lyra. No olvides lo que te dije de la cicatriz.
Sirius
-¿Por qué tienes que usar diferentes lechuzas? -preguntó Ron en voz baja.
-Porque Hedwig atrae demasiado la atención -respondió Hermione de
inmediato- Es muy llamativa. Una lechuza blanca yendo y viniendo a donde quiera que se haya ocultado... Como no es un ave autóctona...
-¿Por que pide que me cuides? -se quejo Lyra- Yo puedo cuidarme sola.
-No lo se Nix, ¿Supongo que es un padre sobreprotector? -dijo Harry.
-¿Sirius soreprotector? -se burlo Ron- Entonces Rosier tendría que estar muerto.
-¡Ronald! -lo reto Hermione.
La clase de Pociones fue más llevadera de lo usual, porque duró media hora menos. Cuando, antes de lo acostumbrado, sonó la campana, Lyra, Harry, Ron y Hermione salieron a toda prisa hacia la torre de Gryffindor, dejaron allí las mochilas y los libros tal como les habían indicado, se pusieron las capas (menos Lyra que se puso su campera de cuero) y volvieron al vestíbulo.
Los jefes de las casas colocaban a sus alumnos en filas.
-Weasley, ponte bien el sombrero -le ordenó la profesora McGonagall a Ron- Patil, quítate esa cosa ridícula del pelo. Lyra sacate la corbata de la cebeza y esa campera...
Lyra le regalo una sonrisa inocente a McGonagall, pero aún asi siguió con la campera puesta y la corbata en la cabeza.
-Siganme, por favor -dijo la profesora McGonagall- Los de primero delante. Sin empujar...
Bajaron en fila por la escalinata de la entrada y se alinearon delante del
castillo. Era una noche fría y clara. Oscurecía, y una luna pálida brillaba ya sobre el bosque prohibido.
-Son casi las seis -anunció Ron- ¿Cómo piensan que llegarán? ¿En el tren?
-No creo -contestó Hermione.
-¿Entonces cómo? ¿En escoba? -dijo Harry, levantando la vista al cielo
estrellado.
-No creo tampoco... no desde tan lejos...
-¿En dragones? -preguntó Lyra y automáticamente todos se giraron a verla- ¿Que? Era solo una opción.
Entonces, desde la última fila, en la que estaban todos los profesores, Dumbledore gritó:
-¡Ajá! ¡Si no me equivoco, se acercan los representantes de Beauxbatons!
-¿Por dónde? -preguntaron muchos con impaciencia, mirando en diferentes direcciones.
-¡Por allí! -gritó uno de sexto, señalando hacia el bosque.
Una cosa larga, se acercaba al castillo por el cielo azul oscuro, haciéndose cada vez más grande.
-¡Black tenia razón, es un dragón! -gritó uno de los de primero, perdiendo los estribos por completo.
-No seas idiota... ¡es una casa volante! -le dijo Dennis Creevey.
La suposición de Dennis estaba más cerca de la realidad. Cuando la
gigantesca forma negra pasó por encima de las copas de los árboles del bosque prohibido casi rozándolas, y la luz que provenía del castillo la iluminó, vieron que se trataba de un carruaje colosal, de color azul pálido y del tamaño de una casa grande, que volaba hacia ellos tirado por una docena de caballos alados de color tostado pero con la crin y la cola blancas, cada uno del tamaño de un elefante.
Las tres filas delanteras de alumnos se echaron para atrás cuando el carruaje descendió precipitadamente y aterrizó a tremenda velocidad. Entonces golpearon el suelo los cascos de los caballos, que eran más grandes que platos. Un segundo más tarde el carruaje se posó en tierra,
rebotando sobre las enormes ruedas, mientras los caballos sacudían su
enorme cabeza y movían unos grandes ojos rojos.
Un muchacho vestido con túnica de color azul pálido saltó del carruaje al suelo, hizo una inclinación, buscó con las manos durante un momento algo en el suelo del carruaje y desplegó una escalerilla dorada. Respetuosamente, retrocedió un paso y una mujer enorme bajo.
Dumbledore comenzó a aplaudir. Los estudiantes, imitando a su director,
aplaudieron también.
Sonriendo graciosamente, ella avanzó hacia Dumbledore y extendió una mano reluciente. Aunque Dumbledore era alto, apenas tuvo que inclinarse para besársela.
-Mi querida Madame Maxime -dijo-bienvenida a Hogwarts.
-Dumbledog -repuso Madame Maxime- «espego» que esté bien.
-En excelente forma, gracias -respondió Dumbledore.
-Mis alumnos -dijo Madame Maxime, señalando tras ella con gesto
lánguido.
Lyra, que no se había fijado en otra cosa que en Madame Maxime, notó que unos doce alumnos, chicos y chicas, todos los cuales parecían hallarse cerca de los veinte años, habían salido del carruaje y se encontraban detrás de ella.
-¿Ha llegado ya «Kagkagov»? -preguntó Madame Maxime.
-Se presentará de un momento a otro -aseguró Dumbledore- ¿Prefieren esperar aquí para saludarlo o pasar a calentarse un poco?
-Lo segundo, me «paguece» -respondió Madame Maxime- «Pego» los caballos...
-Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará de ellos encantado -declaró Dumbledore- en cuanto vuelva de solucionar una pequeña dificultad que le ha surgido con alguna de sus otras... obligaciones.
-¿Minnie se enojara si me acerco ahora a los caballos? -preguntó Lyra dando un paso adelante pero Harry la tomo de la mano para que no avanzara.
-No creo que sea buena idea ahora -dijo Harry.
Se escucho un ruido misterioso, fuerte y extraño llegaba a ellos desde las tinieblas. Era un rumor amortiguado y un sonido de succión, como si una inmensa aspiradora pasara por el lecho de un río...
-¡El lago! -gritó Lee Jordan, señalando hacia él- ¡Miren el lago!
Desde su posición en lo alto de la ladera, desde la que se divisaban los
terrenos del colegio, tenían una buena perspectiva de la lisa superficie negra del agua. Y en aquellos momentos esta superficie no era lisa en absoluto. Algo se agitaba bajo el centro del lago. Aparecieron grandes burbujas, y luego se formaron unas olas que iban a morir a las em barradas orillas. Por último surgió en medio del lago un remolino, como si al fondo le hubieran quitado un tapón gigante...
Del centro del remolino comenzó a salir muy despacio lo que parecía un
asta negra.
-¡Es un mástil!
Lenta, majestuosamente, el barco fue surgiendo del agua, brillando a la luz de la luna. Finalmente, con un sonoro chapoteo, el barco emergió en su totalidad, balanceándose en las aguas turbulentas, y comenzó a surcar el lago hacia tierra. Un momento después oyeron la caída de un ancla arrojada al bajío y el sordo ruido de una tabla tendida hasta la orilla.
A la luz de las portillas del barco, vieron las siluetas de la gente que desembarcaba. Todos llevaban puestas unas capas de algún tipo de piel muy tupida. El que iba delante llevaba una piel de distinto tipo: lisa y plateada como su cabello.
-Espero que no sea la piel de un animal -dijo Lyra.
-¡Dumbledore! -gritó uno efusivamente mientras subía la ladera- ¿Cómo estás, mi viejo compañero, cómo estás?
-¡Estupendamente, gracias, profesor Karkarov! -respondió Dumbledore.
Karkarov era alto y delgado como Dumbledore, pero llevaba corto el blanco cabello, y la perilla (que terminaba en un pequeño rizo) no ocultaba del todo el mentón poco pronunciado. Al llegar ante Dumbledore, le estrechó la mano.
-El viejo Hogwarts -dijo, levantando la vista hacia el castillo y sonriendo- Es estupendo estar aquí, es estupendo... Viktor, ve para allá, al calor... ¿No te importa, Dumbledore? Es que Viktor tiene un leve resfriado...
Karkarov indicó por señas a uno de sus estudiantes que se adelantara.
-¡Harry...! ¡Es Krum! -dijo de repente Ron.
-¡Pidele que te hago un hijo! -chilló Lyra.
-Si, eso iba a hacer -comenzó Ron- espera... ¿Un hijo?