.:. CHAPTER TWELVE .:.
( THE GOBLET )
CUANDO VOLVÍAN A CRUZAR EL vestíbulo con el resto de los estudiantes de Hogwarts, se dirigieron a la mesa de Gryffindor. Ron puso mucho interés en sentarse orientado hacia la puerta de entrada, porque Krum y sus compañeros de Durmstrang seguían amontonados junto a ella sin saber dónde sentarse. Los alumnos de Beauxbatons se habían puesto en la mesa de Ravenclaw y observaban el Gran Comedor con expresión crítica. Tres de ellos se sujetaban aún bufandas o chales en torno a la cabeza.
-No hace tanto frío -dijo Hermione, molesta- ¿Por qué no han traído capa?
-¡Aquí! ¡Ven a sentarte aquí! -decía Ron entre dientes- ¡Aquí! Hermione, hazte a un lado para hacerle sitio...
-Ron, deja de molestar -se quejo Lyra.
-Demasiado tarde -se lamentó Ron con amargura.
Viktor Krum y sus compañeros de Durmstrang se habían colocado en la
mesa de Slytherin. Malfoy se inclinaba un poco para dirigirse a Krum.
-Sí, muy bien, hazle la pelota, Malfoy -dijo Ron- Apuesto algo a que Krum no tarda en calarte... Seguro que tiene montones de gente lisonjeándolo todo el día... ¿Dónde creen que dormirán? Podríamos hacerle sitio en nuestro dormitorio, Harry... No me importaría dejarle mi cama.
-O podrian dormir juntos, total ya dormiste con el traidor por muchos años... -dijo Lyra.
-Parece que están mucho más contentos que los de Beauxbatons -comentó Harry.
Los alumnos de Durmstrang se quitaban las pesadas pieles y miraban con expresión de interés el n***o techo lleno de estrellas.
En el fondo, en la mesa de los profesores, Filch, el conserje, estaba añadiendo sillas. Como la ocasión lo merecía, llevaba puesto su frac viejo y enmohecido.
-Pero sólo hay dos profesores más -se extrañó Harry- ¿Por qué Filch pone cuatro sillas? ¿Quién más va a venir?
Habiendo entrado todos los alumnos en el Gran Comedor y una vez sentados a las mesas de sus respectivas casas, empezaron a entrar en fila los profesores, que se encaminaron a la mesa del fondo y ocuparon sus asientos.
Los últimos en la fila eran el profesor Dumbledore, el profesor Karkarov y
Madame Maxime. Al ver aparecer a su directora, los alumnos de Beauxbatons se pusieron inmediatamente en pie. Algunos de los de Hogwarts se rieron.
-Que ridículos -se rio la ojigris.
El grupo de Beauxbatons no pareció avergonzarse en absoluto, y no volvió a ocupar sus asientos hasta que Madame Maxime se hubo sentado a la izquierda de Dumbledore. Éste, sin embargo, permaneció en pie, y el silencio cayó sobre el Gran Comedor.
-Buenas noches, damas, caballeros, fantasmas y, muy especialmente,
buenas noches a nuestros huéspedes -dijo Dumbledore- Es para mi un placer darles la bienvenida a Hogwarts. Deseo que su estancia aquí les resulte al mismo tiempo confortable y placentera, y confío en que así sea.
Una de las chicas de Beauxbatons, que seguía aferrando la bufanda con
que se envolvía la cabeza, profirió lo que inconfundiblemente era una risa
despectiva.
-¡¿Que te pasa rubia estupida?! -dijo Lyra en un tono fuerte para que la chica la escuchara.
-Nix, tu eres rubia -dijo Ron de una forma obvia.
-Ya no -dijo caminando su color de cabello a un rojo intenso.
-El Torneo quedará oficialmente abierto al final del banquete -explicó Dumbledore- ¡Ahora los invito a todos a comer, a beber y a disfrutar como si estuvieran en su casa!
Como de costumbre, las fuentes que tenían delante se llenaron de comida.
Ante ellos tenían la mayor variedad de platos que Lyra hubiera visto nunca, incluidos algunos que eran evidentemente extranjeros.
-¿Qué es esto? -dijo Ron, señalando una larga sopera llena de una especie de guiso de marisco que había al lado de un familiar pastel de carne y riñones.
-Bullabesa -repuso Hermione.
-Por si acaso, la tuya -replicó Ron.
-Es un plato francés -explicó Hermione- Lo probé en vacaciones, este verano no, el anterior, y es muy rica.
-Eso parece completamente asqueroso, es como si fuera el vómito de Apolo.
-¡Lyra, no digas esas cosas en la mesa cuando estamos comiendo! -la reto Hermione.
-«Pegdonan», ¿no «queguen» bouillabaisse?
Se trataba de la misma chica de Beauxbatons que se había reído durante el discurso de Dumbledore.
-Puedes llevártela -le dijo Harry, acercándole a la chica la sopera.
-¿Han «tegminado» con ella?
-No comemos cosas «asquegosas» -dijo Lyra sonriendo de forma falsa, claramente haciéndole burla.
La chica cogió la sopera mientras miraba mal a Lyra y se la llevó con cuidado a la mesa de Ravenclaw.
Harry se echó a reír, y el sonido de su risa pareció sacar a Ron de su ensimismamiento.
-¡Es una veela! -le dijo a Harry con voz ronca.
-¡Por supuesto que no lo es! -repuso Hermione ásperamente- No veo que nadie más se haya quedado mirándola con la boca abierta como un idiota.
Pero no estaba totalmente en lo cierto. Cuando la chica cruzó el Gran
Comedor muchos chicos volvieron la cabeza, y algunos se quedaban sin habla, igual de estupidos que Ron.
-¡Te digo que no es una chica normal! -exclamó Ron, haciéndose a un lado para verla mejor- ¡Las de Hogwarts no están tan bien!
-Callate, cerdo inmundo -dijo Lyra pegandole en la cabeza- Nosotras somos muchos más lindas.
Hermione asintió de acuerdo con Lyra.
-Cuando puedan apartar la vista de ahí -dijo Hermione- veran quién acaba de llegar.
Señaló la mesa de los profesores, donde ya se habían ocupado los dos asientos vacíos. Ludo Bagman estaba sentado al otro lado del profesor Karkarov, en tanto que el señor Crouch, el jefe de Percy, ocupaba el asiento que había al lado de Madame Maxime.
-¿Qué hacen aquí? -preguntó Harry sorprendido.
-Son los que han organizado el Torneo de los tres magos, ¿no? -repuso Hermione- Supongo que querían estar presentes en la inauguración.
Una vez limpios los platos de oro, Dumbledore volvió a levantarse. Todos en el Gran Comedor parecían emocionados y nerviosos.
-Ha llegado el momento -anunció Dumbledore- El Torneo de los tres magos va a dar comienzo. Me gustaría pronunciar unas palabras para explicar algunas cosas antes de que traigan el cofre sólo para aclarar en qué consiste el procedimiento que vamos a seguir. Pero antes, para aquellos que no los conocem, permitanme que led presente al señor Bartemius Crouch, director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional y al señor Ludo Bagman, director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos.
-Los señores Bagman y Crouch han trabajado sin descanso durante los
últimos meses en los preparativos del Torneo de los tres magos -continuó
Dumbledore- y estarán conmigo, con el profesor Karkarov y con Madame
Maxime en el tribunal que juzgará los esfuerzos de los campeones.
-Señor Filch, si tiene usted la bondad de traer el cofre...
Filch, que había pasado inadvertido pero permanecía atento en un apartado rincón del Gran Comedor, se acercó a Dumbledore con una gran caja de madera con joyas incrustadas. Parecía extraordinariamente vieja. De entre los alumnos se alzaron murmullos de interés y emoción. Dennis Creevey se puso de pie sobre la silla para ver bien, pero era tan pequeño que su cabeza apenas sobresalía de las demás.
-Los señores Crouch y Bagman han examinado ya las instrucciones para
las pruebas que los campeones tendrán que afrontar -dijo Dumbledore mientras Filch colocaba con cuidado el cofre en la mesa, ante él- y han dispuesto todos los preparativos necesarios para ellas. Habrá tres pruebas, espaciadas en el curso escolar, que medirán a los campeones en muchos aspectos diferentes: sus habilidades mágicas, su osadía, sus dotes de deducción y, por supuesto, su capacidad para sortear el peligro.
Ante esta última palabra, en el Gran Comedor se hizo un silencio tan
absoluto que nadie parecía respirar.
-Como todos saben, en el Torneo compiten tres campeones -continuó
Dumbledore con tranquilidad- uno por cada colegio participante. Se puntuará la perfección con que lleven a cabo cada una de las pruebas y el campeón que después de la tercera tarea haya obtenido la puntuación más alta se alzará con la Copa de los tres magos. Los campeones serán elegidos por un juez imparcial: el cáliz de fuego.
Dumbledore sacó la varita mágica y golpeó con ella tres veces en la parte
superior del cofre. La tapa se levantó lentamente con un crujido. Dumbledore introdujo una mano para sacar un gran cáliz de madera toscamente tallada. No habría llamado la atención de no ser porque estaba lleno hasta el borde de unas temblorosas llamas de color blanco azulado.
Dumbledore cerró el cofre y con cuidado colocó el cáliz sobre la tapa, para que todos los presentes pudieran verlo bien.
-Todo el que quiera proponerse para campeón tiene que escribir su nombre y el de su colegio en un trozo de pergamino con letra bien clara, y echarlo al cáliz -explicó Dumbledore- Los aspirantes a campeones disponen de veinticuatro horas para hacerlo. Mañana, festividad de Halloween, por la noche, el cáliz nos devolverá los nombres de los tres campeones a los que haya considerado más dignos de representar a sus colegios. Esta misma noche el cáliz quedará expuesto en el vestíbulo, accesible a todos aquellos que quieran competir.
»Para asegurarme de que ningún estudiante menor de edad sucumbe a la tentación -prosiguió Dumbledore- trazaré una raya de edad alrededor del cáliz de fuego una vez que lo hayamos colocado en el vestíbulo. No podrá cruzar la línea nadie que no haya cumplido los diecisiete años.
»Por último, quiero recalcar a todos los que estén pensando en competir
que hay que meditar muy bien antes de entrar en el Torneo. Cuando el cáliz de fuego haya seleccionado a un campeón, él o ella estarán obligados a continuar en el Torneo hasta el final. Al echar su nombre en el cáliz de fuego estan firmando un contrato mágico de tipo vinculante. Una vez convertido en campeón, nadie puede arrepentirse. Así que deben estar muy seguros antes de ofrecer su candidatura. Y ahora me parece que ya es hora de ir a la cama. Buenas noches a todos.
-¡Una raya de edad! -dijo Fred Weasley con ojos chispeantes de camino hacia la puerta que daba al vestíbulo- Bueno, creo que bastará con una poción envejecedora para burlarla. Y, una vez que el nombre de alguien esté en el cáliz, ya no podrán hacer nada. Al cáliz le da igual que uno tenga diecisiete años o no.
-Pero no creo que nadie menor de diecisiete años tenga ninguna
posibilidad -objetó Hermione- No hemos aprendido bastante...
-Habla por ti -replicó George- Tú lo vas a intentar, ¿no, Nix?
Lyra sonrio al instante.
-Me encantaría pero mi... -Lyra estaba apunto de decir papá pero se acordo que los gemelos no sabian que se hablaba con Sirius- ...abuela me mataria.
Cuando llegaron a la sala común de Gryffindor, Hermione y Lyra se fueron derecho a su habitación.
-No puedo creer que les gusten esas rubias que hablan como la mierda y...
-Ya te entendí, Nix -dijo Hermione poniendose el pijama- Todas ellas parecen muy delicadas, para mi no son candidatas para el torneo...
-¿Viste como Harry miro a la china de Ravenclaw cuando dije que nosotras eramos más lindas? -dijo Lyra ayudando a Apolo a subirse a su cama- Ni que ella fuera hermosa, estoy siempre junto a Harry ¿El no se da cuenta que yo soy mucho más linda?
Hermione tosió para tapar su risa.
-¿Estas celosa?
-Por supuesto que si, no puede ser que le parezca linda ella cuando tiene a semejante bombón al lado -dijo señalandose ella misma.
Hermione sonrió mientras negaba con la cabeza.
-Que gran autoestima...