Nate Decidimos que lo mejor sería descansar hoy y organizarnos mañana. El cansancio pesaba sobre nosotros como una manta de plomo, y la idea de irme a la cama con Lena a dormir me estaba tentando más de lo que quería admitir. Subimos la escalera hasta su habitación, cada paso resonando en el pasillo silencioso. Al llegar, Lena abrió la puerta y entramos. La habitación estaba sumida en una penumbra cálida, iluminada solo por la suave luz de la luna que se filtraba a través de las cortinas. Me detuve un momento, observando el espacio que se había convertido en nuestro refugio. Había una mezcla de su aroma y el mío, una combinación que me resultaba reconfortante. Lena se giró hacia mí, sus ojos reflejando el mismo agotamiento que sentía yo. Nos acercamos el uno al otro, dejando que el

