Lena Lo seguí de cerca, mi corazón latiendo con fuerza. El hilo de humo parecía tener vida propia, serpenteando por el aire y llevándonos fuera de la habitación. El pasillo estaba oscuro, y cada paso resonaba con un eco siniestro. El silencio era casi opresivo, roto solo por el chasquido ocasional del móvil de Nate. —¿Crees que esto tenga algo que ver con el rector? —pregunté, tratando de mantener la calma. Sentía un nudo de ansiedad en el estómago, la incertidumbre mezclada con el miedo. —No estoy seguro, pero lo averiguaremos —respondió Nate, su voz un susurro tenso en la penumbra. El hilo de humo nos condujo fuera de la casa directo a la Academia, por un laberinto de pasillos, cada uno más oscuro y retorcido que el anterior. La tensión en el aire era palpable, y cada sombra parecía

