Capítulo 3

2219 Palabras
Oigo que tocan la puerta de mi habitación con insistencia, pero sigo con mis ojos cerrados.  - Renn. - me llama mi madre desde el otro lado de la puerta. - ¿Si? - digo entredormido.  - Despierta hijo, que ya es tarde. Baja a desayunar.  - Aja... - logro decir, mientras vuelvo a caer en mi sueño.  Ese en el que no tengo que casarme y puedo seguir mi vida tal cual era hasta hace 48hs atrás. Donde al despertarme en el yate, salgo a cubierta y puedo ver todo el Mar Mediterráneo, además de unas bellezas recostadas en sus reposeras con sus diminutos bikinis, bajo el sol, esperando que les pase bronceador por la espalda.  Y otra vez el molesto ruido de que tocan mi puerta me saca de mi sueño.  - Renn. - vuelve a decir mi madre, pero está vez con tono más firme. - He dicho que te levantes, estoy respetando tu privacidad, pero voy a entrar de todos modos si no te veo abajo en 10 minutos.  Suspiro y abro mis ojos.  - En 10 minutos estoy abajo.  - Ahora tienes 9. Date prisa. - oigo sus pasos alejarse.  Agarro mi celular, que está sobre la mesa de noche. Se me cae de las manos al ver la hora que marca.  - ¿¡SON LAS NUEVE DE LA MAÑANA!? - exclamo.  Debo tener mal el horario.  - No hermano, no es lo que piensas, no tienes mal el horario, son las nueve. - oigo la voz de Arwen desde afuera, al pasar por mi puerta. - Te veo abajo.  - Dios, ¿¡Por que a mi!? - me quejo con fastidio.  - Porque eres el más vago. - oigo la voz de Rocco.  - ¿Es que acaso hay una reunión afuera de mi puerta?  - Si. - ríen Arwen y Rocco.  - ¡Largo! - Tienes 7 minutos ahora. - dice Rocco.  - Mierda. - me levanto de un brinco.  Rápidamente me meto en mi baño, me cepillo los dientes, me enjuago la cara y salgo. Me pongo un jean y una remera blanca, por ultimo unas zapatillas. Bajo y me dirijo hacia el comedor, donde ya se encuentran desayunando.  - Justo a tiempo. - dice mamá.  - ¿Qué se siente levantarse temprano hijo? - pregunta papá divertido.  - Una experiencia única. - me acerco hasta él. - Feliz cumpleaños viejito. - lo abrazo. Al separarnos me mira con fastidio. Odia que use esa palabra. Río.  - Esas ojeras indican lo contario. - señala Arwen.  -Es algo de jet lag. - me siento en la silla vacía que está al lado de Rocco. - Oye se me acaba de ocurrir algo. - le susurro. - Que dices si tu y yo tomamos algo de dinero de la caja fuerte y nos largamos de aquí. Tú tienes la clave y se que no eres de la clase fiestera pero, conozco un buen lugar en Miami donde hay una gran variedad de chicos lindos, son jóvenes y musculosos, y hasta te hacen shows de lo que quieras, podrían hacerte de top gun, ya sabes, si es que te gusta esa onda, no es mi tipo, pero bueno. Total como ya estas por separarte. Siento que alguien se detiene detrás nuestro, giro mi cabeza y veo al tío Jude, quien nos dedica una mirada y sigue caminando. Vuelvo mi vista a Rocco, quien me observa de la forma en la que un puma ve a un conejo.  - Te recuerdo que no puedes estrangularme.  - ¿Quieres probarme?  - En realidad no, te vi mandar al hospital a ese sujeto del clan con solo un movimiento. Tengo pesadillas desde entonces.  - Te aseguro que Brian también.  - Tranquilo Dark Lord, que ahora mi vida está asegurada ya que tengo que hacerme cargo del clan.  - Estoy seguro de que tú padre puede aguantar hasta que Arwen llegue a la mayoría de edad.  - Oí mi nombre, ¿Qué tanto cuchichean ustedes dos? - exige saber mi hermana.  - Nada. - decimos a dúo. - Ay dios, si son dos noviecitos que están de acuerdo en todo. - bromea ella.  - Ya no más, ahora él va a tener esposa. - dice Renn burlón. Lo pateo por debajo de la mesa.  - Aún no terminamos nuestra conversación de ayer. - dice papá.  - ¿¡Es que hay algo más!?  - Detalles menores.  - Papá, ¿Yo también tendré que casarme con alguien que tú digas? - pregunta Arwen.  - ¡Claro que no! - exclama mi padre, haciendo que salgo su lado de padre sobreprotector. - Ningún hombre va a ser lo suficientemente bueno para ti, nunca. Mejor aún, aléjate de los muchachos. - Kian. - lo regaña mamá.  - Son todos unos asnos.  - Gracias, fingiré que no me he ofendido. - digo.  - Sobre todo tú. - sigue diciendo papá.   - Tienes que admitir que tú no te quedas atrás. - dice Jude. - Ni en tú cumpleaños dejas de rezongar.  - Jude tiene razón, tengamos un día en paz. - pide mamá. - Que estamos todos reunidos.  Hicimos lo que mamá pidió y seguimos desayunando en paz. Pero, ya saben lo que dicen, la paz dura poco.  - ¿Entonces vamos a seguir adelante con esto? - pregunto con fastidio, sentado en uno de los sillones individuales que están frente al escritorio de mi padre, mientras este está en su silla, fumando. - Por cierto, ¿No deberías dejar eso? Podría darte un infarto.  Me mira molesto. - Tú te estás buscando que te exilie del país. Y volviendo a tú pregunta, ¿Es que no has oído nada de lo que hablamos ayer?  - Te estaba dando otra oportunidad para que me dijeras que es una maldita broma... o que cambiaste de opinión en todo caso.  - ¿Tú dándome otra oportunidad? Somos nosotros los que te estamos dando otra oportunidad Renn. - me observa serio, con esa mirada firme y penetrante. - Ya nos cansamos de tus actitudes de niño malcriado.  - Pues, ¡Hay otras alternativas! Entrenaré con Rocco, te acompañare al trabajo... no sé... pero, no casarme.  Queda pensativo. Su mirada se relaja y parece que está por decirme algo, pero hace como un clic y vuelve a quedar serio.  - Necesitamos está alianza. Y la familia Martínez se ha manejado de esa forma por generaciones, son sus tradiciones.  - ¡No somos los Martínez!  - Pronto seremos una sola familia.  - Con mamá son unos hipócritas. Siempre hablando de lo mucho que tuvieron que luchar para estar juntos y en cada aniversario, ese discurso de que son alma gemelas y toda esa mierda. Y ahora fuerzan a su hijo a casarse con alguien a quien no solo no quiere, sino que ni siquiera conoce.  - A ver cuando empiezas a madurar de una vez y te das cuenta de que no todo en la vida son tus fiestas, tus viajes, hospedarse en habitaciones de hotel y comer en restaurantes. Vives en tu propia burbuja y no te importa nadie más que tú mismo.  - ¡Eso no es cierto! - Pruébalo. A ver que tanto puedes comprometerte con algo.  - ¿Y si no funciona? Todo esto con la chica. - digo. - Una "relación" - hago comillas con mis dedos. - Es de a dos.  - Tienes que demostrarme que tú pones todo tu empeño en que funcione. - dice. Queda callado unos segundos. - Y si no funciona, por ella digamos, pues... buscaremos otra forma.  - ¿Casarme con la siguiente de la lista? - No. Otra forma de que te comprometas con tú familia, sin casarte.  - ¿Y no puede ser esa la primera opción?  - ¿Qué parte no entiendes de que necesitamos está alianza? - dice molesto.  - Entonces, a ver si entendí, si yo pongo todas mis ganas en que funcione esa relación falsa, pero ella no pone de lo suyo, ¿se cancela la unión?  Me mira por unos segundos. - Si. - dice al fin. - Supongo que si.  Alabado seas dios. Parece que ya tengo una salida de todo esto.  ***** Por la noche, cuando termino de ducharme, me visto con el pantalón n***o de vestir, unos zapatos negros, la camisa blanca con los primeros botones desprendidos y encima el saco n***o. Salgo de mi habitación y bajo.  Al llegar a la sala, veo que ya están casi todos.  El tío Hayes me mira con una sonrisa al verme.  - ¡Pero si el más guapo de la familia ha regresado!  Lo abrazo y luego al tío Hardy. Ambos son los mejores amigos de mi padre, desde que él era muy pequeño, además de que los dos están en el clan. Hardy se encarga de todo el papeleo y lo legal, es abogado y Hayes hace... bueno, digámosle que se encarga cuando no quieres hacer las cosas por las buenas.  - Por cierto, ¡Felicidades! - me felicita el tío Hardy con una sonrisa.  - ¿Felicidades? ¡Lo están obligando! - exclama el tío Hayes.  - Vaya... alguien que por fin me entiende. - No lo estamos obligando. - dice papá.  - No recuerdo que hayamos debatido está cuestión.  - Te dimos dos opciones y tu elegiste una. - responde papá. - Si, ¡Una peor que la otra! - me quejo.  Mamá se acerca. - Suficiente con ese tema, dejemos el drama por una noche. - al decir la palabra "drama" me mira. - Ahora, todos a sentarse.  - Tío Hayes, ¿no quieres adoptarme?  Lanza una carcajada divertida. - Que buen chiste. - camina junto con los demás hacía el comedor.  - No era un chiste.  - me digo a mi mismo desanimado.  Nos sentamos en la mesa.  - ¿Cuánto falta para comer? - pregunta Hayes. - Muero de hambre.  - Faltan Eric y Marlon. - le responde Hardy.  - Como siempre. - agrega papá.  - ¿Cuándo en su vida han sido puntuales? - le dice mamá. - Así que no se vengan a hacer los sorprendidos ahora.  - Al menos yo quedo como puntual. - digo.  - Ahí tienes un parámetro de lo atrasados que vienen. - dice papá.  - Aquí estamos, aquí estamos. - oímos la voz del tío Eric acercarse.  - ¡Al fin! - se queja Hayes cuando entran los dos al comedor.  - ¿Es que quieres comer a las 7 como los ancianos de los asilos? - dice la tía Marlon. - Aunque de igual forma no estás tan lejos.  - ¿Acaso no es donde dejas a Eric cada noche? - contrataca Hayes.  - Oye. - se queja el mencionado.  - Una sola cosa he pedido, ¡paz! - se queja mamá. - Quiero a todos sentados y callados, comiendo la comida que empieza a enfriarse. - agrega en ese tono mandón y firme.  Los recién llegados se sientan. Cuando ella mueve su cabeza en señal de aprobación todos empezamos a comer.  - ¿Y como te tratan los 64, Kian? - pregunta Hardy divertido. Mamá suelta los cubiertos sobre el plato con fastidio y mira al tío. -¿Y yo que dije?  No puedo evitar reír y los demás se unen a la risa.  - No veo lo chistoso. - dice papá.  Maldita familia. Me hace imposible odiarlos.  Al terminar de cenar, pasamos todos a la sala, donde pusimos algo de música y Arwen nos convenció a todos de jugar Charadas, que es su juego favorito.  - Una ultima partida, que es la del desempate. - dice mi hermana.  - Necesito otro trago entonces. - dice papá y se para. Se dirige hacía el bar que está en un esquina de la sala. - ¿Quién más quiere?  - Yo también. - dice Hardy se para detrás de él, junto con Eric y Hayes.  - ¿Qué categoría ahora? - pregunta Marlon.  - Personajes históricos. - dice Arwen.  Rocco se para y se une a lo que parece ser una mini reunión en el bar. La curiosidad me gana y me paro, luego de hacer fondo a lo que tenía en mi vaso. Al estar más cerca, oigo el tono neutro con el que hablan, lo que indica de que es algo serio.  - Aún tengo que hablarlo con él. - dice Eric. - Por más que lo sabe, no significa que lo aprueba.  - Yo hablaré con él. - dice Hardy. - Le explicare todo para que sepa que hacer y le enseñare, no lo dejaré solo. Al menos no hasta estar seguro de que puede tomar mi lugar.  - ¿Qué hay del informático? - pregunta papá a Rocco.  - Aún estoy en eso.  - Lo mismo que dijo Hardy va para mi. - dice Eric.  Y ahí lo entiendo.  - ¿¡Qué!? - es lo unico que me sale decir. Los cinco me miran.  - Renn... - dice papá.  - ¿¡Todos se van a retirar!?  - Ya se que estamos barbaros sobrino, pero tenemos la edad de tú padre. - dice Hayes.  - Carajo... - sigo en shock. - Todos se van a ir.  - Hijo, tranquilo. - trata de calmarme. - Una nueva generación tiene que tomar el cargo del clan.  Mierda...
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