Volvimos a la casa e hicimos como si nada paso. Aunque yo no podía sacarme el beso de la cabeza. Disfrute tanto besarla. Sentí un cosquilleo en mi estomago y el vello de mi nuca se erizo. Hacía un tiempo que un beso no me hacía sentir de esa manera. El camino de vuelta fue silencioso, pero aún así no era algo incomodo. Cuando estamos en nuestro departamento, en Nueva York, solemos estar muchas veces solos en silencio y nunca es incomodo. Creo que nunca tuve eso con alguien. No tener esa necesidad de decir algo. Y se siente bien. Es como tener una pausa de uno mismo. Estoy terminando de vestirme, ya que ahora por la noche saldremos todos a cenar. Me observo y me acomodo el saco, mientras me miro en el espejo que tiene una de las puertas del armario, cuando la puerta del baño de abre y

