Jazmín.
La propuesta de trabajo que nos había presentado la doctora Brankovič es demasiado buena para negarse a intentarlo. Ella es una muy buena profesional, lo mismo que nos explicó no los dio en una carpeta donde estaban todos los ensayos clínicos sobre este nuevo tratamiento que quiere implementar con nuestro hijo. Es algo experimental, por lo que estuve leyendo e informándome ha traído grandes cambios y soluciones a los problemas de personas que son ludopatas como lo es Cayden desde hace cinco años.
Esto es mi última esperanza, hemos intentando todo, siempre falló en él. Todas las noches me encierro en el baño a llorar por mi pequeño hijo, las adicciones son difíciles más cuando vez como le está consumiendo la vida a una de las personas que más amas en este mundo.
Mi Cay necesita ayuda, grita por ella y por eso se que no me voy a rendir sin haberlo intentado todo.
— ¿Qué dices? — pregunta mi esposo tomando mi mano.
— Qué lo intentemos, en ese centro lo están drogando por su mal manejo de la ira y no quiero más adicciones para nuestro hijo — le pido mirando para otro lado.
No es nada lindo ver a tu hijo sufrir, no quiero más de esto para Cayden.
— Tú sabes mejor de esto que yo, no entiendo mucho y si me dices que le hará bien, lo haremos a todo o nada — declara Demian determinado.
Esto es a todo o nada.
— Debemos hablar con la familia, necesitamos un apoyo completo ...
— Y también le hablaremos a Alex, ahora que es el encargado del bufete podemos hacer que vuelva a trabajar, por lo poco que entendí del informe dice que tiene que volver a una vida normal y me gustaría que retome su profesión, es un buen abogado aunque él se autoboicotea — agrega suspirando.
— Tienes que hablar con Ellie — le pido.
Demian suspira sabiendo que tiene la tarea más difícil y eso es hablar con nuestra hija, Ellie. Ella es la que más enojada está con su hermano, no quiero justificar a Cayden, esta mal todo lo que hizo, pero el contexto, la situación y sus adicciones lo llevaron a equivocarse de esta forma.
Somos seres humanos, nos equivocamos y lo importante de la vida es darse cuenta de los errores para hacer algo para cambiarlo, Cay es consciente de lo que hizo, pidió disculpas, también dejó que intervenga en todo, eso muestra que quiere cambiar, solo que todo esto lleva tiempo, cosa que no estaría entendiendo mi hija en estos momentos.
— Espero que entienda — murmura pasando su mano por su cabello canoso.
— Es difícil tratar con una mini versión tuya — bromeo sonriendo.
Mi esposo solo niega la cabeza divertido, pero sabe que tengo razón, nuestra hija Ellie es la personalidad de Demian, solo que potenciada a la milésima, es una cabrona cuando quiere y eso es lo que la hace que las personas a veces decidan alejarse de ella.
Algo dentro mío, mejor dicho mi instinto de madre me decía que confíe en la doctora Brankovič y lo iba hacer, la vida de nuestro hijo estaba en sus manos.
***
Cayden.
Dos meses.
Llevaba dos meses en este maldito centro y cada día odiaba más en este lugar, lo único bueno es ella, la loca doctora que tiene la capacidad de sacarme de quicio con una sola palabra mordaz que sale de su boca. Detesto que tenga razón, pero creo que en su punto ser de esa forma es lo que me deja a mi pensando en todas mis mierdas.
Mi pasado es una mierda, no puedo lidiar con el mucho menos contarle eso a la doctora.
No quiero que me vea de otra forma.
— Tiene visita, señor — me dice una de las enfermeras de la institución.
Suspiro sabiendo que pueden ser mis padres, solo que hoy es uno de los días que no tengo muchas ganas de conversar con ellos, no quiero lastimarlos más y se que con mi jodida manera de ignorar sus visitas los lastimo a ambos.
— ¿En el mismo lugar de siempre? — le consulto a la enfermera.
— No, es la otra sección — marca el área contraria donde se encontraba la sala de visitas.
Sin quejarme, camino a donde me dice, el pasillo está solitario y eso me hizo fruncir el ceño confundido. Solo había una sola puerta, por eso ingresé sin tocar llevándome la peor sorpresa de todas.
No él no podía estar aquí.
— ¿Qué demonios? — mascullo al verlo sentado con ese aire de superioridad.
— Debemos hablar — ordena con seriedad.
— Ni en tus putos sueños — gruño queriendo huir de esa habitación.
— Hijo — me llama haciendo que gire bruscamente y lo mire de la peor forma.
No soy y nunca seré su hijo.
— No vuelvas a llamarme de esa maldita forma — digo cabreado.
— Sabes que soy tu padre ...
— Que hayas donado esperma para mi concepción no te hace digno de que puedas llamarte padre, no soy tu hijo y debes entenderlo, maldita sea — digo conteniendo mis ganas de romper todo.
No debo dejar que mi ira me traiga problemas.
— Cayden, la mafia te necesita — suspira. — tu hermana no puede manejar tremenda responsabilidad — agrega.
— Me importa una mierda tu mafia y tu hija. Ni ella ni tú son nada para mi vida, Garcia — sentencia lleno de impotencia.
No quiero nada que venga de José Luis Garcia, muchos menos quiero que su maldita organización criminal española este en mis manos.
No quiero nada, absolutamente nada de este hombre.
— No nos puedes dar la espalda...
— ¿A caso eso no fue lo que tú hiciste conmigo? — ironizo.
— Las cosas son diferentes, tu madre era una puta y tenía mis dudas ....
Suelto una risa que interrumpe su discurso.
— Si era una puta, no tienes idea de todo lo que viví a su lado, golpes, abusos e infinidades de cosas, mi única familia fue mi hermana y las personas que me adoptaron, me dieron una vida y así con todas mis equivociones igual quieren ayudarme ...
— Cayden — trata de frenarme.
— ¡No! — grito. — Hace cinco años jodiste mi vida con tu presencia, vete con todas tus mierdas y deja de joderme porque no seré tu sucesor, para eso tienes una hija — agrego a nada de explotar.
José Luis Garcia, es mi padre biológico y al parecer es el líder de una mafia española llamada La Garduña, la cual debo tomar el mando al ser su único hijo varón.
— Ella es una inútil y su esposo no sirve ni para matar a la zorra de la hija del líder de la mafia Italiana — me mira a los ojos. — Por eso necesito a mi hijo, se que tú podrás con ello ...
— No soy tu hijo, maldita escoria — grito.
Mi frecuencia cardíaca y respiratoria están en su más alto nivel, siento que estoy por explotar generando uno de mis ataques de ira.
— ¿Qué sucede? — pregunta una voz que reconozco a la perfección y la veo entrar a la habitación.
— Vete — le pido de la peor forma.
— No — responde con seguridad y mira a la escoria. — ¿Quién es usted, señor? — consulta con su ceño fruncido.
Mi supuesto padre se acerca a nosotros y sonrie de lado.
— Ni una palabra a nadie, linda — dice y vemos como saca una pistola detrás suyo apuntando directo a la doctora — Esa boquita linda no va decir nada ....
Él no puede terminar de decir nada cuando ella con su puño golpea su muñeca generando que caiga la pistola, la veo levantar su pierna para darle una patada en el pecho que lo hace retroceder y por último toma el arma para ser ahora la que lo apunta con seguridad.
— Esta boquita linda te da cinco segundos para que salgas de esta institución — le habla son dejar de apuntarlo.
— Las cosas no se quedarán así — la amenaza.
Las escoria levanta su cabeza como haciendo que nada pasó y sale de la habitación provocando que me recuesta sobre la pared abrumado.
— Cuenta hasta diez — me pide poniéndose en frente mio.
Ni contando hasta cien mil podría calmarme.
— Déjame solo — suplico.
— No, no voy a dejarte solo — contesta.
— Vete — repito.
— Mírame a los ojos — habla y la observo con el arma en su mano. — ¿confías en mí? — consulta y asiento a su pregunta.
Solo había una única persona que confiaba dentro de esta institución y esa es ella.
— Si tú tienes un ataque de ira, van a doparte y no queremos eso — me recuerda.
— Necesito un abrazo — murmuro.
La doctora no duda y siento su cálido cuerpo al abrazarme como le pido.
— Todo esta bien, confía en mi — me pide sin soltarme.
Tampoco quería soltarla.
¿Confío en ella?
No sé porque, pero es en la única en quien confío.