Mirándolo fijamente a los ojos mientras temblaba, se tensaba y chillaba. Una dicha gozosa la inundó, convirtiendo sus extremidades en goma mientras se desplomaba contra él. Alaric sacó las manos de sus bragas y le agarró el trasero. Riendo entre dientes, las levantó y volvió a acostar a Cassya sobre su escritorio. Fingió lamer los dedos que había introducido en ella, luego le bajó las bragas de las caderas y las piernas, dejándolas enganchadas en un tobillo. Se inclinó sobre ella, acariciándole la mejilla con el pulgar, sobre los labios, y lo puso entre ellos para que lo chupara. —Decisiones, decisiones —dijo con tono seductor—. ¿Sigo jugando contigo un poco más? ¿O hago lo que he querido hacer durante las últimas dos semanas? Como si respondiera a su pregunta, Cassya bajó la mano hasta s

