El peso de la desesperación El aire húmedo y cargado de moho hacía difícil respirar. Valentina sentía el sudor frío en su espalda mientras su mirada se posaba en Gabriel, quien forcejeaba con las cadenas que lo mantenían sujeto a la pared. Sus muñecas estaban enrojecidas por el esfuerzo, pero la furia en sus ojos oscuros demostraba que no se rendiría. —Déjalo, te lastimarás más —susurró ella, con la voz tensa. Gabriel dejó escapar un gruñido frustrado y apoyó la cabeza contra la pared de piedra. —No pienso quedarme aquí sin hacer nada. Valentina tragó saliva. Estaban atrapados, vulnerables, y aunque aún no entendían completamente quién los había capturado, sabían que no era solo un simple secuestro. Esto tenía un propósito. Un sonido de llaves girando en la cerradura los alertó. Vale

