La Primera Noche La ceremonia había sido breve, casi mecánica, pero el impacto de lo que acababan de hacer pesaba sobre Valentina como una losa. Ahora era la esposa de Gabriel. El anillo en su dedo se sentía como un grillete. Mientras caminaban fuera de la pequeña iglesia dentro del fuerte, la brisa fresca de la noche la golpeó, pero no logró calmar el torbellino dentro de su pecho. Gabriel iba a su lado, su expresión endurecida, pero su agarre en su mano era firme. No le gustaba esta situación más que a ella, pero ahora estaban unidos por un lazo que ninguno de los dos podía deshacer. —Llévala a la habitación —ordenó el capitán a uno de los guardias. Valentina sintió el peso de muchas miradas sobre ellos. No eran miradas de celebración, sino de expectativa. Esperaban que consumaran

