Días después…
Lili terminaba de sembrar algunas verduras junto a sus hijos cuando llegó la ama de llaves. “Señora, tiene una visita”. Lili se levantó limpiando sus manos, mirando el sendero de tierra que conducía a la siembra, Omar caminaba hacia ellos con una gran sonrisa.
Bruno y Clara también se levantaron para recibirlo.
Omar al llegar abrazó a Lili. “Hola”.
Beso su mejilla mientras ella le regalaba una gran sonrisa. “¡Oye! volviste rápido”.
Omar afirmó nervioso. “Si, te extrañaba”.
Lili se palmeó el pecho. “¡Qué lindo!”.
Bruno se acercó. “Hola”.
Clara estaba detrás de su madre mirándolo fijamente.
Omar saludo a Bruno. “Hola… ¿Qué hacen?”. Los examinó estaban llenos de tierra y llevaban sombreros que los cubrían del sol.
Lili le mostró. “Estamos plantando algunas verduras”. Omar se arremango la camisa. “¿Puedo ayudarlos?”.
Los tres se miraron entre sí, Lili le advirtió. “Te ensuciaras…”
Omar la tranquilizó. “Está bien, tengo ropa en el auto”.
Lili ladeó un poco su cabeza mirando al hombre, Bruno le entregó una de las pequeñas palas y juntos se agacharon a empezar a cavar.
Clara estaba cerca de su madre vigilando a Omar, Bruno ya le había dicho que tenía que darle la oportunidad, mamá necesitaba un esposo que le diera muchos regalos.
Omar sudaba por todas partes, Lili solo se burlaba, él no llevaba sombrero, llevaba pantalón y camisa de vestir y estaba haciendo el trabajo duro, Clara se alejó de su madre y caminó hasta donde tenía una carretilla, buscó entre las cosas y caminó hasta Omar despacio,
Lili la vigiló de reojo, estaba asombrada no podía creer lo que su hija iba a hacer.
Clara se detuvo frente a Omar, él levantó la mirada quedando frente a frente contemplando a la pequeña. Se quedó en silencio. Su parecido con Lili era enorme pero esos pequeños ojos verdes, eran muy cálidos e iguales a los de Roger. No podías negar que él era su padre.
La niña estaba indecisa y solo lo miraba, segundos después, Clara sacó de detrás de su espalda, el sombrero que estaba escondiendo y se lo entregó tímidamente.
Omar miró el sombrero y luego a ella regalándole una gran sonrisa. “Gracias”.
Clara le devolvió una pequeña sonrisa y corrió de nuevo con su madre.
Bruno también estaba atónito y feliz. Apreció el momento.
El ama de llaves llegó con limonada y algunos bocadillos que todos comieron juntos cerca de la sombra de un gran árbol.
Desde lejos, los abuelos contemplaban a los cuatro, la señora María esperanzada se abrazó a su esposo. “Espero que Omar le traiga felicidad a mi querida Lili, se la merece”.
El abuelo se quedó pensativo, él también lo deseaba, pero sabía bien que Lili no había olvidado a Roger. “Yo también lo espero”.
Lili curioseó la ropa de Omar, estaba empapado en sudor y tierra, ella esbozo una sonrisa. “¿Cuántos días estarás en la isla?”.
Omar tomaba un sorbo de su limonada, levantó la vista mirándola. “Por lo pronto una semana”.
Lili pensó. “¿Te quedarás en la hacienda?”. Ella solo quería comprobar que estaba dispuesto a aceptar su invitación.
Omar sonrió pícaramente. “Si, acepté tu invitación, por eso estoy aquí… Espero no molestar”.
Lili negó feliz. “Vamos para que te des un baño y descanses”.
Todos se levantaron, los gemelos estaban atentos a toda la interacción entre los adultos.
Por la tarde fueron a la pequeña ciudad, ahí estaban a semanas de inaugurar un centro de cuidado a la flora y fauna de la isla, el gobierno junto con beneficiarios apoyaba el proyecto, también se crearía un puente subterráneo, ya no necesitarían usar tantos barcos cargueros entre el país y la isla.
Había mucha gente en la calle arreglando sus locales y preparándose para la gran fiesta.
Omar pasó toda la semana en la hacienda, paseo con Lili y los niños por los sembradíos, ayudó a plantar flores y semillas, dieron paseos por la playa y por las noches cenaban todos juntos en familia, se sentía muy bien y desestresado, converso de muchas cosas con el señor Arturo y ayudó a Bruno con algunas partituras, Clara ya no era tan reacia a estar junto a él, aunque no dejaba que la tocara ella se había acercado más con el pasar de los días.
La relación con Lili se hizo más apegada, ellos pasaban tiempo juntos y solos, conversaban de miles de cosas y poco a poco se formaba un vínculo entre ellos, tanto que a pesar de que solo era una semana de descanso ya había pasado casi un mes. Omar seguía negándose a regresar y se había pospuesto la gira.
Una noche estaban todos en el restaurante, Lili no se sentía bien desde temprano y su garganta le molestaba, alondra se acercó. “¿Podrás cantar así?”. Ella tocó su frente. “Estás ardiendo. Será mejor que descanses”.
Lili negó. “Pero, Bruno tendrá que hacerlo solo”.
Omar sugirió. “¿Qué les parece si yo acompaño a Bruno esta noche?”.
Todos se miraron entre sí, a Bruno se le iluminaron sus ojos. “¡Es buena idea!”.
Lili estaba apenada. “No quisiera molestarte, estás de vacaciones”.
Omar acarició su hombro. “No es molestia, además ustedes me han dado hospedaje por tantos días quiero devolver el favor”.
Lili lo pensó por un momento y examinó las caras de todos, ellos esperaban su respuesta. Ella suspiró. “Está bien”.
Bruno se puso feliz y llevó a Omar tras bambalinas para prepararse.
Alondra le entregó unas pastillas a Lili. “Omar ha congeniado muy bien con todos”.
Lili afirmó. “Si, es un gran hombre”.
Alondra siguió. “Y muy guapo”.
Lilia sonrió asintiendo. “Mucho”.
Alondra negó resoplando. “No se porqué va tan lento., ya debería haberte pedido que salieran”.
Lili se burló de la mujer. “No estés ansiosa, si algo se da entre nosotros pasará, si no, seguiremos siendo amigos”.
Mientras ellas hablaban, el escenario se iluminó, presentaron primero a Bruno quien empezó tocando el piano y después apareció Omar, mucha gente en el restaurante lo reconoció y sacaron sus teléfonos para grabarlos, Lili muy nerviosa observó a la gente y se mordió el labio. Alondra también notó lo que hacía la gente. Bruno es muy bueno en la música y tiene un camino por recorrer”. Lili asintió quedándose en silencio para escucharlos tocar juntos.