Roger salió de la oficina después de un arduo día de trabajo, llegó a la mansión, al entrar su madrastra ya lo esperaba. “¡Roger!” El no se detuvo, la ignoró caminando hacia las escaleras.
“¡Roger!”. Se escuchó la voz chillona y lamentable. La pensión que se les daba no costeaba todos sus gastos y tenía que rogarle a Roger que ayudará a su hijo en los negocios. Desde que perdió las acciones, vivían de forma precaria.
Al fin se paró en el primer escalón y se giró para ver a la mujer. “¿Qué quieres?”. Le dijo fastidiado.
La mujer se acercó apretando los puños y tragándose su orgullo. “José necesita dinero para hacer unos negocios”.
Roger se burló acariciando sus labios. “¿De nuevo?”.
La mujer asintió. “Él y Bianca necesitan dinero”.
Roger la contempló por unos momentos, hace algunos años, su padre había decidido dejarle todo a su hermanastro, Roger no quería problemas y se alejó mucho más, Bianca empezó a salir con José por orden de sus padres, lo que les interesaba era que quedara con el heredero, al final cuando el padre de Roger murió y se leyó el testamento se dieron cuenta que todo era de Roger mientras que a su esposa le dejo una pequeña pensión y a su hijo menor un puesto en la empresa con pocas acciones que Roger logró recuperar con el tiempo, ya que José era un jugador.
La mujer se hincó bajando su cabeza. “Ayuda a tu hermano”. Habló suplicando.
La puerta se escuchó, José y Bianca entraron, al ver la escena José se puso furioso y corrió hasta su madre. “No lo hagas”.
Bianca miró de reojo a Roger, ella seguía enamorada de él, pero por decisiones equivocadas se casó con el hermano menor que no tenía ni un peso, solo vivían del renombre del apellido y lo que les daba Roger.
José levantó la vista mirando con odio a Roger. “¡Eres un…!”
Bianca gritó. “¡José!”. No podían perder su única fuente de ingresos, no podían molestar a Roger.
La madre de José también lo detuvo tomándolo del brazo y negaba con su cabeza advirtiéndole a su hijo que no molestara a Roger.
José apretó los labios, pero la mirada que le daba a su hermanastro era de odio puro, Roger se giró y subió a su habitación, tenían que vivir juntos por cuatro años, era una de las cláusulas del testamento, si no lo hacía perdería las acciones, la empresa y todo seria donado a casas de beneficencia, pronto se terminaría ese calvario estaba a unos meses.
Al llegar a su habitación, metió la llave en la perilla, tenía que tener mucho cuidado con los habitantes de la casa, no era seguro. Abrió y cerró con llave.
Camino por la habitación quitándose el saco, la corbata y la camisa, se recostó en la cama y sacó del cajón un pequeño prendedor color morado en forma de mariposa, Lili lo había dejado el último día que se vieron, lo acarició y jugó con el, paso sus dedos alrededor extrañando a la mujer, dejó caer sus manos a la cama y respiro profundo, quería encontrarla, no había señales de ella desde hace años ni de su padre, ayudó a Moisés con el caso para exonerar al señor Arturo, pensaba que ellos volverían pero no fue el caso, Lili nunca volvió.
Se levantó dándose un baño, se vistió de forma casual y salió de la habitación cerrando con llave, al bajar se encontró con Bianca en las escaleras al parecer lo estaba esperando.
“Roger...” Ella al verlo caminó hacia él. Levantó su mano tratando de tocarlo de forma íntima, pero Roger detuvo su mano apretándola agresivamente su muñeca. “¿Qué quieres?”. Él no estaba de humor para escucharla.
Ella bajó la mano con dolor. “Puedes… Puedes ayudarnos con este nuevo negocio”.
Roger escudriñó a la mujer tonta. “¿Todavía confías en los negocios que hace tu esposo?”.
Bianca levantó la mirada con vergüenza. “Este… puede ser bueno… José me dijo que…”
Roger no podía creer lo incrédula que era la mujer, la interrumpió antes de que siguiera. “No habrá más dinero, debes esperar la mensualidad”.
Roger caminó a la salida dejándola parada sola, Bianca se fue detrás de él. “Pero…”
Roger salió de la casa ignorándola.
José salió de la cocina mirando a Bianca, llevaba una botella de whisky en la mano y le dio un tragó largo sin nada de modales, el líquido caía por las comisuras de sus labios, Bianca solo lo miraba con desprecio, él se acercó a ella y la abofeteó. “¿Eres estúpida? ¿Cómo te atreves a rogarle por algo que nos pertenece?”.
Bianca acariciaba su mejilla mientras sus lágrimas salían, ella subió a su habitación dejando a José de pie furioso. “Voy a recuperar todo lo que es mío”.
Roger llegó al bar, miró alrededor buscando a alguien en particular, al verla sonrió saludando. Camino hasta ella. “Hola”.
La mujer al verlo se le iluminó la mirada. “Roger, es bueno verte”. Se abrazaron y tomaron juntos algunas copas. Más tarde se retiraron, Roger ayudó a la mujer a subir al auto y condujo hasta unos departamentos.
Al entrar y cerrar la puerta, Roger la tomó agresivamente del cabello, ella dejó que el saciara sus deseos, su cabello n***o se esparcía por la cama mientras Roger la allanaba agresivamente, ella sabia que él amaba a otra mujer muy parecida a ella, su trato era sexo y acompañarlo a eventos, a cambio de dinero, llevaban así algunos años, no había conversaciones, ni amistad mucho menos amor, solo cheques para que ella se quedara en silencio y lo dejara descargar su necesidad.
Al terminar, Roger se levantó colocándose la ropa, la mujer lo miraba atenta. “¿Estás molesto por algo?”. Ella había notado lo diferente que estaba hoy”.
Roger negó con la cabeza sin dirigirle la palabra, sacó su chequera y empezó a escribir. “Mañana hay un evento, compra un vestido, el auto vendrá a recogerte”. Salió del departamento para volver a la mansión.
Ella solo levantó los hombros en señal de indiferencia, ya estaba acostumbrada a su actitud, sonrió al ver el cheque en la mesita y lo tomó besándolo feliz.