Nunca en mi toda mi eternidad había visto una luz tan apagada y tan triste, estaba tan cargada de pesares y de arrepentimientos que ni siquiera podía subir a la velocidad que era para nosotros la “normal”, así que salí a su encuentro y al sostenerla en mi regazo me dieron ganas de llorar. La vida de esa pequeña alma no había sido nada buena, así que probablemente terminaría en el lugar de las almas desechadas por haber sido tan desdichadas. Sentí pena por ella, tanta que me atreví a hacer algo que personalmente nunca antes había hecho: darle una segunda oportunidad, de esas que todos merecemos. Revisé su línea temporal y la deposité en donde creí que era conveniente reiniciar y, fingiendo que lo olvidaba, dejé intactos sus anteriores recuerdos. ¿Quieren saber quién soy y cuál es mi l

