—Esta es una casa muy grande —le explicó Alex mientras salían del cuarto y cerraba la puerta detrás de ellos—. No podría oír a Marlie si se pusiese a llorar. Con este aparato estoy más tranquilo porque puedo oír en todo momento, desde cualquier lugar de la casa, hasta cómo respira. Alex se puso a preparar la cena muy dispuesto, esperando que ella se quedara tranquilamente en la cocina hablando con él. Pero a los tres minutos vio que empezaba a revolverse inquieta en la silla, incapaz de quedarse cruzada de brazos mientras él sacaba las cosas para preparar una de las cosas que mejor le salían: la tortilla de patatas. Apenas había comenzado a sacar los huevos, las patatas, la cebolla, un par de pimientos y algunas especies, cuando Bella se levantó de la silla y comenzó a sacar más cosas d

