—Veo que aún no has terminado de ordenar las cosas, ¿verdad? — comentó ella en voz alta para que él pudiera oírla. —No, aún no he tenido tiempo. Bueno, ya estoy algo más decente, ¿verdad? —dijo él pasándose la mano por el pulóver, y luego añadió mientras sacaba a la niña de la cuna —: Trata, cariño, de guardarte dentro la comida unos cuantos minutos más. Papá acaba de cambiarse de ropa. Marlie emitió un extraño sonido con la boca que Alex interpretó que quería decirle que iba a hacer todo lo posible por intentarlo. Sonrió para sí. Nunca había pensado que el sonido insignificante e ininteligible de un bebé de siete meses pudiera emocionarle hasta ese extremo. Supuso que eso le pasaría a todos los padres: asombrarse de cosas que a nadie más que a ellos llamarían la atención. —Vamos a ver

