calista no necesitaba ser adivina para figurarse lo que el hombre de la camisa manchada que tenía delante estaba pensando. Cuando Jason la llamó para saber si podría dedicarse algunas tardes a cuidar a su sobrina, le puso también al tanto, en líneas generales, de la situación en que se hallaba su hermano Alex y de cómo había llegado a ella. Aunque no había querido darle más detalles, suponía que la madre de Marlie estaba ausente. Sintió que Alex iba a necesitar mucha ayuda para amoldarse a su nueva vida: levantarse a media noche para darle el biberón a la niña, cambiarle los pañales y aprender a limpiarse la camisa cuando Marlie se la manchase. Podría empezar por esto último, se dijo ella. —Si me das la camisa, te enseñaré cómo limpiarla. Es muy importante atajar las manchas a tiempo,

