Epílogo. Cuatro años después… Camino entre las personas de forma apresurada abriéndome paso, podría decirse que había demasiadas; desventaja de venir al parque un día domingo y del niño. Estaba retrasada con quince minutos. Ciertamente, espero que no se hayan cansado de esperar por mí, no los culparía, después de todo, soy de las personas que odia esperar. Puedo sentir el candente sol quemar mis brazos desnudos. Bufo. Llevo puesta una camisa de tirantes negra que no ayuda. —¿Por qué no me puse un suéter? — Me reprocho a mí misma en voz baja. Un chico que camina cerca de mí me observa cómo se observa a cualquier demente que habla solo en las calles. Levanto una ceja y aprieto mis labios dedicándole una mirada helada— ¿Quieres una foto? —Musito con ironía. Niega e inmediatamente se aleja
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