Capítulo 1.
Me encontraba frente al espejo por milésima vez en la mañana repasando mi uniforme, aunque seguía sin convencerme, mi madre insistía en que me sentaba bien la camisa blanca manga larga de botones al igual que blazer azúl marino arriba, pantalón gabardina azul marino (no tan ajustado, pero tampoco tan suelto) y zapatos negros de secretaria con un pequeño tacón, también debía utilizar cinturón n***o, ahg. Me repaso una vez más en el espejo, no obstante resoplo resignada al igual que cada día.
Observé la hora en el teléfono: 6:40, aún me sobraba tiempo para llegar con mi tío pese a que me llevaba cada día. Tomé mi mochila para, acto seguido, salir de mi habitación, me despedí de mi madre y caminé dos calles abajo como cada día. Al llegar introduje mi brazo por una pequeña ventana que accedía al pasador del gran portón blanco— al cuál solo se tenía acceso desde adentro, un truco del que solo Isa, mi tío y yo teníamos conocimiento—, entré, subí las escaleras, caminé por el pasillo. No había nadie, lo que parecía perfecto. Entré a la habitación de mi prima sin avisar, razón por la cual esta echó un saltito en su sitio llevando las manos al pecho con los ojos bien abiertos.
—Dios santo, ¡¿quieres matarme?! —Protestó aún con la respiración acelerada.
Solté una carcajada mientras la observaba negando divertida, solo tenía la camisa azúl del colegio y estaba en bragas.
—Harás que mi tío tenga un ataque al corazón si toca esa puerta y no estás lista, ¿vale?
—Faltan 15 minutos Livvie, estaré lista. —Puso los ojos en blanco antes de echar un vistazo al uniforme y sonreír como suele hacer cada mañana al verlo— Vaya, toda una diva de la moda, ¿eh?
—Habla quien solo lleva encima su camisa azul y unas bragas.
—En mi defensa, amo mis bragas, ¿vale? Son la combinación perfecta de sexis y tiernas.
—¿Sexis y tiernas? — arrugo la nariz divertida— ¿de dónde ha salido eso? ¿De un comercial?
—Serás retrasada, ha salido de mi ingeniosa mente, Olivia Mercedes.
Esta vez suelto una gran carcajada ante el nombre “Mercedes”. — Ese nombre es horrendo, Isabela, ¿quién se llama Mercedes?
—No lo sé, espero que nadie, realmente es horrendo.
Ambas reímos e hicimos silencio mientras ella terminaba de arreglarse.
***
Una vez me encontré frente a la sede crucé la calle para ir directo al café que había en frente. Aún faltaba media hora y ahí esperaría a Karina, al igual que cada día. Me senté en la misma mesa de siempre, una al fondo junto a la ventana, desde ahí tenía excelente vista de mis compañeros. Dejé de ver la calle para centrarme en el chico que se aproximaba a mí. Le sonreí consiguiendo que él devolviera el gesto como siempre.
—¿Café n***o? —Preguntó sacando una libreta de su bolsillo junto a un bolígrafo n***o.
—Tú si sabes cómo alegrar mis mañanas, querido Gabriel— ambos sonreímos y nos miramos fijamente.
Tenia 6 meses viniendo aquí cada mañana y me conocía de sobra, era buen chico, incluso había llegado a pedirle consejos en algunas ocasiones. No era tan alto, tampoco tan bajo; flaco pero fibroso, cabello n***o y solo un poco largo, ojos marrones claro y piel blanca.
Era muy apuesto la verdad, tenía una sonrisa muy encantadora y se le hacían hoyuelos.
¡Amo los hoyuelos! Fue lo primero que llamó mi atención.
—Como ordene la hermosa dama—. Me picó un ojo divertido causando que sonriera como tonta.
Asintió y se dió la espalda para ir a preparar el café, lo observé caminar y no pude evitar mirar su trasero. Dios, era tan redondo y con ese uniforme la verdad que provocaba morderlo. Me sonrojé de pensar eso y desvié la mirada hacia la puerta en el preciso momento en el que Karina venía con una sonrisa y mirada pícara, > Sonreí y la vi sentarse frente a mí.
—Olivia, ¿de nuevo viendo el culo de ese pobre chico?
Me sonrojé aún más de ser posible, Karina sabía de mi atracción por él desde que lo ví. Se echó a reír negando con la cabeza.
—Vamos Livvie, deberías invitarlo al cine un día de estos, ya sabes, algo casual. — enarqué las cejas en forma de reproche aún sin decir nada— estamos en el siglo XXI, ¿sabías? No tiene nada de malo invitar a un chico a una salida de amigos para después meterle la lengua hasta el fondo en lo oscuro del cine…
—¡Karinaaaa!
—¡¿Qué?! Es obvio que él no lo hará, es tan lento— niega en señal de desaprobación—, tierno pero frustrante.
Resoplo frustrada, era cierto, aunque Gabriel parecía muy seguro en todo, le daba pánico escénico acercarse a una chica o eso parecía, la única vez que quiso invitarme a algo se quedó estático, no dijo palabra alguna y se marchó, así que solo se fue casi corriendo a la cocina del lugar y no volvió a intentarlo. Por mi parte no sufro de pánico a las personas o timidez, siempre era muy segura de mí misma, pero cuando se trata de él, Dios, es imposible siquiera insinuar una salida. Nuestras conversaciones solían ser muy fluidas, siempre y cuando no trataran de intentar algo más que fuese más allá de nuestra amistad.
—Lo es, no sé que me pasa con él, no soy tímida y lo sabes pero me pone de los nervios.— Mi mejor amiga soltó una carcajada estruendosa que logró atraer la atención de algunas personas logrando que el dueño nos hiciera señas con el dedo en sus labios indicando silencio.— No ayudas, mensa.
—Lo siento, Livvie— dijo entre risas ocasionando que también me riera de la situación—. La gente enamorada es tan susceptible.
—Lo confirmo— hago un puchero levantando mi mano.
Gabriel se aproximó con el café para dejarlo frente a mí, mi mirada se posó inconcientemente en su brazo donde se le marcaban las venas y cada músculo. Tragué saliva y me removí en mi sitio. Por suerte estaba ocupado sonriéndole a mi amiga y no había notado lo nerviosa que me suele poner su cercanía. Ella le devolvió de igual manera la sonrisa y ambas lo vimos tomar una silla y rodarla hasta nuestra mesa para tomar asiento.
—¿Preparadas para su día? —preguntó.
—Yo si— respondí muy orgullosa por haber estudiado a tiempo.
—Yo no—. Karina hizo un puchero fingiendo limpiar una lágrima inexistente.
—Eso no es nada nuevo en ti, Karina.
—Lo sé, pero me gusta la adrenalina— le pica un ojo ocasionando que el hermoso y fibroso chico que me encanta ría.
—¿Así justificas lo irresponsable que puedes llegar a ser en ocasiones, amiga? —enarco una ceja.
—No soy irresponsable… bueno un poco, pero es porque… no se rían, tarados.
—Ni si rian tiridos— me burlo ocasionando que Gabriel ría mucho más.
Y es que en esto consiste nuestra mañana, burlarnos una de la otra junto a Gabriel. La campana de la puerta suena indicando que nuevas personas han llegado, Gabriel echa un vistazo por encima de su hombro, hace una mueca de fastidio antes de ponerse de pie arrastrando la silla a su mesa correspondiente.
—Debo irme, pero no estén tristes, ¿vale? Siempre podemos burlarnos nuevamente el día de mañana. —pica un ojo para después alejarse de nosotras.
Lo observo un momento antes de proceder a terminar mi café en silencio mientras que Karina repasaba su exposición de hoy sobre mercadeo y ventas. Una vez termino, dejo el dinero en la mesa. Lo observo, me despido agitando mi mano en su dirección y salgo de ahí junto a mi mejor amiga.
***
Ya en la tarde las dos nos recostamos en la cama, cada una revisando su móvil en silencio; uno que se rompe en el momento en que Karina dio tal respingon en la cama sentándose, asimismo haciendo que casi salga volando mi teléfono entre saltos. Tenía sus ojos muy abiertos y cara de quién ha visto un fantasma.
Suerte que lo atrapé a tiempo o sería pedacitos de teléfono justo ahora.
Le dediqué una mirada colérica que le importó poco pese a que ahora estaba muy entusiasmada.
—Olivia...
Me observa con una sonrisa de oreja a oreja, las manos cruzadas frente a su pecho y parpadeando de manera inocente.
Oh no.
Sabía lo que significaba esa mirada, quería algo y sabía que no iba a gustarme en absoluto. La observé con los ojos entrecerrados y de manera cautelosa.
—¿Qué...?
—¿Qué te parece ir a una fiesta esta noche? —me interrumpe.
—Espera... ¿Fies...? ¿Estás loca? Sabes que tu padre no va a dejarnos.
—Él no tiene porqué saberlo—. Me mordí el interior de la mejilla nerviosa y tragué saliva. Empezaba a ponerme nerviosa la situación—. Olivia, papá no llega hasta las 5 de la mañana y a esa hora estaremos de vuelta, ¿vale?
Lo pensé un momento, me gustan las fiestas, pero no quería ocasionar problemas con su padre, era muy estricto. No permitía que Karina saliera a ningún lugar, jamás, a menos que él nos llevara, claro, siempre y cuando no fuese una fiesta. Decía que solo por tener 18 no quería decir que supiéramos todo de la vida, que lo importante era estudiar, después vendría lo demás.
Es un buen punto, pero también me parecía un poco exagerado de su parte el no dejar que saliera sola. Totalmente diferente de mi madre, quién solía otorgarme permiso casi siempre a todos lados pese a que nunca había desobedecido sus normas.
Es obvio que pedir permiso no era una opción, pero ir a escondidas tampoco me parecía la mejor alternativa. Me encontré pensando en alguna solución, pero la verdad es que solo encontré más trabas al asunto.
—¿Cómo regresaremos? No tenemos para un taxi y...
—Adam nos traerá, su papá accedió a prestarle el auto por hoy—. Me interrumpió, la miré a los ojos y seguí en silencio— Olivia, no me hagas esto, Adam me gusta…
—Desde cuarto año, lo sé— ruedo los ojos.
—… y el que quiera invitarme a una fiesta no es algo que pase todos los días, no tendré otra oportunidad, eso lo sabes.
—¿Y yo qué gano de todo esto? —pregunto de brazos cruzados.
—Yo… —Muerde su uña al parecer pensando a toda velocidad. Sus ojos se iluminan y sé que no habrá vuelta atrás— Haré tu tarea de estadística.
—Durante una semana— Propongo.
—¿Una semana? —pregunta en un chillido agudo y lamentero.
—Una semana o no hay trato.
Bufa frustrada y me observa con los ojos entrecerrados— Bien.
Sonrío satisfecha por lo que he conseguido mientras que ella me observa de mala gana.
—Más te vale borrar esa sonrisa socarrina de tus labios, Olivia Plaz. —me señala con su dedo índice.
Su amenaza lejos de asustarme me ocasiona más gracia. Ella tiene razón al decir que las personas enamoradas son susceptibles, ella es el ejemplo perfecto
No apoyaba del todo la situación, tampoco me atrevía a cuestionarla. Karina sabe lo que pienso respecto a él, no obstante, en caso de que algo salga mal, lo mínimo que puedo hacer es estar ahí para secar cada lágrima como siempre que solemos hacer en cualquier situación.
A eso de las 10:30 de la noche me senté en la orilla de la cama y la observé terminar de arreglárse, es muy bonita, su cabello n***o, super liso; le llega más abajo de la cintura, su tono de piel es blanco como un papel, pero si hablamos de su cuerpo… tiene un cuerpo bastante voluptuoso. Yo por mi parte me considero común y corriente, pues soy bajita, solo un poco rellenita, pero con forma, algo que agradecía a Dios. Mi cabello era igual de largo, pero ruloso, aunque en cuanto al color sigue siendo igual al de ella, a excepción de que mi piel es morena.
Karina ha sido mi mejor amiga desde hace 7 años, nos conocimos dos años antes de comenzar clases en bachillerato, diría que fue amor a primera vista, siempre bromeamos con eso. Pensé que al graduarnos cada quien tomaría diferentes rumbos como siempre pasa, pero no, a las dos nos gusta la administración de empresas, así que al obtener nuestros títulos tomamos un curso de capacitación que incluía nueve meses de clases más un año de pasantías, apenas llevamos seis meses y como si el destino se negara a tenernos lejos la una a la otra, nos tocó la práctica en la misma empresa.
El p**o de un auto interrumpe el hilo de mis pensamientos, por la mirada que me dedica Kara sé de quién se trata, así que rápidamente me pongo de pie para tomar mi cartera procediendo a guardar dentro de ella el móvil, me miro una vez más en el espejo para disponernos a salir.
Quince minutos después ya estábamos entrando a la fiesta, era una casa de dos plantas con una sala bastante amplia, a la izquierda había un DJ con unos cajones grandes, la música era estruendosa pero movida. Rayos, había mucha gente bailando— Y eso que solo eran las 11, Madre mía—. A la derecha habían dos sofás grandes frente a frente, dos pequeños a los lados con una mesa en medio, al lado una mesa con comida, lo que me pareció ilógico pese a que Adam nos informó que, las bebidas se encontraban en la cocina.
De igual forma nos sentamos en uno de los sofás grandes, en frente se encontraban unas personas que no conocía. Me encontraba sentada al lado de Karina y Adam al otro de manera que ella quedara en medio de ambos. Ellos conversaban entre ellos mientras que yo miraba a cualquier otro lugar. Unos minutos después de estar ahí sentada sin decir o hacer nada decidí que un trago no estaría mal.
—Iré por una bebida, vuelvo en seguida.
—De acuerdo— Los dos respondieron al unísono y rieron.
Puse los ojos en blanco y me dispuse a caminar hacia la cocina, ya que de no ser así sufriría un ataque de diabetes con tanta dulzura por parte de esos dos. Cuando me adentré en esta había un chico recostado de un mesón mientras una chica lo abrazaba del cuello, ambos reían. No notaron mi presencia, yo solo tomé un vaso con hielo para servirme un vodka. Estaba tan concentrada en mi bebida que no noté cuando dejaron de hablar, por puro instinto me giré al sentir sus miradas sobre mí, entonces me quedé estática en mi sitio al encontrarme con esos ojos marrones. El corazón se me aceleró deliberadamente por el peso que su mirada ejercía en mí, parecía que había perdido el habla. Apreté un poco más de lo necesario el agarre del vaso con vodka en mi mano, incluso tragué grueso aún sin ser capaz de moverme.
—¿Olivia? — Pronunció mi nombre con el ceño fruncido por la confusión, luego me recorrió con la mirada de arriba hacia abajo, acción tan simple que me hizo sentir tan expuesta, ¿Cómo era eso posible? Ladeó la cabeza completamente concentrado en lo que hacía.
Sus ojos se quedaron en el top n***o que tenía puesto, luego subió a mis labios pintados de rojo—esos que relamí por puro instinto mientras me pregunté que se sentiría colisionarlos con lo de él— y, por último, a mis ojos. Sin ser consciente me encontraba imitando su acción. Él tenía un pantalón n***o, camisa blanca debajo de una camisa de cuadros desabotonada, su cabello, como de costumbre, un poco alborotado. Se veía tan sexi. Mordí el interior de mi mejilla, asimismo me obligué a responder cuando volví a ver su cara, entonces fui consciente de que seguía esperando una respuesta de mi parte.
—G-Gabriel. — Mis ojos viajaron hasta la figura que seguía parada a su lado.
¿Quién era esa chica y por qué lo abrazaba de esa manera? ¿Era su novia? Jamás la había mencionado, tampoco se lo había preguntado. Pase mi vista de él a ella varias veces.
Por los clavos de Cristo.
No sabía que era más grande, si mis nervios o la rabia de ver cómo ella podía abrazarlo y yo no.
—Me sorprende encontrarte aquí, ¿con quién has venido?
—Uh, con Karina—. Respondí en un susurro, tragué saliva una vez más y pasé mi peso de un pie a otro. Cielos, esto es demasiado incómodo.
—Oh, genial—. La chica a su lado lo tomó de su brazo para acercarse a su oído y murmurar algo que, obviamente, no logré escuchar. Dejé mi vaso en el mesón de manera rápida para volverme a ellos.
—Yo... Tengo... Adiós Gabriel.
Salí de ahí como alma que lleva el diablo, regresé al sofá hecha una furia total. Karina y Adam se giraron para mirarme; la primera preocupada, segundo confundido.
—Olivia, ¿estás bie...?
—Gabriel está aquí—. La corté, Karina abrió los ojos sorprendida—. Estaba en la cocina, una chica lo abrazaba y reían... Y yo...
De repente estaba triste, ¿cómo era posible que se volviera un manojo de nervios para invitarme a salir y no para andar recostado por ahí con otra? Me sentía tan estúpida, quizá ni siquiera le gustaba, solo podía verme como amiga, ¿era eso? ¿yo había tergiversado todo?
Dios.
—¿Y te ha visto?
—Si... Parecía sorprendido, supongo que no esperaba verme aquí.
Karina no dijo nada, pero no me perdí el intercambio de miradas entre Adam y ella, se veían las caras sin saber que hacer. No los culpo, ni yo sé que hacer, si quiera sé cómo me siento.
—Livvie, podemos irnos, no tienes porque estar aquí si no quieres...
—No. —respondí tajante logrando que la cara de mi amiga se descompusiera a una de confusión.
—¿No?
—No—. Resoplé y me pase la mano por la cara frustrada—. Solo necesito un trago, he olvidado el que me serví en la cocina, pero no quiero volver ahí.
—Iré por uno, vuelvo en seguida— Adam no dijo nada más y fue en busca de mi trago. Siempre me había caído bien ese rubio, a pesar de las circunstancias.
Nosotras permanecimos en silencio, claramente ninguna sabía que decir o hacer. Tampoco es que tuviese muchas ganas de hablar en este preciso momento.
—Vale, te he traído un vodka, ¿Está bien?
—Está perfecto Adam, gracias.
Le sonreí y me tomé todo de una vez. Sentí como quemó mi garganta, así que me estremecí, Karina tenía uno en la mano, sabía que tenía intención de ingerirlo, por lo que se lo quité para beberlo igual. Me estremecí nuevamente y sacudí la cabeza.
—Vale, quiero bailar.
—Te acompaño—. Karina y yo nos dirigimos al centro de la que se suponía era la pista de baile, entonces comenzamos a movernos al ritmo de la música.
Las dos nos contoneábamos de un lado al otro disfrutando. La verdad es que por un momento olvidé todo. Nos reíamos mientras dábamos vueltas y movíamos las caderas. En ese momento llegó Adam con otros tragos, me lo bebí de un trancazo, pero esta vez no sacudí la cabeza. De hecho, lo encontraba cada vez más agradable.
—Wow, ¡Ésto es increíble! ¡Quiero otro!
Todos reímos sin dejar de bailar. En ese momento apareció Fernando— un compañero de clases nuestro en la secundaria y un buen amigo tanto de nosotras como de Adam—, nos giramos hacia él al mismo tiempo que soltamos un gritito de emoción, literalmente nos lanzamos encima de él ocasionando más ganas de reír. Karina comenzó a bailar con Adam, así que no me quedó de otra que bailar con Fer. La verdad es que solo hacíamos payasadas mientras reíamos. Ahora que me daba cuenta lo había extrañado, era muy divertido. No entiendo cómo no nos habíamos visto antes.
Así nos pasamos gran parte de la noche, bailando, bebiendo y poniéndonos al tanto de nuestras vidas.
—Entonces... Ingeniería en sistema, ¿eh?— le di con el codo y reímos.
—Pues si. Me gusta la carrera, no está mal después de todo— movió sus hombros en un gesto despreocupado.
—Eso es genial, Fer. Nosotras terminamos el curso de capacitación en tres meses.
—Vaya— me observaba atentamente—, eso es increíble. ¿Qué hay de las pasantías?
—Serán por un año.
Y, seguimos charlando un rato más en el sofá, tuve que quedarme con él ya que Karina tenía su lengua ocupada en la garganta de Adam. Por suerte a Fer no parecía molestarle mi compañía ya que no fue a otro lugar en toda la noche, solo se movió para buscar cervezas o tragos de vodka mientras que yo lo esperaba en el sofá. Yo tampoco lo hice, de cierta forma tenía miedo de encontrarme con alguna escena que me hiciera sentir peor. Pero después de cinco cervezas...
¿O seis?
Ya no lo recordaba, solo sabía que comenzaba a sentirme bastante ebria y que necesitaba hacer pis.
—Debo ir al baño, vuelvo ahora.
—Aquí estaré—. Levanto su trago a modo de brindis y se lo tomó.
Le sonreí y me giré para dirigirme rumbo al baño, me sentía un poco mareada, pero podía caminar firme. Una vez llegué al baño puse mi mano en la perilla de la puerta y… genial, estaba cerrado. Resoplé, pero me recosté de lado en la pared para esperar que lo desocuparan. De repente siento una mano en mi espalda así que me giro para saber de quien pueda tratarse, era Gabriel. Le sonrío pícaramente al tiempo que me acerco hasta quedar a centímetros de su cara. Es increíble lo que hace el alcohol, ¿eh?.
—¿Qué estás haciendo aquí, Olivia? — su aliento olía a alcohol, su voz era un poco ronca. ¿Por qué todo en él tenía que ser tan sexi y caliente?
—Pues, me divierto, ¿no me ves?
Lo miro fijamente a los ojos mientras comienzo a trazar círculos en su pecho con mi dedo. Gabriel baja la mirada hacia mi dedo, después a mi escote, mis labios y se queda ahí un momento hasta que decide volver a mis ojos. Su cara está roja pero la mantiene neutra.
—No deberías seguir bebiendo, Olivia—. La manera en que pronuncia mi nombre con esa voz tan profunda me hace apretar las piernas.
—¿Dónde has dejado a tu novia?— pregunto aún sabiendo que no me gustará la respuesta.
—Yo no tengo novia—. Ladeo la cabeza con cara de confusión.
—¿Y por qué te abrazaba esa chica?— sigo trazando círculos en su pecho y no hemos roto el contacto visual.
—Es mi prima.
¡¿Qué?!
Trago grueso. No sé que cara tengo pero debe delatar por completo mi sorpresa porque Gabriel esboza media sonrisa. Posa su mano en mi cadera e inclina un poco la cabeza.
Dios, creo que va a besarme.
Vale, también ha bebido, de no ser así no se atrevería ni a mirarme. La cabeza me da vueltas y me tambaleo, Gabriel me sostiene de la cintura con ambos brazos y quedamos aún más cerca. Nuestros labios están a un suspiro de juntarse. Huele a alcohol. Definitivamente ha bebido. Y, cuando logro rosar sus labios comienzo a cerrar los ojos lentamente...
Toda la magia del momento se pierde cuando la puerta del baño es abierta haciendo que peguemos tal respingón y nos apartemos rápidamente. Una chica pasa por nuestro lado sin prestarnos la más mínima atención perdiéndose entre las personas. Pasan unos segundos hasta que me atrevo a mirarlo, tiene los brazos en jarra mientras que su mirada está clavada en el piso con cara de arrepentimiento.
Dios.
Definitivamente la he embarrado. Sin decir nada más se pierde sin dirigirme una sola mirada. Lo sigo con la mirada hasta cierto punto y por un momento no soy capaz de moverme. Cuando reacciono entro al baño para hacer pis, luego lavo mis manos para observarme en el espejo. Retoco un poco el maquillaje, pero antes de salir me quedo pensando un momento mientras sigo observo mi reflejo en espejo.
¿Qué carajos acaba de pasar? ¿De verdad iba a besarme? O peor aún, ¿por qué parecía arrepentido? Resoplo y me paso la mano por la cara, resignada para vuelver con los demás.
En lo que queda de noche no he vuelto a ver a Gabriel, seguimos bebiendo y bailando hasta que son las cuatro de la mañana, es entonces cuando decidimos volver a casa tras prometer vernos pronto para desayunar todos juntos. Al llegar, apenas logramos quitarnos la ropa para meternos a la cama, cayendo en un sueño profundo al instante.