Abrí los ojos lentamente, todo estaba completamente oscuro, mi cabeza punzaba una y otra vez.
Por todos los cielos.
¡¿Pero qué carajos pasó anoche?!
Siento que la cabeza me va a explotar, mi garganta está seca. Agua, necesito agua. Estiro mi mano hacia la mesita que está al lado de la cama para ver la hora en mi teléfono, pero me arrepiento al instante en que la luz da directo a mi cara y hace que las punzadas sean más insoportables.
11:50 am.
Demonios, siento que no dormí un carajo. Me levando y arrastro los pies hasta la puerta, la abro para salir de la habitación, recorro el corto pasillo para bajar el escalón que divide la sala de la cocina. Voy directo a la nevera, saco una jarra de agua fría, entonces me siento en el mesón procediendo a tomarme más de la mitad de esta.
Juro por Dios que el agua jamás me había parecido tan deliciosa.
Dejo la jarra de lado y froto mi cara. Pego las manos del mesón frío de manera que recuesto mi frente en ellas con los ojos cerrados. Diversos recuerdos comienzan a pasar por mi mente.
Recuerdo que llegamos a las cuatro de la mañana con Adam.
¿Qué pasó antes de eso? Bailamos... Bebimos.... ¡Fernando! Ahí estaba Fer, recuerdo bailar con él, recuerdo hablar sentados en un sofá, ir al baño y recuerdo haber estado muy cerca de Gabriel...
¡Gabriel!
Dios, casi nos besamos. Esa estúpida chica que salió del baño, ahg, no podía salir un poco después.
Espera.
¿Por qué estaba arrepentido? Y peor aún, ¿Quería besarme? Cielos, el dolor de cabeza no me deja pensar. Suspiro pesadamente pero no levanto la cara del mesón. Estaba ebrio, igual que yo, quizá fue eso. Los ebrios dicen la verdad, ¿No es así?
¿Le gusto?
¿O solo fue el alcohol haciendo su trabajo en nuestro sistema?
—¿Sigues viva mujer?
—¡AAAAAAH!
Pegué un salto en el asiento y casi que me caigo de culo al suelo por el susto que acaba de darme Karina.
—Por un demonio, Karina, ¿Te teletransportas o qué demonio? Porque no he oído un solo paso tuyo—. La descarada solo suelta una carcajada estruendosa y niega divertida.
Estaba a punto de protestar cuando una punzada me hizo cerrar los ojos. Juro que no volveré a beber.
¿Cómo es que esta estúpida estaba tan bien?
Ah sí, yo fui la que se bebió casi todo el alcohol de la fiesta para no pensar en cierto individuo. Levanto la vista y Karina está ahí escrutándome con la mirada. ¿Ahora que le pas...? Oh no, no es lo que creo que es. Mi cara cambia a una de pánico mientras espero a que suelte lo que sea que quiere decir.
—¿Besaste a Gabriel anoche? — los ojos se me abren como platos y mi cara se vuelve completamente roja.
Lo sabía, odio que sea tan directa. Mantengo la boca cerrada y mis labios forman una fina línea. Golpe bajo, no sé cómo le hace para saber todo siempre.
—¿C-como...? ¿En qué momento nos...?
No puedo terminar ninguna frase y por la mirada que me dedica sé que me ha visto.
—Fui al baño después de ti, pero cierta señorita estaba pegada al cuerpo de un chico que tiene un culo super sabroso y pues, decidí no acercarme más—. Hace una pausa como para dejar que mi cerebro lo procese todo y continúa— Iba a quedarme hasta el final, pero Adam me jaló del brazo para bailar y no tuve otra opción.
—Estuve muy cerca, pero salió una chica del baño y nos separamos....
Me observa con las cejas enarcadas y cuando hace ademán de decir algo continúo hablando.
—Después de eso no se atrevió a verme la cara Karina, solo se fue y me dejó ahí más confundida que nunca.
—¿Qué me dices de la chica que estaba con él en la cocina?
—Era su prima— Karina no dice nada, solo parece pensar a toda velocidad—. Se lo pregunté cuando estaba ahí pegada a él.
—Iba a besarte... ¡Sabía que le gustabas!
—No creo que...
—Claro que le gustas Olivia— Me interrumpe— es obvio, digo, si no fuese así no habría querido besarte, ¿cierto?
—No se habría ido con cara de arrepentimiento. —rezongo con una mueca.
Guarda silencio por un momento y ladea la cabeza arrugando la cara con una mueca extraña de confusión.
—¿Qué? Espera, ¿por qué crees que estaba...?
—Tenía cara de arrepentimiento cuando se fue, o eso parecía… y no me miró de nuevo— trago saliva, admitirlo en voz alta me hace sentir peor de lo que pensé—. Quizá todo fue producto del alcohol y no hay nada más detrás de todo esto—. Lo último me sale en un susurro.
Karina frunce su boca de lado pensando a toda velocidad. Cuando sus ojos encuentran los míos me sonríe de manera cálida.
—Ve el lado bueno, es sábado Livvie, tenemos hasta el lunes para pensarlo—. Sigo sin decir nada—. Vamos al centro comercial, así no piensas más en ese trasero comestible, ¿vale?
Suelto una carcajada, la verdad es que si es un buen trasero. ¿A qué sabrán sus labios? Dios, son tan carnosos, a este paso terminaré robándole un beso.
—Tierra llamando a Olivia— Karina chasquea los dedos frente a mi cara y rompe el hilo de mis pensamientos— deja de soñar despierta y estrújale esos melones en la cara cuando lo veas, cariño—. río ante la idea, aunque no estaría mal.
« ¿Iremos o qué? Ya no quiero estar aquí. Quizá hoy sea nuestro día de suerte y liguemos unas cositas ricas ¿eh? Además, es su problema si no es capaz de fijarse en ese trasero tuyo que no está nada mal. Y esos melones— comienza a hacer señales obscenas con las manos como si los estrujara o algo así.
Y no puedo evitar reírme cuando lo hace. No sé cómo lo hace, pero siempre ha sido capaz de levantar mi ánimo en menos de diez minutos, creo que es un don. Y agradezco que lo tenga
—Vale, tomaré una ducha, tú pide permiso.
Mientras ella se dispone a llamar a su padre voy a ducharme. La verdad es que tardo más de la cuenta por el simple hecho de que el sondo del agua cayendo llega a relajarme bastante.
Cuando salgo Karina me cuenta que su padre accedió a llevarnos, le ha dicho que necesitamos comprar ropa para el proyecto de fin de lapso, no es del todo falso, así que ha accedido sin ningún problema.
***
—¡Auch! Me estás aplastando idiota— espeto furiosa.
—Deja de moverte estúpida— reprocha Karina— Ese imbécil, no puedo creer que vaya a besarla.
Las dos estamos escondidas detrás de un pilar espiando a Adam—. Bueno, Karina espía a Adam, a mí me tiene retenida en contra de mi voluntad y apretujada—. Estoy pegada al pilar mientras que ella, justo detrás de mí, me aplasta. Él está sentado con una chica en una mesa, uno al lado del otro, se sonríen, inclusive hablan muy de cerca. Están a punto de besarse, estamos tan concentradas esperando, están a un suspiro besarse...
—¿Qué están haciendo?
Karina y yo pegamos tal respingón al escuchar la voz, que termino dando la vuelta muy rápido, chocamos frentes tan fuerte que caemos de culo una frente a la otra. Me froto la zona afectada en un intento inútil porque deje de doler, evidentemente no funciona. Cuando siento que una mano en cada uno de mis brazos jala de mí para ponerme de pie, me levando alzando la cara para visualizar a mi fuente de ayuda, entonces me quedo completamente paralizada, con los ojos abiertos como plato, mis mejillas ardiendo, mi cara completamente roja. Soy un desastre de nervios.
Cielos, es Gabriel.
Me observa fijamente con cara de preocupación. Sentir su mirada fija en mí me hace sentir expuesta y nerviosa. Dios, que no me mire. Trago grueso apartando la mirada completamente avergonzada
—¿Estás bien? — me pregunta y solo asiento con un movimiento de cabeza mientras que mantengo la vista pegada al piso.
—¡Maldición! — Karina comienza a soltar todo tipo de improperio habidos y por haber.
Cuando poso mi vista al lugar donde se encontraba Adam ya no está, ahora entiendo la cólera de Karina.
—¿Se puede saber qué pasa contigo? — Gabriel deja de verme para ver a Karina que lo está fulminado con la mirada y los brazos en jarra.
— Solo... No quería...
—Vale, ya déjalo— Lo interrumpo, luego dirijo mi atención a mi amiga, quién suaviza su mirada al instante, baja los brazos y cambia su expresión por una de arrepentimiento— Está claro que no fue a propósito.
Karina suspira, cierra los ojos un momento intentando calmarse y vuelve a abrirlos.
—Lo siento, solo no vuelvas a asustarnos así. Jamás debes interrumpir a alguien espiando, ¿vale?
Gabriel asiente con la cabeza y dirige su mirada hacia la mesa ahora vacía, así que los tres terminamos tomando asiendo en esta. Sigo sin entender nada.
¿Cómo es que ayer se fue corriendo y hoy está aquí como si no hubiese pasado nada? Bueno, técnicamente no pasó nada.
¿No recordará nada?
Karina dirige su mirada a todas partes buscando a cierto personaje, Gabriel carraspea atrayendo su atención y entonces pregunta.
—¿Quién es?
—¿Quién es quién? —responde Karina.
—El chico.
—¿Cuál chico?
—Al que espiaban.
—No espiábamos a nadie—. Responde ella precipitadamente.
Gabriel levanta una ceja claramente divertido y Karina se cruza de brazos adoptando una posición defensiva. Vale, me estoy divirtieron.
—Tú misma me has dicho que no debo interrumpir cuando están espiando a alguien—. Gabriel la acosa con la mirada y Karina me mira suplicando ayuda.
—Es Adam, le gusta desde cuarto año de bachillerato—. Karina abre los ojos como plato, me mira y su cara se pone completamente roja—. ¿Qué? Él no lo conoce y claramente nos ha pillado, no vale de nada mentir.
Comienza a reprocharme con la mirada, pero como si un rayo de luz llegara a sus pensamientos, deja de prestarme atención para dedicársela toda al pelinegro que tiene en frente.
—¿Qué haces tú aquí? —le pregunta directamente a Gabriel.
No puedo evitar mirarlo, es tan sexi. Sus brazos fuertes, sus manos se ven tan suaves. Y su boca, es pequeña pero carnosa…
¿A qué sabrán esos labios?
Aprieto mi mano en un puño al igual que aprieto mis piernas y muerdo el interior de mi mejilla. Vale, debo concentrarme.
—Pues, se supone que mi prima y yo veríamos una película, pero se ha perdido con su novio que la trae loquita.
Karina repiquetea los dedos lentamente en la mesa mientras lo analiza con los ojos entrecerrados.
—¿Y qué hiciste anoche, Gabriel? Te vi salir del pasillo del baño y ya después no estabas en ningún lugar de la fiesta—. Karina coloca los brazos en la mesa y se echa hacia adelante escrutándolo, aún más de ser posible, con la mirada.
Gabriel se queda en silencio con cara neutral y sus labios en una delgada línea. Sus dedos repiquetean en la mesa y aunque su cara parece imperturbable, su mano y la manera en cómo su pierna sube y baja deja a entender su nerviosismo. Lo observo, no es capaz de devolverme la mirada, pero sus mejillas están levemente ruborizadas.
—Ya debo irme.
Se pone de pie apresuradamente y sale de ahí como alma que lleva el diablo, lo sigo con la mirada hasta que se pierde entre las personas. Cuando vuelvo mi vista hacia Karina me encuentro con que está igual de sorprendida que yo.
—¿Qué acaba de pasar?
—No lo sé, pero es claro que no será fácil obtener una respuesta— espeto de mala gana y me cruzo de brazos echando hacia atrás en mi silla.
Niego y observo a mi amiga fijamente.
—Lo has espantado, ¿vale?
—No he espantado a nadie, Livvie. Quería un poco de información, pero ese chico es toda una tumba.
—Lo es— concuerdo con ella.
—No lo sé, pero no me da buena espina.
—¿Por qué?
Lo piensa un momento y me mira directamente a los ojos.
—Porque siento que oculta algo.
Ninguna dice nada más sobre el tema. Pero si es cierto que oculta algo, está claro que definitivamente no me será fácil obtener una respuesta.
Media hora después el padre de Karina pasa a recogernos, me dejan en mi casa y parten a la suya. Cuando entro en ella está mi hermano menor recostado en el sofá viendo algo en la tele. Le alboroto el cabello— algo que siempre suelo hacer al llegar a casa y verlo—, sigo directo a mi habitación, no sin antes pasar a la cocina y abrazar a mi madre.
Entro a mi cuarto y cierro la puerta detrás de mí, me tumbo en mi cama boca arriba y observo el techo. Casi al instante recuerdo las palabras de Karina y me pregunto si tendrá razón.
¿Qué ocultas Gabriel?
Ahora tengo más curiosidad que nunca. Estoy decidida, voy a averiguarlo.
¿Debería invitarlo a salir?
Bufo y saco mi móvil de mi bolsillo, entonces mis dedos buscan rápidamente su número para enviarle un mensaje.
Olivia: Hola.
Lo borro, no sé qué enviarle, escribo otra estupidez en la pantalla.
Olivia: ¿Puedo tocar tu trasero alguna vez?
Sonrío y lo borro.
No sé qué debo decir exactamente. Opto por escribir cualquier cosa simplemente.
Olivia: Hola...
Presiono enviar y espero.
Que original, Olivia, vas a impresionarlo.
Miro la hora, ha pasado un minuto y aún no obtengo una res... Mierda, respondió. Leo rápidamente y me quedó perpleja por un momento.
Gabriel: ¿No estás en una fiesta hoy, Olivia?
¿Cómo se supone que me tome esto?
Olivia: Hoy no me han invitado a ninguna, triste mi vida:(
Presiono enviar y espero, observo la pantalla fijamente esperando una respuesta y cuando llega estoy a punto de abrirlo casi al instante, pero me contengo y espero dos minutos. Dos largos y estúpidos minutos. Y lo leo…
Gabriel: Podría invitarte yo alguna vez.
Mis ojos se abren grandes por la impresión. ¿Es una cita? Grrr. Ok, concéntrate Olivia. Dios, mi corazón se ha acelerado y me sudan las manos. Eso me ha alegrado más de lo que debería.
Olivia: Eso me encantaría.
Enviar.
Gabriel: Debo decir que a mí igual.
Rayos, rayos, rayos.
¿Está coqueteando? Escribo rápido una respuesta y presiono enviar.
Olivia: Creo que nos encanta los mismo.
Gabriel: ¿Tú crees? Dime algo que te encante.
«Tú» quiero decirle, pero me contengo. ¿Qué me encanta?
Olivia: Si te digo lo que me encanta temo que te espantes, Gabriel Duerto.
Gabriel: Pruébame.
Olivia: Tú me encantas.
Oh mierda, le he dicho a Gabriel que me encanta. Santa madre Teresa de Calcuta y todas las madres que puedan existir. Que humillante, me estoy humillando yo sola.
¿Dónde dejé mi digni…?
El teléfono vibra entre mis manos y entro en pánico por un momento. No quiero ser rechazada, me niego rotundamente. Tomo valor y lo leo. La respuesta es tan inesperada que por un momento no reacciono. Leo nuevamente asegurándome de lo que he leído.
Gabriel: Lamento decepcionarte, pero no tenemos los mismos gustos.
¿Qué se supone que deba pensar? Un nuevo mensaje llega.
Gabriel: Porque yo te encanto, pero no me encanto a mí. Y eso es porque me encantas tú, Olivia.
Olivia: Gabriel, ¿esa es tu forma de decir que te gusto?
Enviar.
Y... Nada, han pasado tres minutos y no he obtenido respuesta. De nuevo huye de mí. Resoplo y tomo mis audífonos, busco algo para escuchar. No sé qué busco exactamente.
Youngblood de 5 seconds of summer comienza a sonar. Me siento tan estúpida. Minutos después comienzo a cantarla.
Resoplo frustrada. Y es que cada vez que creo que avanzaremos me empuja de nuevo al principio. Pero no puedo seguir así, necesito saber algo, lo que sea…
El lunes, si, intentaré hablar con él el lunes. Si no gustara de mí no hubiese estado a punto de besarme, ¿Cierto? Algo me dice que Gabriel es peligroso y no sé qué es. Debería querer alejarme, pero no, quiero saber que esconde.
De seguro él duerme y yo estoy como una idiota pensando en algo absurdo. Maldición. No tengo idea de qué hacer. Suspiro cansada. Al menos pensar en todo esto me ha dado sueño. Me retiro los audífonos de las orejas, los coloco en la mesa al lado de la cama junto con mi móvil y cierro los ojos, por suerte no tardo en quedarme dormida.