Alistair Ferrero El aire en el pasillo que conduce al comedor se siente cargado, casi irrespirable, como si las paredes mismas supieran lo que acaba de ocurrir en la ducha hace apenas unos minutos. Me ajusto la corbata, sintiendo cada fibra de mi cuerpo tensa, con la marca de la frustración aún grabada en mi mente. La discusión con Juliette ha dejado un sabor metálico en mi boca, un residuo de mentiras y fingimiento que me resulta cada vez más difícil de tragar. Al entrar al comedor, la imagen que me recibe me obliga a detener el paso. Allí está Alessandra. Sentada con una elegancia natural, bebiendo café con una calma que me resulta ofensiva. Luce radiante, como si la noche anterior no hubiera existido, como si no hubiera estado con otro hombre mientras yo me pudría de celos. Me obser

