Dos semanas después de que se declarara la guerra a Alemania, Londres estaba muy tranquilo y casi en paz. No había bombarderos en el cielo, ni bombas cayendo sobre las casas. La gente salía a sus jardines traseros y miraba curiosamente al cielo, pero a finales de septiembre y principios de octubre todo era sol brillante y cielo azul claro. Salimos al jardín un sábado claro por la mañana y nos llenamos de macetas con flores y plantas, con mamá instruyéndonos sobre lo que hay que traer y llevar. Llené la regadera y la dejé en el sendero, bajo la ventana del comedor para usarla más tarde. “¿Terminó la guerra, mami?” preguntó Paula, mirando expectante al cielo. “Sí, querida,” respondió mamá, sin detenerse a mirar desde su arriate. “¿Van a lanzarnos bombas?” “Sí, eso espero. A su debido tie

