Me desperté esa mañana con mi madre plantada frente a mi cama, sosteniendo una caja blanca y rosa como si fuera una bomba de tiempo. —Leah, levántate. Necesitas hacer esto ahora mismo. Parpadeé confundida, todavía medio dormida. ¿Una prueba de embarazo? ¿En serio? —¿Mamá, has perdido la cabeza? Nunca he estado con nadie. Ella ni se inmutó. —Tres meses sin regla, cinco kilos de más y cero interés en anticonceptivos. No voy a esperar a que sea demasiado tarde para preocuparme. Suspiré tan fuerte que casi me duele el pecho y acepté el dichoso aparato. Minutos después, con el resultado negativo brillando en la ventanita, bajé al comedor dispuesta a terminar con esa locura de una vez. Mi padre, mi hermano Aiden y ella estaban sentados en silencio, cada uno enfrentándose a su media toronj

