Nash.
Vivir bajo el mismo techo de una mujer con un ego por las nubes, amante del sexo, hermosa y con una precisión para hacerte ver las estrellas, aunque tu mundo este de color gris, era una de las suertes que me toco en esta vida.
Quería pensar que todo se debió a hecho de que trabajábamos en el mismo lugar y nos apasionaba las mismas cosas, pero cada día que pasaba entre las piernas de B me debatía mentalmente que solo se trataba de saciar las ganas de follar con una chica ya que ella era con la única chica que follaba porque ninguna había logrado hacerme sentir como ella lo hacía.
Así de magnifica era ella, nadie nunca podría superarla.
Me encontraba conduciendo de camino al club para buscar unos discos que necesitaba para el otro fin de semana ya que se cumplía cinco meses desde la gran inauguración de ese local.
Ser el Dj y de ese lugar era una gran responsabilidad ya que debía tener las listas de canciones preparadas para cada ocasión. Así era el momento en que cada una de las chicas hiciera su presentación o incluso en las habitaciones llevaban unas buenas canciones que solo gritaban sexo.
Estacioné mi auto frente al local y bajé de el para empezar a caminar hacia la entrada. Pasé una de mis manos por mi cabello n***o y acomodé mis lentes negros sobre mi nariz.
En la puerta se encontraba Alexander. El encargado de la seguridad del local, al verme mostro una sonrisa y empezó a asentir con su cabeza.
─Miren nada más, es el hombre más suertudo de este mundo ─soltó y no pude evitar soltar una carcajada.
Así me llamaban en el club por tan solo vivir con la chica más aclamada del local.
─Que hay Alexander ─estreché su mano y ambos nos dimos rodeamos nuestro cuerpo en un abrazo para darnos un golpecito en la espalda.
─Aquí echándolos de menos ─respondió. ─¿Dónde está mi rubia favorita?
─Cuando salí del departamento ella se encontraba dormida así que supongo que sigue igual, ya sabes cómo es ─contesté y él asintió.
Abrió la puerta y me adentré al local, las chicas de limpieza se encontraban haciendo su trabajo, mientras que el dueño del local estaba hablando por el teléfono. Levanté mi mano en expresión de saludo y él me respondió de la misma manera.
Continúe mi camino hacia las escaleras y empecé a subirlas de dos en dos hasta llegar a mi cabima. Introduje la llave y la puerta se abrió, tomé los discos que necesitaba junto a una de mis maletas y los metí con mi laptop.
Mi teléfono vibro en mi bolsillo trasero y llevé mi mano a él para revisar de quien se trataba. En la pantalla de bloqueo se encontraba el nombre de Erre así que supuse que ya se había despertado.
B: Me apetece bailar esta noche ¿Vamos a la discoteca?
Mostré una sonrisa al leer el mensaje ya que salir con B solo significaba tener sexo descontrolado durante horas al llegar al departamento.
Nash: Me apetece follarte durante cuatro horas, pero respondiendo a tu pregunta claro que iré.
Guardé mi teléfono en mi bolsillo nuevamente y salí de mi cabima con la maleta colgando de mi hombro.
El cabello n***o de Gabrielle se hizo presente y ella volteó a mi para mostrar una sonrisa y empezar a caminar hasta a mí.
Ya tengo problemas.
─Nash, mi Nash ─soltó caminando hasta a mí. Tomó mi rostro entre sus manos y dejo un beso corto en mis labios.
Inmediatamente pasé el dorso de mi mano por mis labios.
─¿Qué haces aquí? ─pregunté. ─¿No habías renunciado?
Ella negó con la cabeza.
─He vuelto y ahora más diva que nunca.
Gabrielle era algo así como la amante personal del dueño del local, pero eso cambio en cuanto B llegó a este lugar. En este club había una regla y esa era que todas las chicas que decidían trabajar aquí tenían que pasar por la cama del jefe.
Pero hubo una excepción ya que llegó una chica imponente con un jodido carácter más allá de los prejuicios de las personas y esa era B. Ella no ha follado con el jefe y por esa razón algunas chicas en este lugar la odian porque es la favorita de él y de todos prácticamente.
B en definitiva es la definición de que no todo tienes que hacerlo para simpatizarle a las personas ya que ella solo se dedicaba a ser stripper. Ella no se acostaba con nadie al menos que ella así lo decidiera, no podías tocarla mientras bailaba, no podías besarla y la más importante y ultima, no podías acercarte a ella sin tener su consentimiento.
Así de jodida era mi hermosa diosa y por esa razón me tenían envidia porque yo era el único que podía romper esas reglas una y otra vez. Lo que B y yo teníamos era algo más allá de un simple toque. Era como si ambos necesitáramos del otro para complacer nuestras experiencias sexuales y vaya que ella lo había logrado ya que nunca me cansaría de ella.
─Que bueno ─mostré una sonrisa y coloqué una de mis manos en su hombro para apartarla de mi camino.
─¿Dónde está ella? ─preguntó y me detuve en seco porque sabía a quien se refería.
─Tiene un nombre y lo sabes.
Mostró una sonrisa y arqueó una de sus cejas.
─La adorada muñequita de porcelana.
Ojalá B fuera una muñequita de porcelana.
─En mi cama ─respondí con una sonrisa y ella cambio su expresión a una seria. ─Y si me disculpas estoy un poco retrasado y con muchas ganas de tener sexo con ella.
Después de casi perder la cordura con Gabrielle conduje hacia mi departamento y ahí estaba B acostada en el sofá con una copa en su mano. Sus ojos grises dieron a los míos y mostró una sonrisa.
Dejé la maleta en la mesa y caminé hacia ella. Se encontraba con una camisa desabotonada dejando ver el contorno de sus senos y unas bragas. Levanté sus piernas y tomé lugar en el sofá y luego volví a colocar las piernas en su sitio para trazar sus pantorrillas y subir poco a poco hasta sus muslos.
─¿A que discoteca iremos esta noche? ─pregunté.
Llevó la copa a sus labios y le dio un trago para después colocarla sobre la mesa.
─Quiero ir a Dream's ─respondió y asentí.
Ella se levantó del sofá y tomó lugar en mis piernas. Coloqué una de mis manos en su muslo y ella pasó ambas de sus manos por mi cabello para peinarlo hacia atrás, me quitó los lentes y luego se los puso ella.
─¿Qué sería de ti sin mí en tu vida? ─preguntó en un susurro.
─Todo no gira entorno a ti ─respondí con una sonrisa.
─Oh, claro que si Nash ─se acercó a mi oreja y planto un beso en ella. ─Tu vida gira entorno a mí.
Coloqué mis manos en su formado culo y le di un apretón, ya podía sentir como mi pene empezaba a crecer dentro de mis pantalones. Estos eran los efectos que B causaba en mí.
─Tu vida también gira entorno a mi ─susurré frente a sus labios.
Sus espesas pestañas le daban ese aire de chica mala acompañado de ese gris de sus ojos y él pequeño piercing de punto en su nariz.
─Mi vida gira entono a mí misma, no necesito que gire en torno a más nadie cielo ─empezó a mover sus caderas sobre mí y no pude evitar soltar un suspiro ante esa maldita sensación.
Llevé una de mis manos a su seno y lo apreté y con la otra mano apreté su trasero. Ella apoyo sus manos en el sofá a cada lado de mi rostro y ambos permanecimos en silencio admirándonos.
─Joder ─susurré al momento en que mi polla ya estaba en su tamaño completo, pero el jodido pantalón estaba estorbando.
─Quiero que te corras ─murmuró.
Acercó su rostro al mío y pasó su lengua por mis labios para después tomar mi labio inferior y morderlo en una jodida cámara lenta.
No era muy varonil correrme en mi bóxer junto a mis pantalones, pero con B todo era diferente porque ella siempre llegaba a tenerme vulnerable y a su entera disposición.
Llevé la mano que tenía a su nuca y apreté. Esto solo la llevó a acelerar sus movimientos ya que a ella le gustaban las cosas rudas y salvajes.
─Estoy tan húmeda y lista para ti Nash ─susurró en mi oído. ─Quiero que me devores el coño solo como tú sabes hacerlo.
Cerré mis ojos y mordí mi labio inferior antes de soltar hasta la última gota en mi bóxer. Me sentí idiota, pero ya nada podía hacer, ella siempre se salía con la suya.
─Buen chico ─me dio un golpecito en la mejilla y se levantó de mis piernas. ─Cuando regresemos de la discoteca tendrás tu premio ─dijo antes de entrar a la habitación.
Solté un suspiro y observé mis pantalones con una pequeña mancha de la humedad de ella. Mis ojos dieron al reloj en la esquina de la pared y ya falta una hora para las siete de la noche así que me levante para darme un baño y terminar por bajar la calentura y empezar a vestirme.
#
Me había decidido por unos vaqueros en n***o y una camisa manga larga en color rojo dejando al descubierto mi pecho. Me coloqué unas zapatillas en rojo y peiné mi cabello hacia atrás para tomar lugar en el sofá y esperar por B.
Tuve que vestirme en la sala ya que ella no quería salir de la habitación y tampoco quería que viera su ropa antes de salir.
─B, son las ocho ─exclamé. ─Llevas casi dos horas en...
El sonido de la puerta siendo abierta me hizo voltear el rostro y reparé el vestuario de y ya B había entendido por qué tardo demasiado.
─Estas...
─Sé que estoy hermosa, no me lo repitas ─me interrumpió.
Colgó su pequeño bolso de color n***o en su hombro y empezó a caminar hacia la puerta.
Llevaba un vestido en rojo a la mitad de su muslo, el vestido llevaba dos tiras delgadas a cada lado y eso impedía que no terminara por mostrar sus senos frente a todos ya que pude apreciar que no llevaba sujetador. Su cabello rubio se encontraba suelto con unas ondas en las puntas y llevaba unas botas de tacón que llegaban a sus rodillas en color n***o.
Una jodida hermosura.
Los tatuajes de sus nudillos le daban un toqué espectacular y ni hablar del perfecto trasero que mostraba en el vestido.
Caminé tras ella y ambos salimos del departamento. Entrelacé mi mano con la de ella y empezamos a caminar hacia el ascensor.
─Cuando lleguemos al departamento romperé ese vestido mientras me hundo en ti como un animal ─susurré en su oído y ella mostro una sonrisa.
─Estaré complacida de que lo hagas ─respondió.
Nos adentramos al ascensor y nos mantuvimos en silencio gracias a que una pareja de ancianos que estaba dentro.
Estaba seguro de que hoy sería una grandiosa noche y no era para menos ya que tenía una acompañante por la cual muchos babearían.