Jim se quedó atónito por un momento, luego soltó una risa de la nada. —Julia, ¿en qué estás pensando? —¿Qué? —exclamó ella sorprendida. —Te preguntaba cómo te sientes por mí. Es decir, ¿te gusto? Quiero escucharte decirlo una vez más. Al instante, el rostro de Julia se volvió completamente rojo y ella, enojada, golpeó el pecho de Jim con fuerza. Se rehusaba a contestar esa pregunta. Jim esperó un rato, pero no obtuvo respuesta alguna. —Julia —dijo luego de suspirar—, sin importar qué, tú me gustas y no tengo dudas de que te haré feliz. Finalmente, Julia volvió en razón e inmediatamente negó con la cabeza. —Tío, es imposible. Hagamos como si no hubiera pasado nada esta noche. No vuelvas a mi habitación. Ahora sabes que también me gustas, pero eso es todo lo que pue

