—Si tu cuerpo es tan débil, ¿por qué no admites la derrota? —dijo Aiden en voz baja y con un tono frío; no le importaba si Emery podía oírlo o no—. Siempre bajas la cabeza al instante, pero cuando se trata de algo importante te vuelves muy terca. Emery, aturdida por el sueño, no sabía lo que estaba pasando, ni siquiera sabía que Aiden estaba de pie frente a ella. Solamente sintió algo frío apoyado en su frente. Inconscientemente extendió la mano para apartarlo, luego se dio la vuelta y continuó durmiendo. En ese instante, su suave cabello se deslizó por la mano de Aiden, dándole un pequeño cosquilleo. Él no retiró la mano, en cambio, dobló los dedos y golpeó suavemente la cabeza de Emery. —Despierta —ordenó. Sin embargo, no tuvo respuesta. En su interior, la irritación se vol

