No le sorprendió que su hermana Holly entrara sin siquiera llamar a la puerta. Tampoco le sorprendió que le gritara a todo pulmón lo imbécil que había sido. ¡Aquel día sí que todos se habían tomado el lujo de llamarlo de aquella forma! pero en cierto punto, todos tenían razón y demasiadas verdades como para llamarlo de aquella forma. Había sido un imbécil. Un idiota con Peter y no merecía siquiera salir de aquella habitación por el resto de las fiestas. Que, al pensarlo, recordó que año nuevo no lo pasaría allí y sabía que toda la familia saldría a comer fuera, menos Harrison y Emma, ya que ellos se irían dos días antes a sus nuevos hogares a demasiados kilómetros de distancia y un océano de por medio. Suspiró derrotado e ignoró olímpicamente lo que Holly le gritaba y sabía que aquello l

