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845 Palabras
assistant avatar **Pov: Tara** Después de la charla que tuve con Dekker, no puedo evitar sentirme más que encantada con él. Su timidez, su vulnerabilidad... hay algo en su esencia que me atrapa. Mientras lo pienso, Mark llega a mi departamento, siempre el confidente que necesito cuando las dudas y los anhelos se arremolinan en mi mente. —¿Así que Dekker es tu nueva víctima? —pregunta Mark, mientras toca mi brazo con un gesto fraternal. —¿Cómo lo sabes? —le respondo, sorprendida. —Por Dios, te conozco mejor que nadie. Te gustan los chicos como él, ya sabes, tímidos, el típico chico que le da pena a todos, ese que te dan ganas de abrazarlo todo el tiempo. —Vaya, Mark, estoy impactada. Nunca pensé que lo notaras tan rápido. —Eres una caprichosa. No vas a parar hasta que sea tuyo, lo sé. —Exactamente, Mark. Una parte de mí sabe que tiene razón, pero eso solo añade más emoción al juego. —Tengo que ir a casa. Nos vemos mañana, chau. —Bajemos juntos, tengo que irme —insisto, sintiéndome un poco ansiosa por salir a la noche. Me abrigo con cuidado, el frío del invierno me da la bienvenida, ennegreciendo el aire alrededor de mí. Mientras descendemos, siento que la brisa acaricia mi piel, un recordatorio de que esta será una noche interesante. Frédéric está nervioso; sé que lo está. Esta será nuestra última visita al club DARK DOMINANT, un lugar donde tanto podemos perder como ganar. Él necesita entender que esta es una oportunidad, un paso necesario para su crecimiento. He decidido que hoy es un buen día para llevar su enseñanza al siguiente nivel. Cuando veo que es el momento indicado, lo guío hacia el coche. El trayecto hacia el club está envuelto en un silencio expectante, interrumpido solo por el suave murmullo del motor. Las calles apenas iluminadas parecen cobrar vida bajo el manto de la noche. Los autos estacionados a un lado de la acera son sombras en la penumbra. Finalmente, encuentro un lugar para aparcar justo enfrente del club. Al salir, la arquitectura del lugar me recibe con sus paredes de ladrillo y puertas de madera oscura. La atmósfera es eléctrica. Al entrar, la sumisa que nos recibe es rubia, alta y flaca, una norteamericana que se muestra sumisa desde el primer momento. Nos pide nuestros abrigos, pues aquí, en este mundo, no se permite desviar la mirada. El ambiente es sutilmente oscuro, iluminado con luces tenues que crean un halo de misterio. A medida que avanzamos, mis ojos se desplazan entre los dominantes y sumisos. Algunos están desnudos, recibiendo azotes de sus amos, otros simplemente disfrutan de una copa, aunque estos últimos suelen ser dominantes; rara vez los sumisos tienen ese privilegio. Pienso en Dekker mientras guío a Frédéric. Imaginar su reacción en este entorno me provoca una sonrisa involuntaria. Me gustaría que estuviera aquí, aunque solo fuera como observador. —Sígueme —le ordeno, manteniendo mi voz firme pero suave. Visualizo la cortina abierta que nos lleva a una zona más privada. Con el bolso de juguetes en mano, cruzamos el umbral. Este es un espacio donde el poder y la entrega se entrelazan de maneras complejas y apasionantes. —Quítate la ropa —le ordeno al cerrar la cortina detrás de nosotros. Frente a mí, cuelga un cuadro enorme, y hoy, planeo atarlo con esposas de cuero. Un escalofrío de anticipación recorre mi cuerpo mientras lo veo despojarse de sus prendas, revelando los frutos de su esfuerzo en el gimnasio. Sus músculos han crecido, aunque todavía no son lo suficientemente musculosos para mis estándares. —Con la mirada al frente, cariño, estira los brazos —le indico mientras me acerco, dándole una palmada juguetona en su trasero que lo sobresalta. Coloco sus manos en las esposas, asegurándome de que esté cómodo pero también consciente de su posición. —Déjate llevar al subespacio, desconecta tus pensamientos, Frédéric —le susurro mientras me alejo un momento para preparar los látigos, la fusta, la paleta y la vara. Después, me quito el vestido de seda n***o que me envolvía, quedando solo con un corsé que eleva mis senos sentía cómo él calor subía estoy demasiado caliente. —Quiero follarte. no evite sonreír lo deje que me dé embestidas y empezó a cogerme de manera desesperada e impaciente, con el nunca me bese no me gustan los besos. —Quiero más rápido, está prohibido acabar. Él me obedece continuamente de manera desesperada eso me encanta y seguía cogiendome nos fuimos a la cama y lo ate a ella él yo me monte encima y seguí él no evitaba gemir yo yo igual era demasiado bueno seguimos así un buen rato. —Ama ya no aguanta siente qué estoy a punto por favor, me deja acabar ya no lo resisto más. no evite sonreír. —Puedes hacerlo. Me moví más rápido y el acabo rápido fue divertido y demasiado placentero lo desate y me fui a bañar no me gusta la charla después del sexo.
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