9

381 Palabras
Tara Habia tenido una crisis nerviosa esa mañana tuve de nuevo ese maldito sueño me siento demasiado cansada Inna me dijo qué estaba teniendo una cena con su prometida. Le envie un mensaje a Dekker. — Espero que estés disfrutando tu noche— me quise reír de él. Le respondí. — Realmente la estoy gozando, no sabes cuantas veces me ha hecho gritar su nombre— me respondio. Estoy poniendome molesta — No creo que más de lo que yo podría hacerte gritar— estábamos jugando con fuego, y nos íbamos a quemar pronto. — La verdad no creo que le llegues a los talones— me envió. No tardó en responderme. — No, ella no me llega a los talones. Apuesto que si fuera tan buena no estarías hablando conmigo— desgraciado. — Me ando tomando un descanso, después de 10 rondas de sexo salvaje estoy cansado— ¡ya quisiera yo sexo! — Vaya, no recuerdo cuando te volviste vieja para no soportar más de 10 rondas— me había llamado vieja, desgraciado,nene podría hacerte gritar y maldecir mi nombre más de mil veces.— recuerda cuanto dudaras conmigo ¿porque no vienes y lo hacemos? — Sentí mi cara arder. Rayos ¿qué le contesto? llenó mi cabeza: salte por la tangente, evita el tráfico. ¿Qué rayos era eso? Y otra vez la voz: sólo contesta lo que te pregunto primero. — ¡Gracias! — grité internamente y  rodeó los ojos. Le contesté. — ¿Vieja yo? Esta vieja te satisfesera, cariño— apreté enviar. Sentí que el cuarto quedaba más helado, así que me levanté y abrí el pequeño closet que tenía para sacar unas mantas de dibujos animados. Me abrigue Dekker ya había contestado. — Mentira, tú tienes veinticinco y yo treinta años — coloqué la manta sobre mis piernas. — Ya quisieras tener esa edad— le envíe. Me incómodo la silla y me pase al sillón. — Ok, tu ganas. Eres mayor que yo ¿por qué me has dicho cariño? Me gusta, de seguro saliendo de tus labios se escuchará mejor— Dios mío, este hombre. Vi mi reloj. — Ya no lo diré más, nos vemos Tara. Empezaré otra ronda, descansa— envío  sentí mucha ira. Dejé mi celular en el buró. Esta impacienté, Dekker no contestaba. De seguro estaba teniendo sexo con esa dichosa prometida que tenía. Sólo de pensarlo, me daba rabia. ¡Por Dios Tara! Ya no eres una adolescente- me recriminó mi mente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR