Capítulo 28

2790 Palabras
Para literatura nos pidieron redactar un resumen de los hechos más resaltantes que hemos vivido en los últimos tiempos. La profesora no se veía muy dispuesta a dictar la clase. Todo su rostro gritaba cansancio, de modo que nos encargó la primera actividad que se le ocurrió. Yo tenía la hoja en blanco incluso cuando la hora de clase llegaba a su fin. No sabía qué escribir. De pronto se me ocurrió analizar con detenimiento los acontecimientos más recientes y me distraje pensando en que, realmente, mi vida ha comenzado a tener muchos pequeños giros inesperados. Solía subsistir atrapada en rutina cómoda pero monótona desde que adquirí una nueva percepción de la vida. No hacía gran cosa; pasar tiempo con mi familia, con mis amigos, el voluntariado ocasional y, probablemente, consumir el resto de mis horas frente a la TV. De vez en cuando me veía dentro de situaciones dramáticas como lo que ocurrió durante mi relación con Gavin, pero nada de eso se extendía tanto como para que se volviera parte del día a día. Exceptuando aquellas veces en las que iba tras Xanthia en una fiesta repleta de desconocidos. Y ahora es como si mi mundo no parara de enredarse entre los problemas de quienes me rodean y los propios. Mantenía la punta del lápiz presionada contra el papel, pero no conseguía la forma correcta de empezar. Por no mencionar que dudaba que a la profesora realmente le interesara lo que yo pudiera escribir. ¿Qué diría?, ¿Obtuve el empleo que le correspondía al chico con el que experimenté la estúpida ilusión del amor a primera vista y hace un par de días descubrí que es el hermanastro de este otro chico con el que me imaginé toda una boda sólo porque me besó por ahí en segundo año? Acabé hablando sobre la fundación, dos de los proyectos que hemos realizado ya, y la pastelería. Sólo me tomó dos párrafos de cinco líneas, tenía la cabeza llena de muchas ideas desorganizadas y poca inspiración, pero esto no importó demasiado. Al salir de esa clase me sentí ligeramente agobiada. Poseía material suficiente para pasarme años pensando. Y pronto comencé a angustiarme en serio cuando la realidad me golpeó nuevamente en la cara. Xanthia sigue entristecida, tanto que en ocasiones se abstiene de hablar. Ella finge que no pero es obvio que los chismes que susurran a sus espaldas continúan causándole daño. Collin desaparece por períodos más prolongados de tiempo, desconozco si come adecuadamente, si bebe la cantidad necesaria de agua o siquiera si continúa trabajando. No interactuamos. Así de simple. Apenas nos cruzamos un par de veces en las habitaciones de la casa y cuando eso ocurre él evade mirarme, concluye lo que hacía antes de que yo me presentara y sale deprisa, o, en caso de que yo ya estuviese allí, evita adentrarse. Es como si me odiara. No he oído su voz desde el día en el cual Xanthia casi muere. Theo sigue gustándome, pero con cada segundo que pasa parece más unido a Jennifer de lo que parece unido a mí. No tenemos contacto desde el lunes; ya es jueves. Aún tengo su hoodie hundido en la parte baja de mi bolso, con mis cuadernos encima, porque no he encontrado el momento ideal para dárselo. Según los comentarios sueltos que he escuchado, ya que el rumor de que él y la pelirroja mantienen una relación formal se propagó rápidamente, Jennifer no hablaba en serio. Es decir, fue una especie de juego decir “mi preciosísimo novio”, dado que realmente no lo es. Pero de todas formas se la pasa a su lado todo el día, acaparando su atención y acrecentando la envidia del montón de chicas que desearían ocupar su lugar. Pretendo que no me importe, lo que es difícil. Literalmente Theo no ha intentado acercarse a mí en todo este tiempo. Y yo no estoy segura de si debería hacer algún tipo de aproximamiento disimulado. Soy fiel creyente de que no es positivo forzar las cosas, porque entonces no saldrán bien, mucho menos si se trata de una relación. —Hey—Ansel tomó mi mano, sobresaltándome. A su lado venía Xanthia, cabizbaja y pensativa—. ¿Por qué saliste del salón sin nosotros? Estaba tan ensimismada que apenas noté el hecho de que me había internado en los pasillos. De manera que me encogí de hombros como toda respuesta. —Bueno, en fin, tengo un anuncio importante que hacerles. De reojo vi que sonreía con amplitud, emocionado. Como es usual su entusiasmo es tan poderoso que logra consumir, opacar e incluso eliminar del panorama las emociones negativas que la pelinegra y yo pudiésemos estar transmitiendo. —Vengan, les contaré. Nos sujetó a ambas y tiró de nosotras hacia un banco vacío en el jardín central. Ni siquiera mi mejor amiga consiguió oponerse; lucía desorientada, como si no supiera en dónde estaba parada. Ansel nos indicó con un gesto dónde sentarnos y se detuvo frente a ambas, en el medio de nuestros cuerpos, con los brazos cruzados detrás de la espalda y una expresión de solemnidad. Fue extraño advertir que se contenía, pero casi de inmediato una sonrisa rompió la máscara de discreción que quizá quería portar. —¿Creen que puedan adivinar?—miró primero a Xanthia, que tenía la vista fija en un punto lejano mientras ignoraba lo que él pelinegro decía. Luego pasó a verme a mí, sin lucir ofuscado por el poco interés que Xanthia demostraba—. Les prometo que está fácil. —Yo... Uh... No lo sé—balbuceé, ganándome un ceño fruncido. —Inténtalo, no te estás esforzando. —¿Tu padre sí te dejará estudiar la carrera que tú elijas? Torció los labios. —No, la vida no es tan buena conmigo. Todavía no me explico por qué no me inscribió en aquel colegio del infierno donde a él lo formaron como “el hombre ejemplar” que es—rodó los ojos—. Esto es distinto. —Bueno... ¿Tienes una nueva mascota? Extendió los brazos al cielo en un gesto cargado de exasperación. —No. Obviamente no—dejó caer las extremidades, armándose de paciencia—. Helena y yo estamos formalmente juntos. Xanthia, que observaba a los estudiantes que transitan a la distancia, giró el cuello a gran velocidad, clavando los ojos sobre Ansel con intensidad. Por fin se enfocó en nosotros. —¿Qué? La sonrisa de Ansel decayó sutilmente ante el tono de voz empleado por nuestra amiga. Yo me tensé. Helena podrá no parecernos la mejor chica del planeta, no obstante, no poseemos ningún motivo válido para desacreditarla y arrebatarle la alegría al pelinegro. —Vale, esa no es la reacción que esperaba. —¿No? Me parece que he sido bastante inflexible con mi opinión. Esa chica no me agrada. No es posible que vayas a aventarte de cabeza a una relación sin futuro. —j***r, Xanthia, siempre estás repitiendo lo mismo, pero yo no veo por qué no tendría futuro. Desde cualquier punto de vista ella es la indicada. —Bueno, basta—intervine, atrayendo las miradas de ambos—. ¿Son conscientes de que siempre tienen la misma discusión que no llega a ningún lado? —Ella debería alegrarse por mí—chistó Ansel, apuntando a la pelinegra con las puntas de sus dedos—. Es lo que los “amigos” hacen. —Te diré lo que los “amigos” no hacen—contraatacó Xanthia—; mentir. Yo no voy a decirte que me entusiasma que estés con Helena porque no es así. No siento que sea totalmente genuina, o humilde. Me da la impresión de que esa chica no es lo que alguien merece como novia. Hasta ahora ha demostrado en reiteradas ocasiones que se fija bastante en sus propios intereses, y ya. Si no aprendes a poner límites o verla, verla realmente, más allá de su belleza terminarás incluso peor de lo que yo estoy ahora. Finalizó su mensaje poniéndose de pie. Ansel había quedado neutral, con la expresión en blanco, de tal manera que podías deducir su falta palabras. —¿A dónde vas?—dije. Xanthia pretendía alejarse. —Daré una vuelta por ahí. Y, sin más, se marchó. —¿Al menos tú estás feliz por mí? Lo miré. Tenía que ser cuidadosa con mi respuesta porque ya portaba esa expresión de desolación que pone cuando algo importante no sale como él había previsto. —Si te hace feliz, me hace feliz—aseguré, apoyando una mano sobre su hombro—. Pero quizá sí tendrías que ser un poco más cuidadoso. Asintió con premeditación, digiriendo lo que he dicho. Desvié la mirada por encima de su hombro de manera al azar, topándome con dos figuras en movimiento que se acercaban a través del pasillo. Mis ojos se encontraron con los Theo como si una fuerza magnética los obligara a buscarse, a pesar de la separación, el entorno y la actividad que estuviésemos desempeñando. Sostuve el contacto visual porque él también lo hizo, mostrándose increíblemente centrado en mi rostro. Pronto comencé a sentirme ligeramente incómoda porque él no paraba de estudiar mis gestos con suma atención. A cinco metros se volteó brevemente hacia Jennifer y le comentó algo que quizá fuese una excusa para luego venir hacia mí. Aparté mi mano de Ansel y retrocedí un paso. Siguiendo el trayecto de mi mirada, el pelinegro dio con Theo. Me sorprendió advertir que esta vez no demostró por ningún medio desagrado. Era probable que todavía estuviese feliz por su nueva relación. —¿Esta ya es la parte en la que me echas de forma disimulada para poder quedarte a solas con el imbécil de Theo? Sonreí. Por supuesto que debía utilizar ese calificativo. Imposible dejarlo de lado. —Por mí puedes seguir aquí, eres tú el que no soporta pasar tiempo junto a Theo. El castaño entró en el cuadro, con las manos dentro de sus bolsillos y el semblante desprovisto de emociones. —No, creo que me iré—Ansel inclinó la cabeza hacia Theo como única señal de que tomó en cuenta su presencia y giró sobre sus talones. Theo ocupó el lugar que mi mejor amigo dejó libre, justo frente a mí. —¿Irás a la fiesta de Ailyn? —¿Hoy es cinco? Asintió. —¿Seguro? Parpadeé, perpleja. Hace tantos días que recibí aquella invitación, y han pasado tantas cosas... No recordaba la fiesta. Ni siquiera sé en dónde guardé el trozo de cartulina que, según dice en letras pequeñas cerca del borde inferior, sí o sí debo presentar ante un guardia de seguridad para poder ingresar. —Si tan difícil se te hace confiar en mí, puedes verificarlo en cualquier calendario dentro del continente—rodó los ojos, hastiado—. En fin, ¿Vas o no? —¿Por qué siento que lo preguntas como si esperaras un «no» por respuesta? —¿Entonces no? —No he dicho eso. —Heaven... Suspiré. A veces creía que todo entre Theo y yo era demasiado complicado, probablemente por culpa de nosotros mismos. —Me encantaría, pero debo trabajar. Ya perdí un día esta semana y Richard me mataría si falto hoy también. —Pero, ¿Quieres ir? —¿A la pastelería? Respiró hondo, tratando de serenarse. Bueno, bien, reconozco que a su alrededor mi coeficiente intelectual parece reducirse considerablemente. —No, Heaven, a la fiesta de Ailyn—enfatizó cada palabra con un tonito odioso que me hizo sentir más estúpida de lo normal. Pensé en la respuesta que daría, podría basarme en muchos aspectos, como en si a mí parecer él me quiere allá, pero terminé contestando según lo que yo sentía. —Sí. Sonrió. Fue tan irracional e inesperada esa reacción que por el corto tiempo que duró me quedé embelesada admirándolo. —Bien, ¿Paso por tu casa?—cuestionó, regresando paulatinamente a su estado habitual de seriedad. —Espera—lo frené, alzando las manos—. Sigo teniendo que ir al trabajo. —Yo me encargo de eso. —¿Cómo? —Confía en mí. Te buscaré a las tres. Pasó por mi lado, dejando tras sí una estela de perfume masculino envolvente; de esas que te hacen sopesar la idea de perseguir al chico en cuestión sólo para seguir olfateando tan agradable aroma. Asistir al cumpleaños de Ailyn no estaba en mis planes porque lo había olvidado. No compré ningún obsequio, ni siquiera sabía qué podía gustarle a ella. Según lo poco que he podido ver, posee una personalidad similar a la de Theo; dominante, cambiante, un tanto impredecible e irritable. Tengo miedo de que, en caso de consiga un regalo que yo considere decente, lo odie, y luego me odie a mí también. No es que necesite tener su aprobación de ninguna manera; eso sería absurdo porque, para empezar, Theo no necesita que yo le agrade a su familia y porque, claro está, la opinión de una niña que tiene apenas once años no debería ser tan influyente para mí, pero de todas formas no quiero desagradarle. Me da la impresión de que ella es muy importante para Theo, que la aprecia de corazón y no sólo por el parentesco. Me intimida la idea de arruinar esto. Un segundo... ¡La familia de Theo! Esto no se trata únicamente de simpatizar con Ailyn. Allí estarán su padres (si nos guiamos por la información que Luan proporcionó; su madre y su padrastro), quizá algún otro hermano o hermana, sus abuelos, tíos, primos, sobrinos... Toda una ramificación de Dervest's con los que no sé cómo lidiar. ¿Y si todos son antipáticos, poco sociables e inaccesibles?, ¿Y si todos creen que soy una chica ridículamente colorida?, ¿Y si piensan que mi filosofía de vida es absurda sólo porque ellos creen que se debe andar por ahí despreciando absolutamente todo?, ¿Y si por accidente tropiezo y caigo de cara frente a los invitados? Me entró pánico. Me dije que no le daría demasiadas vueltas al tema porque entonces acabaría estresada, pero resultó inevitable. Charlie me envió un texto confirmando que podía ausentarme de nuevo, aseguró que no había ningún problema, ni consecuencia, pero que sí esperaría mayor ánimo y entrega cuando me apareciera al día siguiente, aun cuando yo nunca le pedí el día libre. Le agradecí, asumiendo que el castaño se había involucrado, e hice una nota mental para preguntarle a Theo al respecto. Estuve a nada de solicitar la ayuda de Xanthia para arreglarme, pero se veía tan decaída que opté por dejarla en paz. Ansel me aseguró que tomaría el control, la llevaría a casa y procuraría plantearle constantes distracciones. De manera que, sin nada más que hacer aparte de prepararme para asumir este compromiso, me encaminé deprisa hacia mi casa. Almorcé una taza de cereal con leche porque no tenía mucha hambre y tomé una ducha exprés donde me lavé el cabello con una cantidad tal vez muy exagerada de shampoo. Seguidamente opté por colocarme un par jeans a la cintura, anchos, con secciones desgarradas a la altura de las rodillas y la mitad de mis muslos, un top básico n***o y una chaqueta de mezclilla. Batallé con mi cabello, aplicándole alrededor de tres productos para eliminar el frizz, y me coloqué un par de zapatillas blancas. No podía dejar de pensar en que conocería a los parientes más cercanos, quizá también a los lejanos, del chico que me gusta en una condición así de extraña. Nunca había deseado tanto eso de llevarme bien con cierto grupo de personas. Mientras hablaba con mi tía por mensajes, sentada en la sala de estar, contándole a dónde iría, me sentí bastante tonta. Me esforcé demasiado por lucir impecable para ellos. ¿Qué importa si a sus ojos me veo horrible y desaliñada? Ni siquiera es que Theo se vaya a fijar. El castaño llegó en un auto que nunca le había visto usar. El ambiente se percibía cargado cuando cerré la puerta y me acomodé en el asiento del copiloto. Él estaba tenso, increíblemente rígido, y sólo cuando lo saludé en un hilo de voz, sintiéndome bastante incómoda también, pareció relajarse. Me ofreció una pequeña sonrisa y nos pusimos en marcha. Con la música de fondo sonando en la radio, el viento que entraba por la ventanilla sacudiéndome el cabello y la presencia de Theo a mi lado me calmé. Por un segundo él y yo intercambiamos una mirada. Sólo me bastó con ver el alivio en su expresión para saber que había tomado la decisión correcta al venir, independientemente de lo que pudiera pasar luego.
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