Capítulo 27

4120 Palabras
He oído muchas veces aquella vieja frase de que nunca llegamos a conocer totalmente a alguien, y aunque suelo confiar ciegamente en la mayor parte de las personas con las que coincido, reconozco que hay verdad en ella. También suele pasar que, por cosas de la vida, terminamos más involucrados con ciertos seres que recién conocemos que con algunos que hemos tenido presentes en nuestras vidas desde tiempos inmemorables. Por lo menos yo podría afirmar que mi relación con Theo es mucho más estrecha que la que he mantenido con Luan, y creí que sabía lo suficiente del castaño como para que nadie pudiese salir de pronto a decirme “Sí, es mi hermano” y me tomara por sorpresa. Pero allí estaba, anonadada, mientras le daba sorbos a un refresco de naranja que Luan me compró en cuanto creyó que había sufrido un bajón de azúcar. En mi defensa, una noticia de esa magnitud es capaz de sobresaltar a cualquiera. No estuve a punto de desmayarme, pero es probable que me haya puesto pálida. No concibo el hecho de que ambos estén conscientes del otro a ese nivel. Literalmente nunca los he visto juntos en una misma habitación. Es imposible decir «Theo» y pensar en Luan, dudo que alguien los haya relacionado remotamente. Tampoco puedo dejar de sentirme extraña al reconocer con mayor vehemencia que no sé absolutamente nada de Theo, más allá de su nombre, su color de cabello, de ojos y de que entre sus brazos hasta la idea de morir repentinamente es llevadera. ¿Cómo puede gustarme? Si no sé quién es. Desde que Shelby me comentó la teoría del «Isntante» surgió en mí la misma duda: ¿De verdad es posible reconocer a tu alma gemela de un vistazo, o sólo consigues enamorarte de una idea que creaste a partir de una corazonada? Es como: Oh, vaya, ese chico y yo probablemente no tenemos intereses en común, pero no importa, porque es amor a primera vista. Son conclusiones apresuradas que quizá se sacan únicamente en base a lo físicamente atractivo que alguien te parezca. Con Theo creí que había captado el significado del concepto, pero tal vez es más complicado de lo que parece. —Entonces... ¿No comparten ningún vínculo sanguíneo? —No—confirmó Luan por octava vez con una nota de hastío que no se molestó en disimular. He estado repitiendo las mismas tres preguntas porque me quedé sin palabras. No sé qué decirle. En mi cabeza intento idealizar un cuadro familiar donde ambos chicos estén incluidos. ¿Acaso Theo sabrá sobre mi relación con Luan? Presiento que habría comentado algo al respecto de ser así. —Y no se hablan—repetí, porque sino planteaba interrogantes estúpidas a las cuales ya les había conseguido una respuesta entonces hacía las mismas dos afirmaciones. —No—resopló. Noté que había perdido la paciencia. Todo indicó que se había aburrido de esta conversación—. Me odia. —Pero tú no le has hecho nada malo. Según la versión de los hechos que él me ha contado durante la última hora, es completamente inocente en cuanto a recibir el rechazo del castaño se refiere. —Bueno, existo. No sé si lo has notado, pero que alguien respire es suficiente para ponerlo de mal humor. Tenía razón allí. —Pero dejando esa parte de lado... Tú no tuviste absolutamente nada que ver con lo que ocurrió. También eras un niño. —Y mi relación con Neal es una mierda, que es lo que más golpea su ego—agregó, encogiéndose de hombros—. Sinceramente no se perdió de mucho; a veces el tipo tiene buenas intenciones, pero nunca consigue comportarse de la manera adecuada. —¿Se lo has dicho? A Theo, quiero decir—pregunté al cabo de un rato, cuando hasta la última gota de la bebida corría por mi garganta, disminuyendo la obstrucción que sentía ahí. —¿Qué cosa? —Que tampoco te agrada mucho su padre. Luan chasqueó la lengua, por un segundo su mirada se estancó sobre el hoodie y percibí que todavía le incomoda que yo lo lleve puesto. —No. Ya te dije; se enteró de mi existencia, asumió que las cosas en casa marchaban mejor que en un palacio real, sintió envidia y decidió aborrecerme. Yo supe que él existía porque me encaró en aquella fiesta sólo para armar una patética escena. Desde entonces, ya sabes, tras los golpes que llovieron ese día porque claramente no le iba a permitir que me insultara, me olvidé de él hasta ahora, cuando sorpresivamente entró a estudiar en el mismo colegio que yo. —Vale... Sigues pensando que Theo vino aquí por tí ¿No? Después de relatarme lo que él sabía del castaño desde su punto de vista, Luan expuso la teoría que sostiene sobre por qué Theo terminó cursando el último año en Williams Burg. Yo le dije que me parecía improbable el hecho de que Theo hubiese contemplado todo un escenario de venganza en el cual hasta tendría que cambiarse de instituto sólo por él, pero Luan se mostraba seguro de su conclusión. Al final no logré seguir debatiendo porque me hizo ver mediante frases no tan amables que yo lo conozco incluso menos que él. —Sí. Sé que es así. Lo descifré desde que lo ví el primer día por ahí, con su típica actitud de autosuficiencia. —No lo sé... Lo intentaba, pero no podía compaginar la imagen que yo tengo de Theo con la que él me ofrecía. Sonaba a que hablaba de una persona completamente distinta, simplemente me era imposible hacerme la idea de que el castaño tendría una personalidad así de oscura, a pesar de que si nos fijamos en su comportamiento podría pensarse que Luan ha acertado en todo. —Es un sujeto más odioso de lo que crees. Su padrastro es un hombre de dinero, ¿Entiendes? En su casa era un niño mimado, ¿Por qué abandonaría de la nada su prestigioso colegio privado donde usaban incluso uniformes exclusivos hechos a la medida para venir a esta pocilga, donde es riesgo quedarse después de las tres treinta? Simple; venganza. Necesita que yo sea tan infeliz como él lo es por haberle “robado” a Neal. Es cierto que el nivel de cordialidad contenido en el cuerpo del castaño se encuentra por debajo del subsuelo, pero ¿En verdad es tan repelente e insoportable como Luan afirma? Si lo llevamos a un ejemplo gráfico en mi opinión tendría que ser más como uno de esos chicos presuntuosos que piensan que todo gira en torno a ellos porque son lindos, intelectuales o poseen dinero. Debería asemejarse más a esos sujetos dominantes que no ven más allá de sus propios intereses ni siquiera en el caso más extremo; los que se muestran altivos e inalcanzables todo el tiempo. Theo no es exactamente así. En ocasiones no se molesta en tomar los apuntes de las clases correspondientes. No lo visualizo como un chico con tanta dedicación. Dudo que sea de los que planifican. —Creo que le daré el beneficio de la duda—comuniqué. Luan parpadeó. Fue como si le hubiese dicho que esta misma mañana estuve desayunando con tiburones. —¿Qué? —Debo escuchar su versión ¿No? —¡No, Heaven! No te estoy contando nuestra linda historia familiar; te acabo de presentar hechos. ¿Qué necesitas que él te diga? Ni siquiera siento que sea consciente de lo imbécil que es sólo porque aquel asunto que ya tendría que estar totalmente en el pasado sigue atormentándolo. —Theo es mi amigo también. No soy del tipo de persona que se aleja sin más. Luan perdió la poca calma que le quedaba. Lucía exasperado en su silla. Nadie me había mirado con tanto énfasis en el «debes ser estúpida» como ahora. —¿Tu amigo? Él no tiene amigos. Va de aquí para allá sin estrechar lazos con alguien; sólo usa a las personas de acuerdo a su conveniencia. Permitió que te acercaras porque le eres útil, de alguna manera. ¿De verdad crees que eres especial para él? No, no era tan ingenua, pero de todas formas me dolió un poco que me lo echara en cara. Me dió la impresión de que comenzaba a distanciarse del punto inicial. —Vale, Luan, gracias por la información. Me levanté, él siguió cada uno de mis movimientos con una atención vidriosa, ceñudo. Era evidente que deseaba protestar, más no le dí la oportunidad de hacerlo. Sentí que ya había escuchado suficiente, mi cabeza no resistiría una palabra más al respecto. No terminaba de procesar todo lo que había oído. Mientras me alejaba de esa mesa noté que mis piernas temblaban. Era como si me hubiesen dicho que yo tengo un hermano oculto. Pasé las dos primeras clases sentada en la cafetería con Luan a mi lado. Lo correcto habría sido entrar al salón, pero lo que el chico mencionó prácticamente de la nada me sorprendió e intrigó tanto que no pude fingir que no había ocurrido. Él y Theo. Familia. O algo parecido a lo que sería una familia si se tuviesen el más mínimo aprecio. Ansel se hallaba en el jardín central, corrigiendo los apuntes que tomó con prisa. Cuando me ubiqué a su costado deslizó la libreta fuera de la vista y se concentró en mí, entornando los ojos. —¿Dónde estabas? —Por ahí. —Te saltaste dos clases. —Lo sé. —¿Por qué? Si sabes que ya no deberías perder ni una. —Es que... Bueno, descubrí algo importante. —¿Qué? Se reacomodó en el sitio con la curiosidad emanando de sus poros. Desconocía qué tan confidencial es para Theo o Luan el vínculo existente entre ambos; supongo que si alguien dentro de todo este edificio estuviese el tanto, aparte de mí, se correría el rumor más rápido que el fuego, no obstante, sé que Ansel no hablará de más si le pido que no lo haga. Me da la sensación de que este es un tema que debe ser tratado con prudencia, según lo dicho por Luan y las conclusiones que he sacado en base a sus palabras es bastante delicado para Theo. Bajé la voz, acercándome al pelinegro tanto que nuestras frentes casi chocaron. —Es confidencial—murmuré. Por encima de su hombro noté que dos chicas nos observaban con curiosidad. —De acuerdo... ¿Debería asustarme? —Theo y Luan son hermanastros. Estático, Ansel me miró con los ojos excesivamente abiertos alrededor de dos minutos. —¿No dirás nada?—presioné, en vista de que parecía incapaz de hablar. Se aclaró la garganta y rascó la parte posterior de su cuello, contrariado. —¿Es una broma? —No. El padre de Theo se casó con la madre de Luan hace años. No son cercanos, de hecho, Luan asegura que Theo podría odiarlo. —Theo odia a todo el mundo—puntualizó Ansel con una nota de fastidio—. ¿Sabes? es una locura, porque a mí me parecía que ellos apenas compartían el salón. Ahora mismo comienzo a encontrar las similitudes; ambos son insoportables. —En teoría no hay ningún parentesco que los una pero... Bueno, tú entiendes. —¿Quién te contó esto? —Luan. —¿Y no sentiste que trataba de tomarte el pelo? Porque no lo sé, todo el rollo suena un poco fantasioso. —No, es real. Es decir, hay cientos de razones para dudar pero créeme, no hay forma de que Luan hubiese actuado así de bien. Tiene que ser real. —Suponiendo que lo es, ¿Qué fue lo que te dijo? Sé específica... Dios mío, no me lo puedo creer, ¿Qué clase de drama es este? A las chicas de este lugar que veneraban a Luan antes de que Theo llegara les explotará la cabeza—empezaba a emocionarse, recayendo lentamente en la trascendencia de la revelación. —Nadie puede saberlo—dije, deprisa. No deseaba meterme en problemas que perfectamente podía evitar. —Lo sé. Pero, venga, suelta los detalles. Se frotó las manos con una sonrisa maliciosa sobre el rostro. Daba la impresión de que maquinaba su maléfico plan para acabar con el reinado de los chicos. Dudé un segundo en si proseguir o guardarme el resto de la información. Me di cuenta de que las chicas ubicadas a un par de metros habían acortado la distancia, y entonces comprendí que ese era el lugar menos indicado para charlar. —Aquí no. Se puso de pie como un resorte, tirando de mi brazo con la fuerza necesaria para forzarme a imitarlo. —Vamos a las gradas. No obstante, en ese preciso instante sonó el timbre de entrada. Ansel soltó un quejido antes de liberarme, frustrado. Como he dicho, entre su afición por el fisgoneo y la mía no hay mucha diferencia. —Qué molesto. Las clases siempre interrumpen la mejor parte de lo que estudiar representa. Sonreí un poco. Ansel siempre ha mantenido la convicción de que matricularse en un colegio, instituto, academia, secundaria o universidad es una formalidad para adentrarse al mundo de los chismes, las relaciones interpersonales, el drama, las fiestas y todo ese tipo de actividades que solemos ver en series donde se supone que se proyecta la vida de un adolescente promedio. Yo soy un poco más realista; Shelby me inscribió aquí, de hecho, para que consiguiera un título que me permitiese aspirar a una educación superior, ya que ese trozo de papel es realmente importante ante la sociedad, y hasta ahora es básicamente lo único que he estado haciendo. Por supuesto que asisto a fiestas, pero quizá no con tanta frecuencia como el resto, sinceramente ignoro la escasa cantidad de rumores que se han esparcido desde el primer año sobre mí, me ha ido terriblemente mal con los chicos, que nunca parecen tener suficiente interés por mí, y soy tan dada al tema de tratar al resto con amabilidad, aún cuando dé la sensación de que no lo estén mereciendo, que nunca me he involucrado en una discusión relevante. Soy esa chica que todos ven y ya está. Puedes pasar por mi lado, saludarme, pensar que mi cabello es lindo y luego continuar con tu vida perfectamente como si jamás me hubieras conocido. No soy del tipo memorable o llamativa, sino más bien de las que van sonriendo a tu lado mientras te preguntas «¿Quién demonios es ella y por qué actúa como si fuese importante para alguien?». —Hey, ¿Y Xanthia? Por primera vez en el día recaí en su ausencia. Me sentí inmediatamente culpable porque no le había puesto atención a este detalle antes. Ansel sí lo había hecho, porque apretó los labios en una fina línea y sujetó nuevamente mi brazo para ponernos en movimiento cuando escuchó la pregunta. —No lo sé. No atiende mis llamadas. Esperaba a que llegaras para preguntarte si pasó algo en la fiesta de Harold que pudiese haberle afectado. Intenté recordar. Estuvimos juntas toda la noche, excepto cuando mi vejiga tuvo la urgencia de deshacerse del agua saborizada y me ví en la obligación de trotar entre múltiples cuerpos hasta el baño más cercano, donde aguardé media hora a las afueras porque tenía alrededor de diez chicas por delante esperando su turno para ingresar. No ocurrió nada significativo ni antes ni después eso; juraría que incluso evitamos bailar con alguien o algo por el estilo, sólo estuvimos dando vueltas (en mi caso, procurando no toparme con Theo ni por error. En el suyo, huyendo del anfitrión) sin detenernos más de cinco minutos en un mismo sitio. Tomamos un poco de cada refrigerio que nos encontrábamos sobre las mesas distribuidas uniformemente por aquí y por allá, probablemente nos acabamos tres botellas de refresco que hallamos medio ocultas tras una guarnición de Vodka entre las dos y charlamos sobre absolutamente todos los aspectos de la fiesta; desde las pijamas de los invitados hasta el color con el cual los padres de Harold pintaron las paredes de su casa. No mencionamos a Zane, presentí que en cierto punto Xanthia volvió a ese lugar oscuro donde sólo piensa en él por cómo cambió sutilmente su comportamiento pero, en general, daba la impresión de que pasaba un rato agradable, o por lo menos entretenido, sin que la ruptura sobrevolara por sobre su cabeza a cada segundo. Nadie fue grosero con ella, ni personalmente descortés. Las personas se fueron volviendo inamovibles conforme el alcohol les nubabla los pensamientos y puede que los que quedaban sobrios se hubiesen puesto un tanto irritables, sin embargo, tenían la decencia de no descargar sus frustraciones con los demás. —No, ¿Por qué? —Sólo contestó uno de mis mensajes para recalcar que ya no desea ver más a las “porquerías” que tenemos por compañeros. Alcé las cejas, impactada. —Qué... Agresiva. —Sí, bueno, asumí que está molesta. Lo que me gustaría conocer es el por qué. Decidí que pasaría por su casa nuevamente antes de ir a la pastelería; es la única forma de arrebatarle la posibilidad de ser evasiva. Y, mientras tanto, me esforcé por prestarle atención al resto de las asignaturas, lo cual fue complicado. No dejaban de lanzarme vistazos indiscretos por cómo estaba vestida; en concreto, porque sabían a quién le pertenecía la parte más resaltante del atuendo. Se habían fijado tanto en Theo que ahora, al parecer, hasta su guardarropa es célebre. Que me juzgaran con tal intensidad, como si planearan ver a través de mí y mis intenciones, sólo conseguía hacerme pensar una y otra vez en el monólogo de Luan. Por ratos me centraba en cómo aseguró que perdía mi tiempo con Theo y por otros en lo que me explicó sobre su dinámica familiar. Siento la imperiosa necesidad de adentrarme un poco más a la historia del castaño, pero no sé cómo sin ser cien por ciento indiscreta. Es de dominio público que le gusta ser reservado, si no me ha dicho nada sobre su padre o Luan es porque no ha querido hacerlo, ¿Y quién soy yo para forzarlo? Si el asunto le produce incomodidad es lógico que lo evite. Todo lo referente a Theo me pone en una horrible encrucijada, porque me gusta tanto como para desear permanecer a su lado y al mismo tiempo me reafirma que lo correcto es apartarme. Día a día la razón lucha contra los sentimientos. Ya no sé cuál de los dos lleva la delantera. ~.~.~.~ Xanthia se echó a llorar apenas me vio atravesar su puerta. Teresa iba de salida y casi se tira a mis pies por el alivio y la gratitud que le produjo el saber que su hija, la cual ha estado consumiéndose en un estado deplorable de nostalgia, no se quedaría sola con los recuerdos. Por un momento no supe qué hacer. La acción me tomó desprevenida. La explosión fue tan repentina que incluso salté un poco. Luego corrí hasta ella para rodearla con mi brazos. Lloró un rato, tal vez durante una hora, contando los breves lapsus en los que parecía que se calmaría, sin despegarse ni un centímetro de mí y después me soltó para hundir la cara en una almohada. Yo no diría que se sintió avergonzada, pero definitivamente arrepentida. —¿Todo en orden?—apoyé una mano sobre su espalda con suma delicadeza, temiendo espantarla. Ella negó con un corto movimiento de su cabeza— ¿Es por Zane? Asintió, reincorporándose. —Me siento jodidamente estúpida admitiendo esto en voz alta—sorbió por la nariz—, pero lo extraño. Mucho. A pesar de que últimamente casi no nos veíamos. He estado esforzándome para no llamarlo. Su tono era monótono, ligeramente nasal por el rato que pasó sollozando, y no concordaba con lo que expresaba en palabras. —No lo hagas—dije. Fue lo más inteligente que salió de mí. —No lo haré, sólo digo que me cuesta comprender la idea de que ya no estará más en mi vida. —Lo principal es que entiendas que no lo necesitas. Bufó. —Hasta ahora he sentido que mi vida es más insignificante sin él. —Por supuesto que no, ¿Por qué dices eso? Esquivó mis ojos, se le veía descolocada. —No lo sé, supongo que Zane era la parte más recurrente de mi rutina. Suspiré. Estoy fracasando estrepitosamente en esto de ayudarla a ver un mundo donde Zane no sea parte del panorama. La verdad es que no soy buena con este tipo de situaciones, sólo podría comprenderla si me figuro que su dolor es similar al que día a día me recuerda cuán lejos estamos Collin y yo. Dado que no he sido capaz de mejorar mi propio problema por mi cuenta, no tengo ni idea de cómo arreglaré parcialmente el suyo. —¿Quieres tomarte fotos? Sus ojos buscaron los míos con un tinte incredulidad. —¿Cómo? —Hace tiempo que no actualizas tu foto de perfil—dije, poniéndome de pie como si no acabara de hacer una sugerencia hiper desatinada. Escaneé el entorno, el cual luce mil veces más ordenado y limpio que la última vez, para buscar un fondo adecuado—. Este es el momento ideal para hacerlo. La pelinegra me siguió con la vista. Hoy es el día en el que todos se pusieron de acuerdo para verme como si me faltara la cabeza. —¿Por qué lo sería? —Porque tienes el corazón roto ¿No? Y después de una caída sólo queda levantarse. Demuéstrale a Zane y a todo el mundo que él se perdió de, literalmente, la mejor chica que conocerá en toda su vida por su idiotez. —Ah, no. Todo ese rollo de cerrar ciclos y empoderarse no va conmigo. No he alcanzado esa fase de la superación—se abrazó las rodillas, luciendo diminuta dentro del gran suéter que cargaba encima. —Pues hoy lo lograrás. Me entregué de lleno a la tarea de embellecer un rincón, convirtiéndolo en un estudio fotográfico improvisado donde Xanthia pudiese sobresalir con cualquier pose. Apilé cojines y colgué las luces navideñas que Teresa tenía almacenadas en varias cajas junto a los sofás de la sala. Cuando terminé vino la parte más difícil; convencer a Xanthia de abandonar su cama y someterla a un breve proceso de transformación. Por instantes se asemejaba a un animal rabioso, me sacudía las manos con frenesí y prácticamente gruñó todo lo que tardé maquillando sus cejas y aplicando toques de color sobre sus mejillas. El resultado me encantó tanto que de inmediato sonreí. No pude contenerme, y pasé otros diez minutos admirando y halagando cada milímetro de su imagen. Ella se rehusó a cambiarse de atuendo, pero poco importó, de todas maneras se veía bien. No diré que de un momento a otro se volvió un ser que irradia luz, pero sin duda intuí que de algo había servido mi intento de intervención distractora porque dejó de llorar y su semblante se veía menos decaído. Llamé a Charlie, le expliqué que no podría cubrir mi turno porque debía atender un asunto de relevancia mayor que surgió de pronto y él lo entendió. También le informé a Shelby que pasaría la noche con la pelinegra y le envié un texto a Ansel para informarle de su estado. Después dediqué la tarde a capturar mediante una cantidad increíblemente grande de fotos la imagen que Xanthia daba con ese aspecto relajado que el vestuario junto el maquillaje logró darle. A eso de las ocho, cuando Teresa se apareció con bolsas de papas fritas y botes de helado, ambas nos lanzamos sobre el colchón de cara al techo, exhaustas. Repasamos la mitad de todas las fotos tomadas haciendo ciertos comentarios sobre cada detalle visible y luego seleccionamos las tres mejores, cosa que fue muy difícil. Gracias al temporizador yo salía en dos de ellas, por cual tomé la decisión de subirlas a mis redes. Antes de concretar la misión que tenía en mente me distraje ojeando los perfiles de algunos chicos que estudian conmigo, dado que aparecían en el inicio. Todo marchaba de maravilla, dentro de las circunstancias, hasta que apareció una publicación que Darren compartió. Era una foto subida por Jennifer. Una foto de ella junto a Theo, con la descripción: “Admiren a mi preciosísimo novio” Justo ahí sentí que el mundo se sacudía a mi alrededor. Cuando observé el beso que ambos compartieron me di cuenta de que Theo me gustaba. Y analizando cada minúsculo punto en esa fotografía entendí que el sentimiento era mucho más grande y relevante de lo que yo habría preferido creer. Tenía un nudo en la garganta y los ojos cristalizados, a punto de llorar, cuando Xanthia tomó mi mano para reclamar mi atención. Quizá no advirtió el precario estado en el que me encontraba, o quizá sí, no lo sé, pero pronunció el motivo de por qué había evitado ir a clases hoy. La verdadera razón de su sufrimiento. —Hay otro rumor sobre mí. Han sido especialmente creativos porque descubrieron lo de mi ruptura con Zane... Y que besé a Harold.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR